Es común ver a niños con celulares en la mano desde muy temprana edad. Lo que empezó como una herramienta de comunicación o entretenimiento puede convertirse en una necesidad emocional, y en casos más graves, en una dependencia peligrosa. Es ahí donde aparece la nomofobia: el miedo irracional a estar sin un teléfono móvil.
¿Qué es la nomofobia?
La palabra viene del inglés «no-mobile-phone phobia», y se refiere a la ansiedad excesiva que una persona experimenta al no tener su celular cerca, quedarse sin batería, sin señal o simplemente al no poder usarlo.
Aunque se ha estudiado principalmente en adolescentes y adultos, cada vez más psicólogos alertan sobre su presencia en niños, incluso en edades tempranas. En muchos casos, los menores no saben manejar la frustración que les genera la desconexión, y pueden reaccionar con llanto, rabia, aislamiento, angustia o incluso conductas peligrosas.
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¿Cómo puede afectar a un niño?
- Aislamiento social real: prefieren estar con su celular que compartir con otros.
- Dificultades para dormir y descansar: por uso prolongado o ansiedad nocturna.
- Irritabilidad o agresividad cuando se les limita el uso.
- Baja tolerancia a la frustración: no saben aburrirse ni manejar la espera.
- Ansiedad, tristeza o pensamientos negativos al sentirse desconectados del mundo digital.
Estos síntomas no deben tomarse a la ligera. En algunos casos, como ya ha ocurrido tristemente, pueden ser la punta del iceberg de un malestar emocional profundo que necesita atención urgente.
¿Qué puede hacer un padre para prevenir la nomofobia?
La clave no está en prohibir el celular, sino en educar su uso de manera saludable. Aquí algunas recomendaciones esenciales:
1. Poner límites claros desde el inicio
Establecer horarios para usar el celular, tiempo sin pantallas antes de dormir, y zonas sin dispositivos (como la mesa o el baño). El niño debe saber que el celular no es un derecho, sino una herramienta que se gana con responsabilidad.
2. Dar el ejemplo
Los niños aprenden más por lo que ven que por lo que se les dice. Si ven a sus padres siempre con el celular en la mano, también desarrollarán esa necesidad.
3. Fomentar otras formas de entretención
Lectura, juegos físicos, dibujo, deportes, actividades al aire libre o simplemente tiempo de calidad en familia. Que el celular no sea su única fuente de diversión.
4. Hablar sobre emociones
No se trata solo de controlar el uso del celular, sino de ayudar al niño a entender y expresar lo que siente. ¿Está triste? ¿Se siente solo? ¿Tiene miedo? Hablar sobre esto puede prevenir crisis emocionales graves.
5. No usar el celular como premio o castigo
Asociarlo a premios o sanciones lo vuelve aún más valioso a los ojos del niño. Es mejor que las consecuencias educativas no giren solo en torno al celular.
¿Y qué pueden hacer los hijos?
Los niños y adolescentes también pueden aprender a cuidar su salud emocional y a tener una relación más sana con el celular. Aquí algunas ideas que puedes conversar con ellos:
1. Aprender a aburrirse sin miedo
Estar sin celular no es el fin del mundo. A veces el aburrimiento es la puerta a la creatividad: inventar juegos, dibujar, escribir o simplemente descansar sin estímulos digitales.
2. Hablar con tus padres si algo te duele
Si estás triste, frustrado o te sientes mal por algo, no te encierres. Habla. Dilo. Pide ayuda. Nadie puede ayudarte si no sabe lo que te pasa.
3. Proponer actividades sin pantallas
¿Y si hoy jugamos cartas? ¿Vamos al parque? ¿Cocinamos algo juntos? Los hijos también pueden proponer momentos en familia sin celulares, y eso fortalece el vínculo.
4. Observar lo que sientes cuando no tienes el celular
¿Te pones nervioso? ¿Te enojas? ¿Sientes que te falta algo? Es normal, pero no tiene por qué controlarte. Poco a poco, puedes aprender a estar bien contigo mismo, aún sin pantalla.
5. Buscar equilibrio
Está bien usar el celular para divertirse, pero también es importante saber cuándo apagarlo. Tú puedes decidir cuándo desconectarte, y eso es poder.
¿Y si ya hay señales de dependencia?
Si el niño reacciona con angustia intensa o descontrol cuando se le retira el celular, es momento de intervenir con firmeza, pero con cariño. No lo ignores ni lo minimices. Busca apoyo psicológico si es necesario. Hay profesionales capacitados para trabajar en estos casos sin trauma y con resultados positivos.
En resumen:
La nomofobia es real y puede ser devastadora si no se detecta a tiempo. Como adultos, debemos ser guías, no vigilantes; acompañar, no castigar sin explicación; contener, no solo controlar.
Porque el celular puede esperar. La salud emocional de tu hijo, no.
REDACCCIÓN WEB DEL MAESTO CMF