[Mario Schiavelli] Aprendizaje eficaz

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“Aprender es importante, cómo lo hacemos, no”.
Como Nuevos Educadores debemos tratar que el estudiante pase de un claustrofóbico DEBO HACERLO (¡qué fastidio!) a un PUEDO HACERLO (¿por qué no?), y finalmente a un QUIERO HACERLO (¡hurra!).
La emoción

“El niño es un cuerpo que crece y un alma que evoluciona” (MARÍA MONTESSORI).

Nosotros los Educadores debemos tener la capacidad (y voluntad) de convertir toda enseñanza en algo interesante para los alumnos. El cerebro de un niño aprende (y memoriza) solamente lo que le emociona de alguien que lo emociona.

La motivación

Es la energía que nos impulsa hacia una meta. Para llevar a cabo cualquier actividad, nuestro Cerebro debe abandonar su “pereza” y crear la energía necesaria para hacerlo. Eso lo logra solamente si está motivado. Un Cerebro motivado no toma en cuenta esfuerzos, sacrificios, costos, riesgos ni beneficios. ¡Tan solo lo hace!

La Motivación puede ser Extrínseca e Intrínseca

Extrínseca: Es la Motivación que depende de factores externos (obligación, recompensa, castigo). Para el cerebro de un alumno es mucho más difícil aprender algo por obligación. Si le atribuye poco valor, si va en contra de sus jerarquías de valores, si se siente poco preparado o adecuado para esta tarea, su aprendizaje será muy poco efectivo y la memorización de esa información quedará almacenada en la memoria de corto plazo. Se le olvidará fácilmente.

Intrínseca: Es la verdadera Motivación, ya que es la que nace de sus gustos, sus exigencias, sus ne- cesidades. Es la que tiene que ver con el verdadero ser que tiene dentro de sí ese alumno con sus sueños, pasiones, visiones, fantasías.

Cómo estudiar con eficacia (08´ 03”)

La concentración

Es la capacidad que tiene el Cerebro de utilizar todas sus energías en una tarea. Un alumno concentrado es capaz de escuchar, observar, registrar todo lo que gira en torno a una tarea. Un cerebro concentrado logra aprender y memorizar más fácilmente y más efectivamente (memoria a largo plazo), reforzando la confianza del alumno en sí mismo. Sin embargo, la concentración sufre del Efecto Péndulo: Oscila. Fatiga, ansiedad, un entorno no adecuado, una mala alimentación (o sensación de hambre), son situa- ciones que no ayudan a una buena concentración.

El primer paso cada mañana, antes de iniciar la clase, es “traerse” a los alumnos. Imaginen un cometa que tenemos volando libremente en el cielo. Al momento de terminar de jugar con él ¿qué hacemos? Empezamos a recoger el hilo para que vaya bajando. Así es el cerebro de nuestros alumnos. No sabemos en qué estado emocional llegan todos los días a clase, así que debemos prepararlos para que reciban nuevas informaciones y para eso necesitaremos cerebros calmados, atentos y concentrados.

Aplicar alguna técnica de relajación puede ser muy útil en caso de que el educador sienta el ambiente “muy cargado”.

Tomar en cuenta pequeñas pausas en donde algo insólito y sorprendente puede suceder (se reactiva la emoción – la atención – la curiosidad) y luego poder retomar la clase.

El error

Toda información que entra en el cerebro de un niño durante sus primeros años, no está controlada por la mente consciente. Sus cerebros son pequeñas esponjas capaces de absorber cualquier tipo de información. Ellos no tienen ningún tipo de bloqueo o “filtro social” como los adultos. No sienten vergüenza. No temen equivocarse.

La creatividad y el aprendizaje pasan inevitablemente por el error. Es muy importante ayudar al estudiante a descubrir por sí mismo un error, estimulando el desarrollo de la capacidad de autocorrección. Desafortunadamente, el error está estigmatizado en nuestra sociedad y por ende en la escuela. Equivocarse es malo, equivocarse está prohibido y si lo haces, no sirves. Así, a medida que el niño crece, va perdiendo esa maravillosa libertad de pensamiento y se vuelve temeroso de equivocarse, su creatividad disminuye.

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A través de preguntas y conversaciones motivadoras, el educador debe ayudar al alumno a crear conexiones que lo conduzcan al reconocimiento del error. Debemos evitar corregirlo, debemos esperar, de- bemos respetar los silencios y las pausas de ese pequeño maravilloso sistema de conexiones que es el cerebro de un niño y llevarlo a la autocorrección. Cuando el cerebro reconoce el origen del error y lo autocorrige, se emociona, genera más energía, presta más atención y muestra más interés y almacena dicha información en la memoria a largo plazo.

O sea, ¡aprende!

“Camina siempre por la vida como si tuvieses algo nuevo que aprender y lo harás”. (Vernon Howard)

REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF

NOTA DE REDACCIÓN: La Web del Maestro CMF publica los textos originales de su autor, no necesariamente coincide con lo expuesto en el tema, no se hace responsable de las opiniones expresadas y no promociona ningún producto, servicio, marca o empresa. Nosostros hemos agregado el video y sobresaltado en negritas algunas frases del original. Este artículo es propiedad intelectual del profesor Mario Schiavelli, autor del libro fuente de esta publicación (pag 109-112), que puede Usted descargar (gracias a su geneosidad docente). Les sugerimos, si desean, acceder al libro original (e Book) lo pueden hacer en el siguiente enlace ENSEÑAR SIN ENSEÑAR. MANUAL PARA EL NUEVO EDUCADOR.



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