Tue Halgreen, analista jefe del Informe PISA y especialista vinculado a la mayor evaluación internacional del rendimiento educativo organizada por la OCDE, advierte que la educación atraviesa una transformación profunda marcada por el retroceso de la competencia lectora, el menor acompañamiento familiar, la escasez de docentes y la irrupción de la inteligencia artificial en el aprendizaje. El experto danés, de 50 años, analizó estos desafíos a propósito de los recientes resultados educativos y puso especial atención en la forma en que los estudiantes están utilizando los chatbots. Sus reflexiones fueron recogidas en una entrevista realizada por Ignacio Zafra.
La lectura fuera de la escuela, una de las principales preocupaciones
Entre las causas que explicarían el deterioro del rendimiento educativo, Halgreen sitúa en primer lugar la disminución de la lectura prolongada fuera del ámbito escolar. Los estudiantes continúan leyendo mensajes, publicaciones y textos breves en las pantallas, pero enfrentarse a un libro, un periódico o un texto extenso requiere capacidades diferentes que necesitan entrenamiento constante.
El especialista señala que existe una correlación entre la expansión del uso de los teléfonos móviles y el deterioro de determinadas competencias lectoras. Aunque esta relación no permite establecer por sí sola una causalidad directa, resulta relevante que el fenómeno se haya producido simultáneamente en numerosos sistemas educativos.
“Cada vez pasamos más tiempo delante de pantallas, y mantenemos las competencias necesarias para leer textos cortos. Pero sentarse con un periódico o un libro exigen una habilidad distinta que debe ser entrenada”.
La advertencia apunta a un cambio que trasciende el soporte utilizado para leer. La capacidad de mantener la atención, comprender textos extensos, relacionar información y profundizar en lo leído necesita práctica, y esa práctica parece estar disminuyendo progresivamente fuera de las aulas.
El deterioro lector comienza mucho antes de los 15 años
Los resultados obtenidos por los adolescentes no aparecen repentinamente cuando llegan a la edad evaluada por PISA. Halgreen explica que muchos estudiantes que presentan dificultades lectoras a los 15 años ya mostraban problemas durante la educación primaria.
Esto significa que las intervenciones educativas no deberían esperar hasta la adolescencia. El fortalecimiento de la lectura debe comenzar desde los primeros años, especialmente cuando aparecen señales tempranas de dificultades de comprensión, fluidez o capacidad para enfrentarse a textos de mayor extensión.
Dentro de este proceso, la lectura en papel continúa desempeñando un papel relevante. Según las evidencias mencionadas por el especialista, quienes muestran mejores competencias de lectura digital también suelen ser estudiantes que leen libros impresos.
El acompañamiento de los padres también está disminuyendo
Una segunda preocupación identificada por PISA es la reducción del apoyo que los estudiantes reciben de sus familias. Este acompañamiento no significa necesariamente que los padres deban dominar matemáticas, ciencias o cualquier otra materia para enseñar los contenidos escolares en casa.
Acciones aparentemente sencillas pueden tener una incidencia significativa:
- Preguntar a los hijos qué hicieron durante la jornada escolar.
- Conversar sobre cómo les está yendo en sus estudios.
- Leer delante de ellos y compartir momentos de lectura.
- Mostrar interés permanente por su aprendizaje.
- Establecer hábitos que reduzcan la dependencia de las pantallas.
Halgreen destaca que la relación entre acompañamiento familiar y rendimiento aparece incluso cuando se consideran las diferencias socioeconómicas y culturales. El ejemplo de los adultos también resulta fundamental: resulta más efectivo que los niños observen a sus padres leyendo que exigirles abandonar el teléfono mientras los propios adultos permanecen constantemente frente a una pantalla.
La falta de profesores agrava las desigualdades educativas
El tercer factor señalado es la dificultad para disponer de docentes suficientes precisamente en los centros educativos donde más se necesitan. La escasez de profesores afecta a numerosos sistemas y puede tener consecuencias especialmente graves cuando se concentra en comunidades educativas desfavorecidas.
Para Halgreen, reforzar los recursos humanos en los establecimientos con mayores necesidades es indispensable para mejorar el rendimiento general. Cuando las carencias docentes se acumulan en contextos vulnerables, las desigualdades educativas existentes pueden profundizarse.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en aumentar globalmente el número de profesores, sino en garantizar que los docentes adecuados lleguen a los estudiantes y centros que requieren mayor apoyo.
La escuela tiene ahora una responsabilidad mayor
Durante décadas, la escuela enseñaba a leer y buena parte de esa capacidad se ejercitaba espontáneamente fuera del aula. Los estudiantes encontraban libros, periódicos y otros materiales que exigían lectura sostenida. La expansión de las pantallas ha modificado ese ecosistema de aprendizaje.
Si niños y adolescentes leen menos textos extensos fuera del colegio, la institución educativa debe asumir una responsabilidad adicional para garantizar que esas capacidades continúen desarrollándose.
Pero Halgreen identifica otro cambio todavía más reciente: la aparición de los sistemas de inteligencia artificial generativa y los chatbots capaces de entregar respuestas inmediatas.
Hasta hace pocos años, incluso una búsqueda en Internet obligaba al estudiante a localizar diferentes páginas, reunir fragmentos de información, comparar fuentes, identificar contradicciones y determinar cuáles parecían más fiables. Ese recorrido implicaba ejercitar capacidades cognitivas importantes.
Ahora, las herramientas digitales pueden proporcionar directamente una respuesta elaborada. Si el estudiante deja sistemáticamente de buscar, contrastar, integrar y evaluar información por sí mismo, esas competencias pueden debilitarse por falta de entrenamiento.
La IA puede ofrecer justamente lo contrario de lo que exige aprender
Halgreen evita presentar la inteligencia artificial como una tecnología inherentemente perjudicial para la educación. Considera necesario distinguir entre los chatbots concebidos principalmente para facilitar tareas y los sistemas de inteligencia artificial diseñados específicamente con objetivos pedagógicos.
El problema aparece cuando una herramienta creada para ahorrar tiempo y esfuerzo se utiliza para sustituir precisamente el esfuerzo cognitivo que permite aprender.
“Lo que sí observamos es que la del primer tipo, los chatbots que vemos que usan muchos alumnos, nos están dando una experiencia básicamente opuesta al aprendizaje”.
La afirmación apunta al núcleo del debate educativo. Aprender no consiste únicamente en obtener una respuesta correcta. Consiste en recorrer el proceso intelectual necesario para llegar hasta ella.
Equivocarse, intentarlo y resolver forma parte del aprendizaje
Resolver una ecuación, comprender un texto complejo o elaborar las ideas necesarias para desarrollar un experimento exige concentración, ensayo, errores, revisión y perseverancia. Ese esfuerzo no es un obstáculo que la educación deba eliminar: es una parte fundamental del aprendizaje.
“Lo que nos interesa es el proceso, el reto, la lucha por conseguirlo. Ahí aprendemos”.
Desde esta perspectiva, cuando un chatbot entrega inmediatamente el resultado de una actividad que el alumno debería resolver, puede desaparecer justamente la parte de la tarea que tenía mayor valor pedagógico. La respuesta final pierde importancia frente al razonamiento utilizado para alcanzarla.
El riesgo aumenta cuando esta dinámica se convierte en hábito. Si ante cada dificultad el estudiante solicita automáticamente una solución, puede reducir las oportunidades de ejercitar autonomía, pensamiento crítico, comprensión profunda y capacidad para enfrentarse a problemas complejos.
El problema no es utilizar IA, sino cómo se utiliza
La advertencia de Halgreen no conduce a una conclusión simplista basada en prohibir la inteligencia artificial. Que un estudiante utilice IA para aprender no significa necesariamente que esa utilización sea negativa.
Una herramienta de inteligencia artificial puede ayudar a explicar conceptos, ofrecer ejemplos, formular preguntas, proporcionar retroalimentación o acompañar determinados procesos de aprendizaje. La diferencia está en si la tecnología estimula el razonamiento del estudiante o lo reemplaza.
Esta distinción resulta fundamental para las escuelas. La cuestión educativa ya no debería limitarse a decidir si los alumnos pueden utilizar estas herramientas, sino determinar para qué, cuándo y de qué manera deben utilizarlas sin eliminar el esfuerzo intelectual.
Formar a los docentes será determinante
La expansión de estas tecnologías obliga también a reconsiderar la formación del profesorado. Los docentes necesitan comprender las posibilidades y limitaciones de la inteligencia artificial para incorporarla de manera pedagógicamente constructiva.
No basta con conocer cómo funciona un chatbot. Será necesario diseñar actividades en las que la IA acompañe el aprendizaje sin realizar automáticamente el trabajo que corresponde al estudiante.
Esto implica preservar espacios para leer profundamente, escribir, argumentar, resolver problemas, contrastar fuentes, analizar errores y construir respuestas propias. La tecnología debería ampliar las posibilidades educativas, no reducir las oportunidades de pensar.
Un problema global que exige respuestas propias
Halgreen también advierte contra la tentación de atribuir el descenso del rendimiento exclusivamente a reformas educativas recientes. Los resultados observados forman parte de transformaciones más amplias que afectan simultáneamente a numerosos sistemas educativos.
La expansión de las pantallas, los cambios en los hábitos lectores, la disminución del acompañamiento familiar, la escasez de docentes y la rápida incorporación de la inteligencia artificial forman parte de un escenario mucho más complejo.
Esto no elimina la responsabilidad de cada sistema educativo. Por el contrario, cada comunidad debe identificar sus propias respuestas y actuar sin esperar soluciones universales.
Recuperar el esfuerzo intelectual como parte esencial de aprender
La reflexión planteada por Halgreen deja una cuestión central para el futuro de la educación: la tecnología puede facilitar muchas tareas, pero facilitar una tarea no siempre significa facilitar el aprendizaje.
Cuando una herramienta evita procesos mecánicos y permite concentrarse en actividades intelectualmente más valiosas, puede convertirse en una poderosa aliada. Pero cuando sustituye la lectura, el razonamiento, la búsqueda, la comparación, la escritura o la resolución de problemas que el estudiante necesita practicar, la eficiencia tecnológica puede terminar produciendo una pérdida educativa.
El desafío consiste, por tanto, en encontrar un equilibrio. La educación necesita aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial sin permitir que la comodidad de obtener respuestas inmediatas elimine el esfuerzo necesario para construir conocimiento. En una época en la que una máquina puede responder en segundos, enseñar a los estudiantes a pensar, cuestionar, contrastar, perseverar y llegar por sí mismos a determinadas respuestas puede convertirse en una tarea todavía más importante.
Redacción: Web del Maestro CMF | Fuente: El País