Enseñar a pensar: 9 principios básicos

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En cooperación con José Blas, que aportó una labor de edición encomiable y el desarrollo de infografías que nos hagan el contenido más fácil de recordar, sintetizar y organizar, os presentamos esta serie de 9 artículos con los 9 principios básicos para Enseñar a Pensar.
Traducidos y adaptados del original escrito por Robert Swartz y David Perkins, de la Universidad de Harvard, y precursores de un aprendizaje basado en el pensamiento e infusionado con el curriculum, es decir, el desarrollo de destrezas del pensamiento como objetivo que envuelve la labor docente y facilita un aprendizaje más significativo y motivador.

Muy interesante propuesta para docentes de todos los niveles. Enseñar a pensar, como objetivo básico de la instrucción.

Compartimos la publicación del portal INED21 con fines educativos – pastorales, estamos seguros que la siguiente información será muy importante para profesores y padres de familia.

Enseñar a pensar: 9 principios básicos

Robert Swartz, una mente inspiradora para todo docente.

Como muchos de ustedes sabrán, la figura de Robert Swartz es una de las más relevantes, en la actualidad, en el mundo de la investigación y del desarrollo profesional de la enseñanza-aprendizaje.

Su trabajo ha desarrollado, durante más de tres décadas, un método que persigue «enseñar a pensar» –i.e.: ‘enseñar a pensar a los alumnos’–. Así es como sus investigaciones se han formalizado en un método propio, el Thinking Based Learning o TBL.

Para la Comunidad INED21 es un inmenso honor contar con su colaboración. Les invitamos, pues, a disfrutar con una de las más privilegiadas mentes de nuestro ámbito de trabajo, y a pensar desde su aguda percepción del hecho educativo. Robert Swartz, es, sin duda, una mente inspiradora para todo docente. INED21

Por qué, cómo y dónde mejorar el pensamiento 1

Todo el mundo piensa. Pensar es una función natural de los seres humanos. No requiere más esfuerzo que el que reclama enseñar a caminar. Sin embargo, a lo largo de la historia, diversas figuras se han dedicado a cultivar el pensamiento.

Sócrates, Aristóteles, Francis Bacon y otros han

expuesto los principios del pensamiento

John Dewey, notable filósofo americano centrado en el campo de la educación, destacó la importancia del aprendizaje razonado.

En las últimas dos décadas, educadores, psicólogos y filósofos han dedicado sus esfuerzos a aumentar la presencia del aprendizaje basado en el pensamiento en las escuelas públicas.

¡Para ser algo tan natural como caminar, el pensamiento parece acaparar mucha atención!

Dos preguntas nos surgen inmediatamente: ¿Por qué? II

Si el pensamiento requiere atención, ¿qué tipo de atención debería ser?

La respuesta a la primera pregunta parece relativamente obvia. Aunque todo el mundo es capaz de pensar de una manera concreta, no siempre pensamos todo lo bien que podríamos para estudiar mejor; para tomar decisiones importantes en nuestra vida; para resolver problemas; para responder de forma creativa a determinadas circunstancias; para ejercitar nuestro juicio libre de prejuicios y sesgos;… en definitiva, para para ayudar a nuestros propios intereses y a los de los demás.

Así, es posible que no sea el hecho de pensar lo que llama nuestra atención sino el de mejorar la eficacia de nuestro pensamiento.

A lo largo de los últimos años, junto con D. Perkins,  he  sido parte de una corriente actual que ha dirigido sus esfuerzos a promover el desarrollo del pensamiento en las escuelas. Respondiendo a la segunda pregunta, ambos creemos que todos los estudiantes pueden aprender a pensar mejor de lo que ya lo hacen, incluso los niños de alta capacidad y aquellos con problemas de aprendizaje, o que muestran un ritmo más lento. Ambos hemos participado en investigaciones y en programas prácticos diseñados para ayudar a los estudiantes a pensar mejor.

En este, y en próximos artículos de esta revista, trataremos de condensar los 9 principios básicos que deben guiar la práctica de enseñar a pensar mejor.

Principio básico 1

Por qué mejorar el pensamiento: Algunos patrones desafortunados

Si todo el mundo piensa ¿por qué debemos enseñar a pensar? Como ya hemos indicado, debemos enseñar a pensar porque no todos pensamos tan bien como deberíamos. Nuestra experiencia diaria nos ofrece abundantes evidencias. Los discursos políticos muestran infinitos ejemplos de un razonamiento corto de miras.

Muchos maestros y profesores notan que sus alumnos no razonan de forma cuidadosa sobre lo que escuchan en las aulas o leen en los libros de texto. En sus trabajos orales o escritos rara vez muestran un pensamiento crítico o creativo sobre los temas que están manejando. Las evaluaciones, como la realizada por la «Evaluación Nacional del Progreso Educativo» (NAEP) y otros programas, respaldan estas impresiones de los profesores.

También muchos de nosotros vemos amigos o compañeros que toman decisiones que parecen poco meditadas o apresuradas, y que parecen estrechas o sesgadasii desde una perspectiva basada en la investigación sobre las deficiencias en el pensamiento.

Por supuesto que la prueba de un pensamiento poco efectivo suele ser más visible en los demás que en nosotros mismos,por ello aquí os mostramos un ejercicio que suele revelarnos algunas de nuestras deficienciasiii:

Piensa en 3 o 4 decisiones que hayas tomado en las últimas semanas y que no hayan sido acertadas. Casi todo el mundo tiene una respuesta para esta pregunta. Ahora revisa cada una de esas decisiones, y pregúntate: ¿Qué fue mal? ¿Podría haber hecho algo antes de tomar esta decisión que podría haber supuesto alguna mejora?

Algunas veces la respuesta puede ser «¡no!, lo hiciste lo mejor que pudiste, pero las circunstancias no acompañaron». En otras ocasiones, sin embargo, es probable que descubras que podrías haberlo hecho mejor. O que podrías haber examinado, de forma más completa y cuidadosa, las distintas opciones.

Al final del texto mostramos una útil infografía2 que resume los vicios habituales del pensamiento humano en cuatro valores básicos. Se trata de vicios de pensamiento en los que caemos de forma automática a menos que hagamos un esfuerzo consciente por actuar de forma distinta.

Apresurado

Llegamos a conclusiones y reaccionamos sin prestar la suficiente reflexión o atención a los estándares de un buen juicio.

Quizá no te tomaste el suficiente tiempo para considerar algunas decisiones que has tomado recientemente.

Estrecho de miras

Nuestro pensamiento está lleno de prejuicios. A menudo, no consideramos otros puntos de vista, evidencias en contra, escenarios alternativos de referencia y puntos de vista, opciones más imaginativas, etc.

Por ejemplo, quizá no hiciste una búsqueda lo suficientemente amplia de las opciones posibles en alguna de tus decisiones recientes y te perdiste la mejor opción.

Vago

Nuestras ideas no son claras, diferenciadas o agudas. Todo es bastante confuso.

Quizá no tuviste en cuenta tus prioridades de forma concienzuda en tu última decisión. Y como fuiste vago a la hora de definir lo que realmente era importante para ti, tomaste una mala decisión.

Enmarañado

Nuestro pensamiento es desorganizado, disperso. No se concreta. Quizá te enfrentaste a una decisión compleja recientemente, y te sentiste perdido en el laberinto de las circunstancias.

Finalmente, en tu desesperación, simplemente tomaste una decisión cualquiera, hiciste algo, desafortunadamente, no lo más adecuado.

¿Por qué es tan común para el Homo Sapiens caer en los vicios de un pensamiento apresurado, estrecho de miras, vago y difuso? Después de todo… ¡se supone que somos inteligentes!

La respuesta subyace en la complejidad de la psicología humana. Veamos algunos factores:

Alta recompensa que recibe el pensamiento reflejo y automático frente a un pensamiento más profundo.

Para la mayor parte de actividades de nuestro día a día, las respuestas reflejo son válidas. Hacen el trabajo rápido y nos ahorran tiempo y esfuerzo. Pero cuando los problemas y las decisiones requieren mayor profundidad, nuestra mente a menudo también ofrece una respuesta reflejo por defecto.

Por definición, una respuesta reflejo es apresurada y también tiende a ser de miras estrechas, basada en la convención y la experiencia pasada, en lugar de en la exploración imaginativa e imparcial.

El sensible ego humano.

A menudo, nos encontramos revestidos de un determinado punto de vista o identidad de grupo. Es difícil pensar de una forma más abierta y ver los temas desde otra perspectiva sin sentir amenazadas nuestra imagen y auto-confianza.

La verdadera complejidad del mundo.

Muchas distinciones son sutiles (entre el peso y la masa en física por ejemplo). Muchas prioridades son dudosas (¿qué prefiero de verdad, X ó Y?). Otras situaciones son laberínticas (Si hago A, él quizá haga B, C ó D. Si hace B, yo debería hacer…). A menos que trabajemos duro y de forma sistemática por aclarar las diferencias y permanecer bien orientados, el pensamiento tiende a volverse vago y enmarañado.

Todo lo anterior supone, por un lado, una buena noticia y , por otro, una mala.

La mala noticia es que nuestra mente se inclina hacia un tipo de pensamiento por debajo del ideal. En muchas ocasiones tiende a generar un pensamiento apresurado, estrecho de miras, vago y enmarañado.

La buena noticia es que todo lo anterior convierte la meta de trabajar para desarrollar un mejor pensamiento en algo totalmente adecuado y necesario.

Así, en un primer paso, podemos asegurar que mejorar el pensamiento no es algo técnico o académico, sino darle más tiempo a nuestro pensamiento, ampliar nuestras miras, y practicar un pensamiento más cuidadoso, preciso y sistemático. Mejorar el pensamiento consiste en mejorar nuestros procesos diarios de pensamiento.

Conclusión

¿Por qué mejorar nuestro pensamiento?

Porque, por defecto, el pensamiento humano tiende a ser apresurado, estrecho de miras, vago y enmarañado y porque es posible mejorarlo sin necesidad de recursos técnicos  de ningún tipo.

AUTORES: Robert Swartz y David Perkins

Notas del editor

  • Traducción y adaptación para INED21: Paulina Bánfalvi Kam @aacclarebelion3 y José Blas García Pérez @jblasgarcia
    1 Este artículo es una adaptación de otro inicialmente publicado en Si la mente importa. Un preámbulo del futuro, Volumen 2, editado por Artur L.Costa, James Bellanca, Robin Fogarty bajo el título The Nine Basics of Teaching Thinking  y firmado por los autores David Perkins y Robert Swartz.
    2 Nota del editor.
  • Citas Bibliográficas
  • ii Perkins, D. N., & Salomon, G. (1988). Teaching for transfer. Educational Leadership, 46 (1), 22-32.
    iii Swartz, R., & Parks, S. (1992). Infusing critical and creative thinking into elementary instruction: A lesson design handbook.

Enseñar a pensar: 9 principios básicos – II

Robert Swartz, una mente inspiradora para todo docente.

Tras el abrumador éxito de «Enseñar a pensar: 9 principios básicos-I», hoy nos complace presentar la continuación de este magnífico trabajo, cedido por uno de sus autores, Robert Swartz.

Los organizadores del pensamiento

DAVID PERKINS  ROBERT SWARTZ

La idea de los 4 vicios de nuestro pensamiento, que vimos en el artículo anterior, apoya el reto que nos hemos propuesto: enseñar a pensar. Para ayudar a los alumnos a contrarrestar estas tendencias es preciso ayudarles a que dediquen más tiempo a pensar, a ampliar sus razonamientos, a clarificarlos con mayor precisión y a organizar de forma sistemática todo el proceso.

¿Cómo?

El impulso natural parece sencillo: proveer a los estudiantes de experiencias que impliquen mejores patrones de pensamiento que los que desarrollan habitualmente. Así, para combatir el apresuramiento, proponemos actividades de debate y escritura que impliquen mayor tiempo para pensar; para ampliar sus mentes, generamos actividades que permitan expandirlas, como, por ejemplo, participar en debates en los que tengan que defender posturas diferentes de sus propuestas o posicionamientos iniciales. Estas experiencias deben ser aplaudidas, pues es obvio que benefician a los estudiantes. Pero no son suficientes.

Cómo mejorar nuestro pensamiento
Los organizadores del pensamiento

Uno de los  descubrimientos más reveladores en las investigaciones recientes para enseñar a pensar nos dice que la mera experiencia no es suficiente.

Es más, hemos llegado  a la conclusión de que incluso ejercitar de forma repetida un determinado tipo de pensamiento, tampoco es suficiente para ayudar a los estudiantes a mejorar algún tipo particular de pensamiento. Así, por ejemplo, implicar a los alumnos frecuentemente en debates no necesariamente significa, en sí mismo, que estos alumnos mejoren su capacidad para debatir o razonar.

Y más aún. Experimentar mejores prácticas de pensamiento en el entorno del aula no asegura que estos estudiantes transfieran este tipo de pensamiento en otros entornos. Por ejemplo, aquellos estudiantes que han aprendido la importancia de escuchar ambas partes en un conflicto a través de los debates organizados en el aula, no necesariamente muestran esta misma predisposición en otra situación que requieran este razonamiento.

De nuevo, la experiencia, por si sola, NO es suficiente

¿Qué es lo que falla?

El problema es que la simple práctica con experiencias de aprendizaje que impliquen razonamiento, a menudo, olvidan un detalle relevante: dar importancia a revisar estas prácticas.

La mera experiencia tampoco aporta un modo que ayude a los alumnos a recordar cómo usar estas prácticas más tarde: de nuevo, como en muchas actividades escolares, la experiencia “de pensar” se convierte en “algo que hacemos los viernes en clase de lengua”, pero que nunca sale de ahí.

Desde nuestro punto de vista, la respuesta a este dilema es el uso de organizadores de pensamiento– también llamados “marcos” del pensamiento.

Los organizadores del pensamiento

Son símbolos verbales o gráficos que nos recuerdan cómo reorganizar nuestro pensamiento, guían el proceso mientras lo realizamos y lo alejan de sus vicios habituales. La mayoría de las propuestas para desarrollar el pensamiento de los estudiantes enfatizan el uso de organizadores del pensamiento.

La idea de los organizadores del pensamiento puede parecer extravagante pero no lo es. Explicaremos por qué.

Los organizadores del pensamiento son bastante comunes, sólo que a menudo no los reconocemos como tales. Para apreciar lo comunes que son y cómo nos ayudan, echemos una mirada a un ejemplo muy familiar: una lista de pros y contras. Muchas personas hacen un listado de los pros y los contras para valorar una decisión. Es frecuente usar un gráfico con dos columnas, contras en la izquierda, y pros en la derecha, o al revés.

Podemos advertir que esta simple estrategia nos ayuda a trabajar en contra de los 4 vicios habituales de nuestro pensamiento.

Primero

Porque el sólo hecho de dibujar y completar una lista de pros y contras garantiza que te estás dando tiempo para pensar.

Segundo

Porque esta lista constituye en sí misma una llamada a un pensamiento más abierto, que tiene en cuenta las dos posiciones de una misma situación. Pone en una columna los pros y en otra los contras.

En tercer lugar

Una lista de pros y contras te fuerza a categorizar conceptos para determinar si juegan a favor o en contra de la decisión. De hecho, a menudo surgen factores que pueden ser tanto una ventaja como una desventaja y necesitas anotarlas a ambos lados de la lista. Todo esto trabaja en contra de un pensamiento vago y aporta claridad sobre cómo hay muchos factores que pueden determinar una toma de decisiones.

Por último

Un listado de pros y contras combate también el pensamiento desorganizado ofreciéndote una visión clara de todos los elementos considerados.

Generalizando, un organizador del pensamiento es una estructura concreta verbal y/o gráfica que guía el pensamiento.

En nuevos artículos daremos algunos ejemplos de organizadores del pensamiento especialmente útiles para mejorarlo a través de las materias curriculares. Hoy queremos enfatizar en cómo de habituales son los organizadores del pensamiento en nuestra vida cotidiana, una vez que ya sabemos cómo reconocerlos.

Veamos una pequeña lista de organizadores del pensamiento que son comunes en nuestro día a día:

Los proverbios

Son como un repositorio popular de los organizadores del pensamiento. Por ejemplo, algunos dichos como “mira antes de saltar” o “una puntada a tiempo, ahorra ciento”, trabajan en contra del defecto de pensar de forma apresurada. Frases como “usa tu imaginación”, “examinémoslo de nuevo” o “ponte en los zapatos del otro”, trabajan en contra del vicio de un pensamiento estrecho de miras.

Términos analíticos

Muchas expresiones en diferentes lenguas ayudan a organizar nuestro pensamiento. Por ejemplo, si tú manejas con soltura el “lenguaje de los argumentos” puedes preguntarte a tí mismo… o a otros:

  • ¿Qué es lo que aquí se afirma?
  • ¿Cuáles son las pruebas en las que te basas para hacer esta generalización?
  • ¿Cómo tu primer argumento apoya tu conclusión?
Términos dispositivos

Poco a poco vamos apreciando que un buen pensamiento es algo más que una técnica. Es una cuestión de espíritu, o lo que podemos llamar más técnicamente de “disposición hacia”. Muchos  términos en inglés, y otras lenguas, expresan un compromiso hacia determinados tipos de pensamiento. Alentamos a las personas a ser justos, imparciales, de mente abierta e imaginativos. Estos términos no tienen un contenido analítico, pero están cargados de significado. Por ejemplo, todos los términos mencionados antes abogan en un sentido u otro por un pensamiento amplio de miras frente a uno de mente estrecha.

Estrategias comunes

Algunas estrategias del pensamiento son tan familiares que forman parte ya de nuestra cultura. La “lluvia de ideas” (brainstorming) es un ejemplo claro con su simple regla de “acepta y construye sobre las ideas de otros”. Otra es la lista de pros y contras, que ya hemos mencionado. Y otra, por ejemplo, es el buscar qué razones pueden apoyar una idea, que nos pueda resultar extraña, antes de rechazarla definitivamente.

Organizadores gráficos comunes

Igual que una lista de pros y contras es en sí misma un organizador gráfico común, existen otros más. Veamos dos ejemplos:

Hacer listas: Las personas con frecuencia hacen una lista de pasos o tareas para realizar un plan. La lista te permite volver atrás, y revisar tu plan, ayudándote a evitar un pensamiento vago y desorganizado.

Usar tablas: Es frecuente el uso de tablas con dos o más columnas –por ejemplo para realizar presupuestos o aprovisionamientos– organizados por categorías o tareas y las personas a quien se asigna cada una de ellas. Estas tablas ayudan a clarificar el pensamiento que podría ser inicialmente vago y te ayuda a mantener una organización sistemática, en lugar de perderte en los muchos equilibrios y aspectos a considerar para tomar decisiones sobre algún producto o precio.

Con todos estos organizadores del pensamiento formando parte de nuestra cultura, ¿por qué no pensamos todos correctamente?

Por desgracia muchas personas tienen este conocimiento de forma pasiva, en lugar de en forma activa. La gente las conoce pero no las usa. Esto se puede aplicar tanto a los organizadores del pensamiento cotidiano como para otros muchos tipos de conocimiento. Por ejemplo, muchas personas conocen términos como declaración, razón, apoyo, evidencia…, sin embargo, en sus razonamientos diarios no usan estas palabras. Este “lenguaje de la argumentación” tampoco se usa habitualmente en las aulas.

Es desafortunado, pero busquemos el lado positivo: en un sentido amplio, enseñar a pensar no implica enseñar absolutamente todos los organizadores del pensamiento. Implica recordar a la gente lo que ya saben, haciéndolo más explícito y rotundo, explorando y enfatizando su importancia.

En resumen
Principio nº 2

Mejorar nuestro pensamiento depende de una mejor organización. Para desarrollarlo necesitamos cultivar de forma explícita el uso de organizadores verbales y gráficos que los estudiantes ya conocen y enseñarles algunos que aún no conozcan.

Notas del editor

Traducción y adaptación para INED21: Paulina Bánfalvi Kam @Yoclin36 y José Blas García Pérez @jblasgarcia.

i Este artículo es una adaptación de otro, inicialmente publicado en Si la mente importa Un preámbulo del futuro, Volumen 2. Editado por Artur L.Costa, James Bellanca, Robin Fogarty bajo el título The Nine Basics of Teaching Thinking  y firmado por  David Perkins y Robert Swartz.

Citas Bibliográficas

ii  Perkins, D. N. (1986). Thinking frames. Educational Leadership, 43(8), 4-10.


Este contenido ha sido publicado originalmente por INED21 en la siguiente dirección: ined21.com





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