El pasado martes 7 de enero de 2025, la comunidad de Tucacas, en el estado Falcón, Venezuela, fue sacudida por una trágica noticia: una niña de 11 años se quitó la vida en su hogar tras una medida disciplinaria impuesta por sus padres, quienes le restringieron el uso de su teléfono celular.
El incidente tuvo lugar en la calle 5 del sector La Invasión, una zona conocida por su densidad poblacional y recursos limitados. Según informes de medios locales, la menor, tras recibir la sanción, manifestó su intención de ducharse y se dirigió al baño, donde se encerró. Al notar que tardaba más de lo habitual, su madre intentó ingresar y la encontró suspendida con una cuerda atada a un tubo estructural. A pesar de ser trasladada de inmediato al hospital de Tucacas, la niña falleció poco después de su ingreso.
Este lamentable suceso ha generado una profunda reflexión en la comunidad sobre la salud mental de los niños y adolescentes, así como sobre el manejo del uso de dispositivos electrónicos en el hogar. Expertos en psicología infantil señalan que la dependencia excesiva de la tecnología puede derivar en una condición conocida como nomofobia, caracterizada por el miedo irracional a estar sin un dispositivo móvil. Esta adicción puede afectar negativamente el desarrollo emocional y social de los menores, aumentando el riesgo de depresión y ansiedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre el incremento de trastornos mentales en jóvenes, enfatizando la necesidad de prestar atención a las señales de alerta, como cambios drásticos en el comportamiento, aislamiento social y expresiones de desesperanza. En este contexto, es esencial que los padres establezcan límites claros y saludables respecto al uso de la tecnología, fomentando actividades recreativas fuera de línea y promoviendo una comunicación abierta y constante con sus hijos.
Además, las instituciones educativas y comunitarias desempeñan un papel crucial en la promoción de la salud mental. Implementar programas de educación emocional y talleres sobre el uso responsable de la tecnología puede equipar a los jóvenes con herramientas para manejar el estrés y las frustraciones de manera saludable.
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Es fundamental recordar que el suicidio es una problemática compleja y multifactorial. Si usted o alguien que conoce está atravesando momentos difíciles o experimenta pensamientos suicidas, es vital buscar ayuda profesional. En Venezuela, existen organizaciones y líneas de atención especializadas que brindan apoyo en situaciones de crisis. No dude en comunicarse con profesionales de la salud mental o acudir a centros de atención cercanos.
Reflexiones:
Este trágico suceso nos deja una reflexión profunda y urgente sobre varios temas clave:
1. La salud mental infantil no puede seguir siendo invisible.
A menudo pensamos que la niñez es sinónimo de felicidad, pero olvidamos que los niños también experimentan angustia, frustración y dolor emocional. Esta tragedia nos recuerda que debemos prestar más atención al estado emocional de los menores y no minimizar sus problemas, por más «pequeños» que nos parezcan.
2. El vínculo con la tecnología es más serio de lo que creemos.
El celular para muchos niños no es solo un aparato: es su ventana al mundo, su espacio de socialización, su refugio emocional. Retirarlo sin acompañamiento puede ser interpretado como una pérdida abrumadora, especialmente si el niño no ha desarrollado otras formas de manejar sus emociones o sentirse acompañado.
3. Los límites son necesarios, pero también lo es la empatía.
Poner normas es parte esencial de la crianza, pero no se trata solo de decir “no”. Es igual de importante explicar, contener, y acompañar. A veces, detrás de una reacción exagerada, hay un grito silencioso que pide ayuda. Castigar sin comprender puede romper más de lo que educa.
4. Necesitamos hablar más en casa y en la escuela sobre emociones.
Educar emocionalmente es tan importante como enseñar a leer. Enseñarles a los niños que está bien sentirse mal, que hay formas de expresar la tristeza, la rabia o el miedo, y que siempre hay adultos dispuestos a escuchar, puede salvar vidas.
5. No podemos esperar a que sea demasiado tarde para actuar.
Los pequeños cambios en el comportamiento de un niño pueden ser señales de alarma. Aislamiento, irritabilidad, cambios en el sueño o el apetito, frases como “ya no quiero estar aquí” deben ser tomadas en serio. La prevención empieza con observar, escuchar y acompañar.
Esta dolorosa noticia no puede ser solo eso: una noticia más. Debe ser un llamado a todos —padres, docentes, autoridades y sociedad— para construir entornos más atentos, más humanos, más conscientes del valor de cada vida. Porque cada niño merece sentirse escuchado, contenido y, sobre todo, amado.
REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF