¿Puede ser un educador, optimista, en una pandemia?

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El profesor Pablo Fernández Berrocal, opina que “al final, ser optimista es casi la única estrategia para solventar cualquier dificultad y no caer en la autodestrucción. Cuando surge un problema y no se tiene la voluntad de solucionarlo, no tiene solución”; a lo cual agrega la profesora de aula Cristina Hernández que es difícil animar a un maestro desmotivado. “Tal vez se le podría decir que se fijara en los pequeños cambios positivos que trae el día a día. Pero lo que está claro es que un profesor desencantado no puede dedicarse a la enseñanza”. “El primer paso para ser optimista debe ser un análisis real de las situaciones, no exagerando lo positivo, pero tampoco anulándolo, no aislando lo negativo, pero tampoco quedándose en ello. Y a partir de ahí, tener claro lo que queremos y cómo pretendemos llevarlo a cabo”. (UNINET).

“¿Asumen esta filosofía de vida los profesores? En principio, no hay ninguna otra profesión en la que se suscriba con tanto convencimiento la ley de Murphy en cualquiera de sus variantes: “Todo lo que va mal es susceptible de empeorar”. La duda es si, efectivamente, son mayoría los maestros que están desmotivados, descontentos, desbordados o cualquier otra palabra que empiece por des, o si también hay docentes optimistas, que se divierten con su trabajo y siguen teniendo proyectos e ilusiones”; preguntas que esperamos nos ayude a responder, según nuestra experiencia personal, la reflexión del P. Juan Carlos Martos, quien escribe sobre el optimismo para los que tuvieron la experiencia de La Fragua (España). cf PROFESORES OPTIMISTAS

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Es casi mundial la experiencia que medio de esta inesperada “catástrofe educativa”,  a los profesores se no ha exigido encontrar itinerarios pedagógicos nuevos, mejorar los métodos y los contenidos curriculares, aprender a manejar mejor los nuevos recursos tecnológicos y aplicaciones en las redes, exigir al máximo la imaginación para cambiar de la clase presencial a la virtual, y mucha creatividad y fuerza de voluntad para atender 24/7. LAS HUELLAS QUE DEJA EL COVID 19, LA EDUCACIÓN A DISTANCIA Y EL CONFINAMIENTO EN LA SALUD EMOCIONAL Y MENTAL DE LOS PROFESORES (PARTE I)

Vale la pena (para quienes deseen) volver a escuchar las palabras  del Papa Francisco animando a todos los educadores a mirar hacia adelante con valentía y esperanza -nombre que le gusta más que optimismo- de tal manera que estemos convencidos todos los profesores y padres de familia de que en la educación se encuentra la semilla del optimismo, de una esperanza de paz y de justicia, de belleza, de bondad y de armonía social, porque las grandes transformaciones no se construyen en el escritorio, sin excluir a nadie (cf. ibíd., 231). “Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante, hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta virulenta pandemia de la cultura del descarte”. SIETE PROPUESTAS PARA CREAR UNA NUEVA EDUCACION POS PANDEMIA

Con estas premisas, por motivos únicamente educativos y de formación permanente, compartimos la reflexión textual del escrito P. Juan Carlos Martos, CMF:

“[…] Los acontecimientos de este 2020 están siendo extraordinariamente difíciles. Lo normal es sentirse pesimista. Lo demuestra cómo se disparan los casos de ansiedad entre la población. ¿Es honesto que hablemos de optimismo en estas circunstancias?

Para respondernos a esta cuestión, tal vez tengamos que explorar antes qué es eso del optimismo. Escritores y pensadores de siglos pasados tenían una visión muy negativa del mismo, ya que lo asociaban a la ignorancia y la ingenuidad. Fue solo a partir del siglo pasado cuando empieza a estudiarse de un modo más científico. Coincide con un enfoque de la medicina orientado hacia la calidad de vida. Ya no se trata sólo de curar enfermedades sino de mejorar y prolongar la vida.

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Ante ello, ser optimista no es sinónimo de ignorar lo que está sucediendo, sino de centrarnos en la búsqueda de esa calidad y no enredarnos con pensamientos circulares que asfixian. Esa es la ocasión de comprobar cómo los contratiempos aportan enseñanzas para una vida más plena. ¿Cómo desarrollar este sentido optimista? El doctor Rojas Marcos, experto en psiquiatría, esboza algunos rasgos beneficiosos del optimismo que ajustan con la fe.

  • El primero consiste en vincular optimismo con esperanza, que es una luz en la adversidad. No son términos sinónimos, pero van emparejados. Ambos ayudan a intuir lo visible de lo invisible, y nos preparan para lo imprevisible: ”La salud está naciendo en el fondo de la herida” rezamos los cristianos por Pascua.
  • El segundo, es tomar conciencia de lo que podemos haceren esta pandemia. Eso depende de cada uno. El centro de control lo tenemos dentro nosotros. Podemos llegar a decirnos: “yo soy capaz de hacer algo para salir de esta situación y ayudar a otros”, en vez de fiarlo todo al azar, depender de otros o esperar pasivamente milagros del cielo.
  • El rasgo tercero nos orienta a verificar cómo nos explicamoslas consecuencias de la pandemia. El cerebro humano no funciona sin explicaciones. Todos desarrollamos nuestra hermenéutica peculiar. El dolor no es nunca un problema fisiológico, es existencial también. Ser optimista lleva a ver lo bueno que acontece en lo malo. Sin autoengaños.
  • El último ingrediente del optimismo nos invita a desarrollar una memoria biográfica positiva.Repasar los buenos recuerdos vividos es una gran ayuda a la hora de enfrentarnos a las fatalidades de la pandemia. El Señor siempre es bueno con nosotros. ¡Cómo nos sirve reconocer que nuestra historia es, a pesar de los pesares, historia de salvación como tozudamente remacha la Biblia!” ¿SE PUEDE SER OPTIMISTA EN UNA PANDEMIA?

Para Sergio Calsamiglia, profesor de Producción Animal en la facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, opina que “ser optimista es una actitud frente a la vida. Por lo que concierne a la educación, entiendo que significa tener inquietud, aprovechar los medios con los que se cuente, sean los que sean, motivar a los alumnos y conseguir que aprendan, que no es lo mismo que enseñar”,  […] tras reformular una famosa frase de John F. Kennedy: “No te preguntes por lo que el sistema educativo puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer para que tus alumnos aprendan mejor”. “La mayoría de las veces el factor limitante es uno mismo. Existe cierta costumbre de enseñar recetas y fórmulas encorsetadas, cuando, en mi opinión, la clave para involucrar a los alumnos no es tanto dar una clase magistral, sino potenciar su análisis crítico y animarlos a que tomen decisiones”.

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“Pilar Teruel, profesora de la facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, tuvo el coraje de formular la pregunta a un grupo de estudiantes de Psicología de la Educación y publicó los resultados, citando el nombre y omitiendo los apellidos, en un excelente monográfico dedicado al optimismo pedagógico. En total, cerca del 90% de los entrevistados, apelando a su propia experiencia, señalaron que el optimismo no era una virtud que adornaba a los profesores.”

Las citas de los profesores Pablo Fernández Berrocal, Cristina Hernández, Sergio Calsamiglia y Pilar Teruel, han sido tomados de la publicación, de La Vanguardia -que recomendamos leer completa-, y cuyo enlace repetimos: PROFESORES OPTIMISTAS

En un mismo examen, dos personas que tienen el mismo nivel de conocimientos, pueden obtener diferentes resultados dependiendo de su grado íntimo de optimismo, que le ofrece seguridad y confianza”.



REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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