Las experiencias traumáticas pueden alterar profundamente la manera en que una persona interpreta el afecto, construye relaciones y percibe su propia seguridad. Quienes han sufrido maltrato, acoso escolar, violencia familiar o humillaciones reiteradas pueden desarrollar una desconfianza persistente, incluso cuando se encuentran en entornos seguros. La psicóloga española Elizabeth Clapés sostiene que los vínculos sanos, estables y predecibles desempeñan un papel fundamental en la recuperación emocional. Su reflexión plantea que acompañar a alguien que ha sufrido no consiste únicamente en ofrecer consejos o palabras de consuelo, sino en demostrar, mediante acciones constantes, que existen formas de relacionarse basadas en el respeto, el cuidado y la tranquilidad.
Elizabeth Clapés es psicóloga, escritora, docente y divulgadora especializada en bienestar emocional y relaciones personales. Conocida en redes sociales como @esmipsicologa, comparte reflexiones sobre autoestima, vínculos afectivos, dependencia emocional y experiencias de sufrimiento psicológico. Su trabajo de divulgación se centra en ayudar a comprender cómo determinadas relaciones pueden provocar heridas emocionales y cómo otras pueden contribuir a repararlas. Desde su experiencia profesional, destaca que muchas personas llegan a consulta después de haber sufrido daños ocasionados por familiares, parejas, amistades o compañeros de trabajo. Por ello, considera especialmente importante comprender el papel que desempeñan las relaciones humanas durante los procesos de recuperación.
El trauma emocional y la importancia de sentirse seguro
Una de las afirmaciones centrales de Clapés resume su perspectiva sobre el acompañamiento emocional: «No hay nada que repare más a otra persona que un vínculo sano, seguro y predecible». Con estas palabras, la especialista subraya la importancia de experimentar relaciones en las que no exista miedo constante al rechazo, la humillación o la agresión. Sin embargo, esta reflexión no significa que el afecto sustituya a la atención psicológica especializada. Los tratamientos basados en evidencia pueden resultar fundamentales cuando existen síntomas traumáticos persistentes. El apoyo interpersonal y la intervención profesional pueden complementarse para favorecer una recuperación adaptada a las necesidades individuales.
El trauma no surge exclusivamente de situaciones extremas o acontecimientos aislados. También puede relacionarse con experiencias prolongadas de violencia, negligencia, intimidación, rechazo o inseguridad emocional, especialmente cuando ocurren durante la infancia o dentro de relaciones significativas. Estas vivencias pueden modificar las expectativas que una persona tiene sobre los demás y aumentar su sensibilidad ante posibles amenazas. Clapés explica que quienes han sufrido reiteradamente pueden interpretar nuevas relaciones desde el temor a que el daño vuelva a repetirse. Comprender esta reacción permite evitar juicios injustos y reconocer que recuperar la confianza requiere paciencia, experiencias positivas y un entorno que respete los límites personales.

Siete claves para acompañar a una persona que ha sufrido un trauma
1. Ofrecer una relación segura y libre de violencia
La primera recomendación consiste en construir un vínculo donde la persona no tenga que protegerse constantemente de quien debería acompañarla. Esto implica evitar amenazas, manipulaciones, humillaciones, agresiones y comportamientos impredecibles que puedan reactivar experiencias dolorosas. Una relación segura se caracteriza por el respeto mutuo, la comunicación clara y la posibilidad de expresar desacuerdos sin temor a represalias. Para alguien que ha vivido maltrato, descubrir que puede equivocarse, establecer límites o manifestar emociones sin recibir castigos constituye una experiencia significativa. La seguridad emocional no se consigue mediante promesas grandilocuentes, sino mediante comportamientos cotidianos que demuestran consideración, responsabilidad y respeto.
2. Demostrar que el maltrato nunca estuvo justificado
Una segunda clave es ayudar a desmontar la culpa que algunas víctimas desarrollan después de sufrir violencia. Clapés menciona el caso de personas que llegan a creer que merecen ser agredidas por su pareja, una interpretación especialmente preocupante porque normaliza el abuso y deteriora la autoestima. Nadie merece recibir violencia por su comportamiento, sus errores o sus características personales. Acompañar implica transmitir esta idea sin culpabilizar, cuestionar ni presionar a quien ha sufrido. También supone escuchar su experiencia y reconocer el daño ocasionado. En situaciones de violencia de pareja, resulta esencial priorizar la seguridad y respetar las decisiones de la persona afectada.
3. Favorecer nuevas experiencias de amistad, inclusión y pertenencia
La especialista utiliza el ejemplo de un niño que ha sufrido acoso escolar para explicar cómo las nuevas relaciones pueden contribuir a recuperar la confianza. Después de experimentar burlas, exclusión o rechazo, encontrar un grupo de amigos que lo incluya genuinamente puede ayudarlo a reconstruir su sentido de pertenencia. Invitarlo a participar en actividades, tenerlo presente en las conversaciones y evitar nuevas formas de aislamiento son acciones concretas que favorecen su bienestar. Sin embargo, estas experiencias no sustituyen la obligación de la escuela de prevenir y detener el acoso. La recuperación requiere protección efectiva, acompañamiento familiar y, cuando sea necesario, apoyo psicológico especializado.
4. Comprender que la confianza se reconstruye con experiencias repetidas
Una de las ideas más importantes de Clapés es que una experiencia positiva aislada no siempre basta para modificar expectativas construidas durante años de sufrimiento. Una persona que ha trabajado en un ambiente de hostigamiento laboral puede comenzar un nuevo empleo y permanecer alerta ante cualquier comentario de sus superiores o compañeros. Aunque el nuevo entorno sea respetuoso, puede necesitar tiempo para sentirse verdaderamente segura. La especialista insiste en que las experiencias favorables deben repetirse para consolidar una percepción diferente de las relaciones. Esta recuperación no sigue un calendario universal: depende de la historia personal, la gravedad de las experiencias y los recursos de apoyo disponibles.
5. Enseñar que la violencia no debe considerarse normal
Quienes crecen en hogares marcados por gritos, críticas constantes, negligencia o agresiones pueden llegar a interpretar esas conductas como parte inevitable de la convivencia. Clapés explica que, en ocasiones, conocer otras familias permite descubrir que existen maneras diferentes de relacionarse. Observar hogares donde se respetan los límites, se conversa sin humillaciones y se expresa afecto puede ayudar a cuestionar patrones aprendidos. La especialista recuerda: «La violencia no es lo normal». Esta afirmación adquiere especial relevancia en la educación familiar, porque los niños necesitan comprender que el respeto, la protección y el cuidado son condiciones fundamentales para su desarrollo, no privilegios que deban ganarse.
6. Respetar los tiempos y las reacciones de quien ha sufrido
Otra recomendación consiste en comprender que una persona traumatizada puede experimentar miedo, desconfianza o hipervigilancia incluso cuando no existe una amenaza inmediata. Algunas personas temen que una nueva pareja las agreda, que sus amistades las abandonen o que sus compañeros vuelvan a humillarlas. Estas reacciones no deben interpretarse automáticamente como ingratitud o falta de voluntad para mejorar. Acompañar significa escuchar sin presionar, respetar los límites y permitir que la confianza se desarrolle progresivamente. Tampoco conviene exigir que alguien inicie una nueva relación afectiva como parte de su recuperación. Cada persona necesita decidir cuándo, cómo y con quién desea establecer nuevos vínculos.
7. Brindar estabilidad, coherencia y afecto a lo largo del tiempo
La última clave reúne el mensaje principal de la psicóloga: la estabilidad emocional se construye cuando el respeto y el afecto dejan de ser excepcionales y se convierten en experiencias habituales. Para quien ha vivido relaciones impredecibles, saber que una amistad seguirá siendo respetuosa mañana o que una pareja no utilizará el cariño como mecanismo de control puede resultar especialmente significativo. Clapés destaca el valor de ofrecer paz mental, tranquilidad y relaciones confiables. Esto no implica prometer permanencia incondicional ni asumir la responsabilidad de sanar a otra persona, sino actuar con honestidad, mantener límites saludables y demostrar coherencia entre las palabras y los comportamientos cotidianos.
El acompañamiento emocional también exige responsabilidad y apoyo profesional
El planteamiento de Elizabeth Clapés invita a reflexionar sobre una dimensión fundamental del bienestar psicológico: las relaciones humanas pueden convertirse tanto en fuentes de sufrimiento como en espacios de protección y recuperación. En familias, escuelas, amistades, parejas y entornos laborales, ofrecer respeto, seguridad y estabilidad contribuye a crear condiciones favorables para quienes han atravesado experiencias difíciles. No obstante, la recuperación de un trauma puede requerir tratamientos psicológicos específicos y medidas de protección, especialmente cuando existen situaciones de violencia o síntomas persistentes. La enseñanza central es que acompañar no significa intentar salvar a alguien, sino relacionarse sin reproducir el daño, respetando su autonomía y ofreciendo un entorno donde pueda recuperar progresivamente la confianza.
Redacción: Web del Maestro CMF