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Jacques Delors: Los cuatro pilares de la educación y las claves para transformar la enseñanza del siglo XXI

Jacques Delors propuso cuatro pilares para transformar la educación del siglo XXI, destacando el aprendizaje permanente, la formación integral, la participación docente y la cooperación entre escuela, familia y sociedad.

Jacques Delors fue presidente de la Comisión de las Comunidades Europeas (1985-1995) y ministro de Economía y Finanzas de Francia. También fue autor de diversas obras, entre ellas Le nouveau concert européen (1992) y L’unité de l’homme (1994).

Ahora que la humanidad se halla en el umbral del siglo XXI, la reflexión y los debates sobre su porvenir cobran mayor intensidad. El avance de los conocimientos, especialmente de la ciencia y la tecnología, permite esperar un futuro de progreso, aunque la realidad cotidiana también evidencia los peligros, las desviaciones y los conflictos a los que está expuesto el mundo contemporáneo.

La creciente interdependencia entre pueblos y naciones está creando condiciones para una cooperación internacional sin precedentes. Sin embargo, también pone de manifiesto las profundas desigualdades, la complejidad de los problemas mundiales y las amenazas que pueden comprometer los logros alcanzados.

La educación constituye una de las herramientas más poderosas para construir el futuro de la humanidad. De ahí la necesidad de reflexionar sobre cómo preparar a quienes serán protagonistas del porvenir.

La UNESCO impulsó este debate mediante la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, encargada de estudiar los desafíos educativos y formular recomendaciones que orientaran las decisiones de los responsables políticos y educativos.

Cuatro cuestiones primordiales

La Comisión identificó cuatro cuestiones fundamentales para el futuro de la educación.

La primera es la capacidad de los sistemas educativos para impulsar el desarrollo. Para conseguirlo, la educación debe desempeñar una triple función: económica, científica y cultural. Debe formar personas cualificadas, creativas y capaces de adaptarse a la evolución tecnológica, contribuir al progreso del conocimiento y formar ciudadanos arraigados en sus culturas, pero abiertos a las demás.

La segunda cuestión es la capacidad de los sistemas educativos para adaptarse a los cambios sociales. La educación debe preparar a las personas para afrontar transformaciones constantes en un contexto de creciente incertidumbre.

La tercera cuestión se refiere a las relaciones entre el sistema educativo y el Estado. Comprende el papel de las autoridades públicas, la descentralización de competencias y el equilibrio entre la enseñanza pública y privada.

La cuarta cuestión es la transmisión de valores de apertura, entendimiento mutuo y paz. La educación debe contribuir a desarrollar el diálogo entre personas y culturas, respetando la diversidad humana.

Jacques Delors ​ fue un político francés. Miembro del Partido Socialista francés, fue presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995. Delors fue funcionario del Banco de Francia en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa y de haber estudiado economía en La Sorbona.

Los pilares de la educación

La Comisión estableció cuatro pilares fundamentales para orientar la educación del siglo XXI.

Aprender a conocer. Consiste en adquirir una cultura general suficientemente amplia y desarrollar la capacidad de profundizar en determinados conocimientos. Este aprendizaje debe despertar el interés por seguir aprendiendo durante toda la vida.

Aprender a actuar. Supone desarrollar competencias que permitan afrontar situaciones nuevas, resolver problemas y trabajar en equipo. La educación debe ofrecer oportunidades para aplicar los conocimientos y enriquecer la experiencia mediante actividades profesionales y sociales.

Aprender a ser. Implica fortalecer la autonomía, el juicio crítico y la responsabilidad personal, capacidades necesarias para participar conscientemente en la construcción del destino colectivo.

Aprender a vivir juntos. Significa conocer y comprender a los demás, sus historias, tradiciones y culturas. Su finalidad es fomentar la cooperación, la convivencia pacífica y la resolución inteligente de los conflictos.

Aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser son los cuatro pilares de la educación.

La educación durante toda la vida en el centro de la sociedad

La educación a lo largo de toda la vida constituye una de las claves para afrontar los desafíos del siglo XXI. Este concepto responde a las transformaciones constantes de la sociedad y exige sistemas educativos flexibles, diversos y accesibles.

La educación permanente no debe limitarse a la actualización profesional. Debe entenderse como un proceso continuo de construcción de la persona, de sus conocimientos, capacidades, criterios y posibilidades de acción.

En este proceso, la educación formal conserva un papel insustituible.

La relación entre el maestro y el alumno, basada tanto en la autoridad como en el diálogo, es fundamental para la transmisión del conocimiento. Corresponde al docente comunicar a las nuevas generaciones los principales saberes, descubrimientos y creaciones de la humanidad.

Nada puede sustituir la relación de autoridad y de diálogo entre el alumno y el maestro.

La educación debe adaptarse a los cambios sociales sin renunciar a transmitir los conocimientos, los valores y la experiencia acumulada por la humanidad.

Redefinir y relacionar las distintas secuencias de la educación

La educación a lo largo de la vida exige organizar las distintas etapas formativas, facilitar las transiciones y diversificar las oportunidades de aprendizaje.

En este marco, los conocimientos básicos de lectura, escritura y cálculo mantienen una importancia esencial. Su enseñanza debe complementarse con experiencias que permitan desarrollar las dimensiones ética, cultural, científica, tecnológica, económica y social de la educación.

La Comisión también subrayó la necesidad de ampliar el acceso a la educación básica, especialmente entre las personas adultas analfabetas, los niños no escolarizados y quienes abandonan prematuramente sus estudios.

La enseñanza secundaria plantea desafíos relacionados con la masificación, la sobrecarga de los programas, las dificultades de orientación y la preocupación por el acceso a la educación superior y al empleo.

La diversificación de los itinerarios educativos constituye una respuesta necesaria. Deben existir alternativas académicas, profesionales y sociales que permitan reconocer diferentes capacidades e intereses.

Asimismo, es importante establecer conexiones entre estas vías para corregir decisiones iniciales de orientación y garantizar que el futuro de una persona no quede determinado definitivamente entre los 15 y los 20 años.

La educación superior también debe adaptarse a estas necesidades. Las universidades pueden desempeñar distintas funciones: investigación científica, formación docente, preparación profesional, educación permanente y cooperación internacional.

La universidad debe diversificar su oferta y facilitar el aprendizaje durante toda la vida, manteniendo su compromiso con el desarrollo de la sociedad.

Estrategias de reforma a largo plazo

La Comisión identificó tres agentes principales para el éxito de las reformas educativas: la comunidad local, las autoridades públicas y la comunidad internacional.

La comunidad local comprende a las familias, los responsables de los centros y el profesorado. Su participación es esencial para identificar necesidades, evaluar problemas y contribuir a mejorar la calidad de la enseñanza.

El diálogo entre las familias, los docentes, las autoridades y los demás actores sociales es indispensable para construir reformas educativas eficaces.

La formación de los padres, la capacitación continua de los docentes y la participación comunitaria permiten comprender mejor los problemas y desarrollar respuestas adecuadas.

Ninguna reforma educativa puede tener éxito sin la participación activa del profesorado. Por ello, es necesario prestar atención a sus condiciones sociales, culturales y materiales, así como garantizar los recursos necesarios para enseñar.

Las autoridades públicas tienen la responsabilidad de definir políticas educativas claras, establecer prioridades y garantizar la regulación del sistema. La educación no puede quedar exclusivamente sometida a las dinámicas del mercado ni confiar en que los problemas se resolverán por sí solos.

Las decisiones educativas deben adoptarse mediante la concertación con los sectores implicados y orientarse por el principio de igualdad de oportunidades.

Por su parte, la comunidad internacional debe contribuir a ampliar el acceso a la educación, impulsar la formación de niñas y mujeres, favorecer la cooperación entre países y facilitar el acceso a las nuevas tecnologías.

La cooperación educativa internacional debe basarse en la asociación entre países y no limitarse a relaciones de asistencia.

A modo de conclusión

La creciente interdependencia de las naciones exige una cooperación internacional más amplia y una reflexión compartida sobre el futuro de la educación.

La Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI buscó proporcionar orientaciones para la formulación de políticas educativas y promover un debate que involucrara no solo a los gobiernos y educadores, sino también a las familias, los estudiantes y la sociedad.

La educación debe preparar a las personas para comprender el mundo, afrontar los cambios, convivir con los demás y desarrollar plenamente sus capacidades. Su transformación requiere compromisos duraderos, participación colectiva y una visión que trascienda las reformas inmediatas.

Fuente: Jacques Delors, publicado en el número de abril de 1996 de El Correo de la UNESCO

Redacción: Web del Maestro CMF

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