El uso de la inteligencia artificial –en nuestra tarea educativa- avanza con una velocidad que consideramos obliga a la educación a detenerse, mirar y preguntarse qué es hoy el proceso enseñanza aprendizaje, pues estamos en una época en la que una máquina puede producir en segundos aquello que antes exigía horas de lectura, escritura, análisis y reflexión. Las nuevas posibilidades son enormes, pero también lo son las preguntas sobre dependencia, privacidad, desinformación, sesgos, pérdida de autonomía y seguridad. Para los profesores, el desafío no consiste en competir con la IA ni en intentar ignorarla, sino en preparar a los estudiantes para utilizarla con criterio, responsabilidad y sentido humano.
«Las personas que trabajan en estas empresas hablan muy en serio cuando piden regulación, ya que se sienten atrapados en una carrera. Y temen las consecuencias de esa misma carrera.” (Jacob Coxon).
El empresario y desarrollador de software, Bill Gates ha advertido que estamos ante una transformación profunda y que la IA puede convertirse en una gran oportunidad educativa, siempre que se utilice adecuadamente. En su reflexión sobre educación sostiene que la IA puede liberar tiempo de los profesores para trabajar más personalmente con los estudiantes y, al mismo tiempo, preservar lo que él denomina «lucha productiva» o esfuerzo productivo, entendido como ese proceso en el que un estudiante enfrenta un problema desafiante y desarrolla comprensión y habilidades de resolución de problemas. Esta idea resulta especialmente importante: si la tecnología elimina todo esfuerzo intelectual, puede facilitar la tarea y, al mismo tiempo, debilitar el aprendizaje.
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Aquí aparece una primera responsabilidad del educador: no permitir que la comodidad tecnológica sustituya el esfuerzo que educa. El profesor necesita discernir cuándo una herramienta ayuda a aprender y cuándo empieza a hacer innecesario el proceso intelectual que precisamente se pretendía desarrollar.
Las alertas tecnológicas ya no vienen solo de fuera
Las advertencias actuales proceden también de personas que están directamente vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial. Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha planteado que la velocidad de desarrollo debe acompasarse con la capacidad de garantizar la seguridad. Su propuesta es clara: «Debemos reducir el ritmo al que mejoramos las capacidades de los modelos de IA«. No plantea abandonar la investigación, sino dar tiempo para que las medidas de seguridad puedan avanzar al mismo ritmo que las capacidades.
Desde otra perspectiva, Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ha llamado la atención sobre los efectos de la IA en la privacidad, la desigualdad, la polarización, el ambiente y los derechos humanos. En una conferencia sobre IA y derechos humanos resumió su propuesta con tres palabras: «más lenta, más amable, más sabia».
En las escuelas no todo lo que puede hacerse tecnológicamente debe hacerse sin reflexión. La educación tiene precisamente la responsabilidad de enseñar a detenerse, preguntar, analizar consecuencias y tomar decisiones responsables. Y esta perspectiva coincide con Magnifica Humanitas, donde León XIV en el que recuerda que «a cada uno corresponde su tramo de muralla», incluyendo expresamente a los educadores. La transformación tecnológica, por tanto, no es una tarea exclusiva de ingenieros, empresas o gobiernos: también interpela directamente a quienes tienen la responsabilidad cotidiana de formar a las nuevas generaciones.
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La preocupación se vuelve todavía más intensa cuando procede de investigadores que han trabajado en empresas dedicadas al desarrollo de IA y la Educación. Jacob Coxon, investigador que dejó Anthropic, ha descrito la carrera por desarrollar sistemas cada vez más poderosos como un asunto que requiere extrema cautela. En declaraciones recientes utilizó la expresión «superarma» para referirse a los riesgos que, a su juicio, puede alcanzar esta tecnología. No corresponde trasladar literalmente estas preocupaciones al aula ni convertirlas en predicciones inevitables.
Sin embargo, consideramos que es irresponsable ignorarlas. Si quienes trabajamos en la frontera tecnológica están discutiendo públicamente sobre seguridad, control y límites, la educación también necesita formar a estudiantes capaces de participar en ese debate con conocimiento y criterio.
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La pregunta para los profesores, por tanto, no debería ser únicamente «¿cómo enseño a utilizar la IA?», sino también «¿cómo enseño a vivir responsablemente en un mundo transformado por ella?» En este punto, León XIV ofrece una clave particularmente significativa: la IA debe entenderse como una transformación que «interpela desde dentro» las categorías con las que pensamos nuestra sociedad. No se trata, entonces, de añadir una asignatura sobre tecnología y continuar haciendo todo lo demás igual. La transformación alcanza al currículo, los métodos de evaluación, la organización escolar y la propia figura del profesor.
Revisemos los métodos de evaluación antes de que la IA cambie el aprendizaje
La primera consecuencia pedagógica es evidente. No pocas tareas tradicionales pueden ser realizadas con rapidez por una herramienta de IA. Redactar un resumen, contestar preguntas previsibles, elaborar una introducción o producir un ensayo convencional ya no permite necesariamente comprobar qué sabe o qué comprende un estudiante. Esto no significa que la escritura, la investigación o la adquisición de conocimientos hayan perdido valor. Significa que necesitamos observar mejor el proceso intelectual que conduce al resultado.
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Los profesores, para mantener la reflexión y el desarrollo del criterio personal, debemos seguir pidiendo al estudiante que explique oralmente su trabajo, defienda una postura, compare fuentes, justifique una decisión, construya un mapa conceptual, registre las etapas de su investigación o revise críticamente una respuesta generada por IA. También pueden combinar productos escritos con conversaciones, debates, exposiciones y resolución de problemas. Sam Altman ha reconocido que la educación tendrá que adaptarse. En una conversación señalando que “necesitaremos nuevas formas de evaluar el aprendizaje y la creatividad”.
Esta afirmación puede convertirse en una oportunidad para recuperar una pregunta esencial: ¿estamos evaluando lo que el estudiante sabe hacer o simplemente el resultado que consigue presentar? Magnifica Humanitas advierte que el desarrollo de la IA hace necesario replantear «los métodos de evaluación y la propia figura del docente», orientándolos hacia una educación integral. La evaluación, por tanto, necesita volver a mirar al estudiante como persona que piensa, comprende, crea, argumenta y aprende, y no solamente como productor de respuestas.
Leer, y entender las respuestas, desconfiando inteligentemente de la IA
Una respuesta generada por una máquina -aunque ya lo advierte en casi todas sus aplicaciones- puede estar muy bien escrita y ser completamente falsa en alguno de sus elementos. Puede contener información desactualizada, errores, fuentes inexistentes o interpretaciones sesgadas. Por eso, una de las nuevas competencias fundamentales será saber cuestionar a la IA.
El profesor puede convertir las propias respuestas de estas herramientas en material pedagógico. ¿Qué afirmación necesita una fuente? ¿Qué dato parece dudoso? ¿Qué información falta? ¿Qué argumentos podrían estar sesgados? ¿La respuesta distingue hechos de opiniones? ¿Qué dicen otras fuentes? El empresario Bill Gates ha señalado precisamente esta posibilidad: los profesores pueden utilizar respuestas generadas por IA para trabajar con los estudiantes en la comprobación de los hechos, especialmente porque las alucinaciones y los sesgos siguen siendo problemas de estas tecnologías. Así, la IA no tiene por qué ser solamente una herramienta que responde; también puede convertirse en una herramienta que enseña a preguntar.
León XIV llama a ese “preguntar si es cierto”: «nueva conciencia educativa» en la escuela y la familia para formar en el uso correcto y crítico de las herramientas digitales y de la IA. La encíclica vincula esta tarea con la búsqueda de la verdad y con la capacidad de verificar los hechos.
En otras palabras, la alfabetización en IA no consiste solamente en saber utilizarla, sino en saber cuándo creerla y cuándo cuestionarla.
“Lo que todos tenemos que hacer es asegurarnos de que estamos usando la IA de una manera que sea en beneficio de la humanidad, no en detrimento de la humanidad”. (Tim Cook)
Redacción: Web del Maestro CMF
Neurociencias quise teclear y terminar con elaborar proyectos de forma individual y colaborativa.
Los conocimientos de las neurociancias, de la psicología, las nuevas pedagogías y didácticas y la formación en el entorno digital aportan para mejorar el proceso enseñanza aprendizaje. La celeridad en brindar información no debe reemplazar a las actividades que requieren de los alumnos su atención, curiosidad, dudar y preguntar, ejercitar su pensamieto crítico, expresar su postura, compararla conversando con otros, decidir por lo mejor, innovar ante nuevas circunstancias, crear…