Todas las mujeres del mundo educan: ¡Gratitud y homenaje al genio femenino educador!

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Nuestra gratitud a la mujer, porque todas son educadoras, porque es la primera educadora que encontramos en nuestras vidas, cuya presencia la descubrimos y se queda para siempre en el alma y en el corazón de quienes hemos venido a este mundo por su generosidad total, parodiando al recordado cantante argentino Gustavo Cerati. Toda nuestra gratitud a ti mujer, que nos amas antes de llegar al mundo, desde que somos parte de tus latidos de mujer y de madre, y por prepararte con tanta ilusión para ser profesora y perfeccionar tu vocación de educadora. Tú, como mujer educadora, eres el referente más sencillo y latente de quien cree y ama, cuando más cuesta creer, amar y esperar.

Nos basta con mirarte, para saber lo que dices, cuando nos sostienes entre tus brazos, y conforme vamos creciendo. Tú, como mujer educadora, promueves y lideras la revolución de la ternura, desde tu mirada profunda. Tú pones entre nuestros tesoros y llaves de la vida tus “luminosos ojos por vigías” (Pedro Casaldáliga). Tu nos haces ‘sentir’ que nunca estamos solos, porque tu sentir es un sentir real, ya que es un acto concreto de amor, que nos permite encontrarnos con el otro creativamente, pacientemente, tiernamente”. (cf ¿PUEDE LA MIRADA DE LA MUJER CAMBIAR EL MUNDO?).

Mujer gracias por las  horas de tu vida entregadas ignorando el reloj, (en la casa, en el hospital, en la escuela, …) ni medir el tiempo de tu vida que entregas y que sabes que no volverás a tener en tus manos. Gracias por tener siempre una parte de tu existencia, de tu vida, para compartir; para decirnos que “no tenemos que gritar” para llamarte, porque tú estás ahí, siempre cercana en el momento en que más te necesitamos en cada momento de nuestra vida. Gracias, porque el agradecerte nos hace bien, nos alegra la vida, nos llena de emociones positivas y nos recuerda que la mujer nunca imita al hombre. Gracias por tu singular naturaleza que hace que lo todo que digas y edifiques siempre tendrá el sello de tu genio femenino, porque «sin la mujer, la vida es pura prosa» (Rubén Darío).

Tú, como mujer educadora, nos enseñas a no adelantar el tiempo, a no desesperarnos por aprender algo, por terminar una tarea, por llegar a algún lugar, … por alcanzar las fantasías, los sueños. Tú, como mujer educadora, nos das la confianza para ejercitarnos a no disimular ni esconder las dudas y hacer preguntas. Como mujer educadora tienes esa cualidad de ser  naturalmente “una oreja que escucha”, y da la seguridad de caminar al lado de alguien que  alienta y que prepara para entender más que obedecer ciegamente. Los niños obedecen las ordenes cuando sienten afecto confianza y familiaridad.

Tú, como mujer educadora, nos inicias para comenzar a mirar hacia adentro, y encender nuestra propia luz interior para conocernos. Tú, como mujer educadora, nos ejercitas para no derrumbarnos frente a los inevitables errores, convenciéndonos que siempre habrá una nueva oportunidad para recomenzar, que todavía es amanecer si queremos (como dice Pedro Casaldáliga), y porque si para algunos la hora de cambiar ya ha pasado, para nosotros aún no ha llegado, como dice el Amal de Tagore.  Tú, como mujer educadora, nos facilitas los secretos para saber manejar el tiempo y la espera.

Tú, como mujer educadora, nos animas a sentir la alegría de compartir, de mirar al otro como semejante, como compañero de camino, como amigo, como aliado, para juntos construir un mundo mejor. Con tu mirada y tus palabras, y sobre todo con tu ejemplo, nos enseñas a no ser indiferentes a la presencia y diferencias de los otros. Tú, como mujer educadora, nos entusiasmas para colaborar más que para competir. A no creernos superiores ni inferiores a nadie. Nos orientas para cultivar el  respeto, el cuidado y la admiración por el mundo que nos rodea, desde la educación.

Tú, como mujer educadora,  nos enseñas a descubrir la grandeza de la libertad, y aprender que todo lo que hagamos tiene consecuencias, positivas y negativas. A no buscar culpables, sino a ser responsables plenos de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos. A ser auténticamente libres, y descubrir que somos seres únicos en el universo. Tú, como mujer educadora, nos ayudas a ser expertos para saber combinar el placer y la disciplina, la libertad y la trascendencia, a elegir y hacernos responsables de nuestros actos, como nos diría Don Claudio Naranjo. Tú, como mujer educadora, con tanta paciencia y serenidad nos ayudas a conocernos y amarnos, porque tu singular intuición de mujer es más precisa que la certeza de un hombre, como afirmó el escritor y poeta británico Joseph Rudyard Kipling.

Tú, como mujer educadora, no te ves en el espejo, sino en la sonrisa de quien descubre una verdad, una respuesta, un sentido a su existencia. Tú, como mujer educadora, siempre miras y animas a mirar al futuro, porque sueñas con los sueños de tus hijos y estudiantes ese mundo de realización y felicidad. Tú ayudas a tejer, custodiar y defender los sueños y fantasías de cada niño y niña que la vida pone delante de ti. Por eso tu paso por la vida de cada uno de nosotros es eterna. Tú, como mujer educadora, nunca permites que nada ni nade trunque, robe ni corte los sueños, las fantasías que sostienen la infancia, y que hacen creer que un canal es un río, que un estanque el mar como nos dice Juan Manuel Serrat al evocar los barquitos de papel.

Nuestra Gratitud y Homenaje, a ti mujer educadora, porque a pesar que a veces vemos (tantas veces con tristeza e impotencia) cómo hoy tu figura de mujer, en cuanto educadora a la fraternidad universal, se ha oscurecido y a menudo no es reconocida a causa de tantos males, y siguen perjudicando “a  tantas mujeres en su dignidad y en su singular tarea, sobre todo ahí donde el odio y la violencia lesionan a las familias y a la sociedad”, impidiéndoles desarrollar, “en comunión con las intenciones y la acción del hombre, su misión educadora de modo sereno y eficaz” como sostiene el Papa Francisco.

Este artículo lo recomendamos como complemento: LA EDUCACIÓN ES EL MEJOR CAMINO PARA LOGRAR EL RESPETO A LAS NIÑAS Y MUJERES COMO VALOR MORAL Y SOCIAL

En el Día de la Mujer, dedicamos, desde la Web del Maestro CMF, algunos pensamientos de gratitud (quedándonos cortos), que algunos los tenemos grabados muy dentro de nosotros y que fueron escritos en la pizarra de nuestra vida por nuestra madre, nuestras hermanas, nuestras tías, las mujeres que ayudaron a criarnos, las madres, hermanas y esposas de los amigos, las profesoras que hicieron tanto para que aprendiéramos las primeras letras del abecedario, las amigas de la infancia y la juventud, las que nos acompañan hoy y todas aquellas mujeres, que Dios puso en el camino de nuestra existencia,  para respetarlas, recordarlas y agradecerles eternamente, porque ellas son educadoras por naturaleza y por vocación, porque “ellas sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratamos de empujar la historia,” como nos dice poéticamente el gran escritor Gabriel García Márquez.

¡Gracias totales a ti mujer educadora!
¡Nuestra gratitud y homenaje al genio femenino educador!

REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF






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