¿Qué podemos hacer el primer día de clase?

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El primer día de clase es un momento muy especial y delicado. Es importante que como profesores dediquemos nuestra primera clase a conocerlos y que se conozcan (si es que no se conocen ya), presentar el curso y nuestros objetivos y conocer sus expectativas y formas de aprender.
En nuestra primer día de clase es importante crear un ambiente sereno y de confianza recíproca. Para ello, en este artículo te proponemos una serie de sugerencias para realizar el primer día de clases y que te resultará muy útil para empezar con buen pie.

Para ello presentamos y compartimos con fines educativos las siguientes recomendaciones de Javier Sancho (Universidad del País Vasco) que fueron publicadas en la plataforma de EDUCREA. Esperamos que les sea de utilidad.

¿Qué podemos hacer el primer día de clase?

Podríamos empezar diciendo simplemente: “este es el primer día, adelante con la materia”.

Otra posibilidad: “este es el programa, la bibliografía, nos veremos el próximo día”.

Ninguna de estas dos opciones (muy practicada la segunda) la considero adecuada. Esta opción puede dar la sensación al alumno de que el tiempo de clase no es demasiado importante. Además se pierde la oportunidad de usar la excitación que los estudiantes traen el primer día: la oportunidad de dirigir la excitación hacia el entusiasmo por la clase. Presento varias posibilidades (no habría por qué hacer todas el primer día) para conseguir un comienzo positivo:

a. Implicar a los alumnos rápidamente.

Hacer que hablen, permitirles que escriban mediante alguna actividad semejante a la señalada en 1 (¿cuáles son sus expectativas para la asignatura?, ¿qué creen que van a aprender?, ¿cuáles son sus sentimientos?…) Preguntarles qué problemas o ideas les gustaría que se viesen en el curso. De esta manera les estamos diciendo desde el principio que ellos van a ser participantes activos. Dejar que pregunten cosas sobre la asignatura. Así empezamos a conocerles desde el primer día.

b. Identificar el valor y la importancia de la materia.

Los estudiantes no suelen tener las ideas claras de por qué la asignatura es importante. Cuanto más pronto se haga, más rápido se motivará en su aprendizaje. (Para qué voy a estudiar algo si no sé para qué sirve). Una herramienta: presentar ofertas de trabajo en las que requieran conocimientos o habilidades relacionadas con la materia. Posibles ámbitos profesionales de utilización de dichos conocimientos.

c. Establecer expectativas del curso.

Cantidad de tiempo apropiada de tiempo de estudio y de trabajo en casa, la importancia de entregar los trabajos, problemas, asignaturas a haber cursado previamente, etc. a tiempo, qué tipo de interacción se espera de los alumnos. Hay que hacerles ver que el profesor está preparado para enseñarles a aprender

d. Revelar algo sobre ti mismo.

Los estudiantes te verán más cercano si te pueden ver como ser humano. Compartir experiencias personales y estar dispuesto a reirte de ti mismo pueden ayudar en el proceso. Se pueden señalar anécdotas, cosas que pasaron el primer año que diste la materia, cómo la estudiaste.

Decirles lo que yo, como profesor, espero de ellos. ¿Qué piensas sobre la enseñanza y el aprendizaje? ¿Cuáles son tus esperanzas? Que se note que te gusta enseñar la asignatura, que tienes entusiamo en ello. Poner el nombre sobre la pizarra (muchas veces no lo conocen ni al final del curso). Importante: no señalar tus limitaciones; esto aumentaría la inseguridad de los estudiantes.

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e. Establecer tu propia credibilidad.

A veces ocurre automáticamente, pero otras el alumno necesita saber la experiencia previa del profesor, investigación, publicaciones. Esto permite ganar la confianza del alumno: “el profesor sabe de
lo que está hablando”.

f. Establecer el clima para la clase.

Cada profesor puede preferir un tipo de clima: intenso, relajado, formal, personal, con humor, serio, etc..Sea cual sea el clima, ponerlo en práctica desde el primer día. Se puede establecer una discusión sobre problemas típicos en este campo, mitos comunes, interpretaciones provocadores sobre temas de la asignatura…aprovechando el posible conocimiento previo de la misma

g. Proporcionar información administrativa.

Temario, material que necesitarán los estudiantes, trabajo en casa necesario a realizar, horas de tutorías, situación del despacho, exámenes, métodos de evaluación….

h. Introducir la materia.

Qué es, partes, temas.. Con qué otras asignaturas está directamente relacionada.

i. Dar al final dos minutos para que expresen su reacción ante el primer día.

Esto es algo que se puede hacer todos los días: ¿Cuál es la cosa más importante que has aprendido hoy?

Es importante que se haga el primer día lo que quieres hacer el resto del curso. Si quieres que haya debates, que los haya el primer día, si quieres trabajar en pequeños grupos, encontrar alguna manera de que lo hagan el primer día.

Técnicas precisas para motivar a los chicos en el aula: 
  1. Empezar por conocer a los estudiantes. La presentación inicial de todos los miembros del grupo no sólo es necesaria para intentar conectar con los chicos, sino también para conocer sus fortalezas y debilidades. Sancho recomienda, para el primer día de clases, pedir que hagan fichas con su nombre y el interés que tienen por la asignatura y dejar que lo expongan.
  2. Demostrar entusiasmo. “Si estás apático o aburrido, los estudiantes también lo estarán. Dicho entusiasmo viene muchas veces del gusto por la materia o por el genuino placer de enseñar. Se nota cuándo a un profesor le gusta enseñar”, escribe el autor.
  3. Dedicar tiempo a cada alumno. Hay que recordar que cada alumno tiene necesidades y competencias distintas. En la medida de lo posible, intentemos individualizar la enseñanza: reconocer a cada estudiante, checar su trabajo regularmente, apoyar su aprendizaje, e informarle de manera individual sobre su proceso.
  4. Mantener altas expectativas. Es deseable mostrar confianza en los estudiantes con frases de motivación (“puedes hacerlo”) y consejos prácticos (tiempo de estudio, realización de problemas). “Animarlos no sólo a aprobar, sino a aprender”, dice el autor.
  5. Señalar la importancia de la asignatura. Explicar por qué la materia es importante y cómo puede ser de utilidad en su vida profesional.
  6. Variar los métodos de enseñanza. Por todos los medios hay que evitar el aburrimiento y la rutina: intentar que cada clase sea una aventura nueva. Escuchar es importante, pero recordemos que el alumno aprende más haciendo, construyendo, diseñando, creando, resolviendo. “El aprendizaje mejora si se obliga al alumno a utilizar varios sentidos”. Entre las herramientas que se pueden utilizar están la clase magistral con discusión, la lluvia de ideas, el panel de expertos, los videos, la discusión en pequeños grupos, el análisis de casos o prácticas de laboratorio.
  7. Fomentar la participación de los estudiantes con preguntas. Ello aumentará su interés y aprendizaje. Sancho recomienda realizar preguntas relacionadas con el conocimiento, pero también de comprensión (interpretar, describir con sus palabras), de aplicación (resolución de problemas, poner ejemplos), de análisis (identificar motivos, separar el todo en sus partes), y de evaluación (dar opiniones, juicios de valor).
  8. Recurrir al humor. Interrumpir las clases con anécdotas o hacer chistes relacionados con el tema, crea una atmósfera más relajada que favorece el aprendizaje de los alumnos.
  9. Organizar el material de estudio. Un material claro, legible y atractivo motiva al aprendizaje. Unos apuntes desfasados, no actualizados, señalan poca preocupación del profesor.
  10. Contar historias redondas.  Que cada clase tenga un comienzo, un desarrollo y un final. Es frustrante para los alumnos dejar las cosas a medias. Dedicar siempre un tiempo al final para hacer un resumen de todo lo visto.

También le puede interesar: ACTIVIDADES PARA EL PRIMER DÍA DE CLASES – GUÍA CLASIFICADA POR GRADOS

Nuevo modelo de profesor: Características

  • Experto en la materia.
  • Conocedor de estrategias para enseñar la asignatura: de comunicación, de aprendizaje, de motivación, técnicas pedagógicas-didácticas.
  • Conocedor de cómo aprenden los estudiantes.
  • Con conocimiento curricular de la titulación en la que transmite sus conocimientos.
  • Preocupado por la formación continua, crítico y comprometido.

Todo ello va a llevar al profesorado a una mayor dedicación de tutorías, atención personalizada, organización docente, desarrollo y evaluación de actividades prácticas, actividades semi-presenciales, virtuales, conocimiento y manejo de TICS, movilidad, conocimiento de idiomas, preparación y orientación de trabajos…

Y un problema importante: ¿Cómo inculcar la cultura del esfuerzo en el alumnado?

Y un aspecto final: la historia del rosbif: “Una señora estaba preparando la cena. Estaba haciendo rosbif y cortó un trozo grande antes de cocinarlo. Cuando se le preguntó la razón dijo que era lo que hacía siempre su madre. Al preguntarle a su madre ella dijo que lo hacía porque a su vez lo hacía su madre. Por fin, al plantearle el interrogante a la abuela, respondió: porque era la única manera de que cupiera en el recipiente”.

Esta historia indica que, cuando aprendemos algo, puede haber una razón para que tenga sentido en un contexto en ese momento. Lo que queremos hacer es dar a nuestros alumnos información de manera que, aunque el contexto cambie, siga siendo de utilidad para ellos.”


Este contenido ha sido publicado originalmente por EDUCREA (Chile).





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