Las huellas que deja el Covid 19, la educación a distancia y el confinamiento en la salud emocional y mental de los profesores (Parte I)

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La educación a distancia, escogida como alternativa a las lecciones presenciales, ha puesto a prueba la imaginación, la creatividad, la paciencia, el control personal y la fortaleza emocional de los educadores (profesores y padres de familia). Pero, de manera especial los profesores, en la aplicación de la educación a distancia, han sido y son protagonistas en primera línea de la reinvención de la educación.
Tienen que desarrollar toda su imaginación pedagógica y didáctica, sacar todos sus mejores conocimientos previos, aplicar las competencias y habilidades para afrontar la continuidad de las clases en medio de una crisis sanitaria, social, económica, educativa y cultural; y aprender nuevos itinerarios educativos, sabiendo que “quien, volviendo a hacer el camino viejo, aprende el nuevo, puede considerarse un maestro” (Confucio).

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Los profesores, en no pocos casos, han sido sorprendidos por un cambio de la educación presencial y virtual, programadas como complementarias, a una total y única educación por medios virtuales, con las clases remotas, educación a distancia, virtual o digital. Se encontraron en la obligación (imprevista) de pensar en soluciones de una educación a distancia eficiente desde su realidad y para todos sus estudiantes. Han tenido, y tienen que pensar especialmente en aquellos estudiantes que no cuentan con recursos tecnológicos, internet, carecen de electricidad, o con problemas familiares. Algunos están sufriendo solitariamente en la búsqueda de soluciones a las dificultades en la preparación y diseño de las lecciones sincrónicas y asincrónicas; la soledad (“orfandad”) para resolver los diferentes problemas que se presentan sesión tras sesión; atender las consultas de padres de familia y estudiantes; luchar contra las limitaciones de las plataformas puestas en marcha sin previa evaluación de efectividad, y los escasos recursos tecnológicos; entre otros. Estos factores causan, por lo menos una desorientación y un desgaste emocional y mental a los profesores, que no es asunto menor.

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Para la escritora mexicana Bertha Sola, una de las primeras habilidades de un docente, no es la de aprender a aprender, sino aprender a razonar, comprender y regular sus emociones, pues durante toda su vida laboral corre el mayor riesgo de padecer distintas enfermedades. Y no es difícil estar de acuerdo, pues ya en tiempos anteriores a las clases a distancia, era “una cruda realidad que los docentes [de] hoy en día, experimentan de forma cada vez más creciente una variedad de trastornos y síntomas relacionados con la ansiedad, la ira, la depresión y el conocido síndrome de estar quemado o burnout”.  LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LOS MAESTROS

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL EN EL DOCENTE (01´56”)

Este tiempo de emergencia educativa, a causa de la pandemia del Covid 19, no se planificó con esa anterioridad y cuidado con las que debe hacerse toda acción educativa. En no pocos lugares se está cumpliendo en condiciones de gran incertidumbre y en medio de una crisis que afecta a los tres agentes del proceso educativo. Los desafíos de la educación a distancia, en estas condiciones, plantea al docente la indagación de nuevos conocimientos, dominio técnico (casi perfecto) de los recursos tecnológicos digitales y las herramientas pedagógicas. Y esta búsqueda, lejos de la escuela, involucra necesariamente su salud emocional y mental. Si deseamos seguir en esta gran tarea de ser profesores debemos tener muy claro que “la salud mental consiste en sentir la emoción adecuada en el momento adecuado y en ser capaz de gestionarla” (Lisa Damour).

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Tanto el cuerpo y la mente podrían estar agotados por los factores que acompañan la educación a distancia asumidas en circunstancias de emergencia sanitaría. Más de un especialista nos advierte sobre las consecuencias emocionales y mentales que la responsabilidad laboral, la incertidumbre de la duración, el pánico y la ansiedad social, los problemas familiares propios, la alteración de sus costumbres relacionales, las carencias económicas, la sobresaturación de mensajes en las redes sociales, el compartir su espacio intrafamiliar con sus estudiantes, el abuso de consultas sin horario de atención, el confinamiento, … cambios que nos deben obligar a evaluar el estado psicológico, la salud emocional y mental de los profesores. La psicóloga Lisa Damour nos dice que “la salud mental consiste en ser resistentes, en estar familiarizados con todo el abanico de emociones y en no tener miedo ante la incertidumbre y la inquietud. Para mí, adoptar una actitud positiva ante la incertidumbre y ser capaz de afrontar el malestar emocional es, en realidad, el camino hacia la libertad”.

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Los profesores, desde su confinamiento, se han convertido en buscadores de nuevos conocimientos y mejores recursos didácticos, así como canalizadores autodidactas de sus emociones. Con sus propios recursos, entusiasmo, creatividad, imaginación, … saben que seguirán afrontando el desafío de continuar las lecciones mientras las escuelas sigan cerradas. Esta responsabilidad, realizada con tantos y tan notables esfuerzos, puede dejar una secuela negativa en la vida de los docentes. Y esto debe preocupar al Estado que, en no pocos lugares, “lo ha dejado a su suerte”. Y van respondiendo con ejemplar responsabilidad.

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Quizá es preciso renunciar al paradigma de la eficiencia y la efectividad, para analizar el desempeño docente en este tiempo de educación a distancia, que incluya el bienestar emocional y mental de los profesores, pues “cuando las personas superan una etapa difícil, – como lo experimentan hoy los profesores- su criterio sobre lo que significa una crisis cambia” (Lisa Damour). Al evaluar el servicio docente, en este tiempo de pandemia, de emergencia sanitaria, de confinamiento, de angustia, de miedos, de inseguridades, de indefiniciones de tiempo, de educación a distancia, … y de responder a los contenidos programados, a esa “atención especial” o personalizada a estudiantes y padres de familia, como lo están haciendo en no pocos países, es necesario revisar también cómo está su equilibrio emocional y su salud mental, para prestarle el acompañamiento profesional necesario.

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Las relaciones con los estudiantes, padres de familia y con sus colegas, por medios digitales, en la educación a distancia, ha hecho que el profesor se convierta en el referente más importante en cuanto actitudes, comportamientos, emociones y sentimientos para el proceso enseñanza – aprendizaje. El profesor, lo quiera o no, es un agente activo (en la escuela, y ahora a través de las lecciones online) para favorecer el desarrollo sano y positivo de las emociones, que tienen un peso primario en el proceso de aprendizaje. “La transmisión emocional del profesor es esencial dado que la emoción que contagia es el motor o el freno del aprendizaje. Cuanto más conecten sus alumnos con una emoción movilizadora, más garantías existen de convertir aquella información en información útil y, a largo plazo, en un recuerdo accesible y facilitador de nuevas construcciones de conocimiento”. LAS EMOCIONES EN EL APRENDIZAJE

Por esas y otras razones más específicas y puntuales, consideramos que debemos revisar no solo los resultados cognitivos, sino también las consecuencias emocionales que están influyendo en la tarea docente. Se hace necesario averiguar el cómo ha respondido y responde el cerebro y el corazón de los profesores a este inesperado cambio con el proceso educativo sin aulas, sin contacto personal, a distancia y por medios de los recursos tecnológicos que, para algunos, era un auxiliar a las clases presenciales. Ya el maestro Aristóteles nos dijo la vinculación profunda entre la inteligencia y las emociones: “Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto”, y a ello contribuye el profesor Antonio Rodríguez, recordándonos que  “somos lo que somos no por haber aprendido la tabla de multiplicar, sino por cómo hemos abordado la construcción de nuestro corazón emocional”.

El reto de la educación a distancia ha puesto al descubierto, a algunos, que los profesores son más fuertes de lo que creían que eran. Están respondiendo y sobrellevando con firmeza la espera de las clases presenciales. Y esto hace necesario revisar su equilibrio emocional y su salud mental. Hasta ahora la inmensa mayoría ha respondido cognitiva, creativa y “estoicamente” más allá de lo que se pensaba. Ser conscientes de esto es muy positivo, como lo explica, con mucho detenimiento, el folleto (descargable PDF), editado por el Ministerio de Educación del Perú, que informa acerca de la salud mental y las principales problemáticas docentes, el cómo reconocer los principales signos de alarma, el qué hacer y el cómo pre- venir problemas futuros. CUIDANDO NUESTRA SALUD MENTAL

CONTINUARÁ


REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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