Gracias madres y maestras: ¡Qué hermosa tarea hacen en las aulas!, milagro de alfarería

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El ser madre es un don natural único, dado solo a la mujer. Y como todo regalo tiene la cualidad de ser dado y recibido libre, responsable y gratuitamente; nunca rechazados, por una parte, y nunca reclamados por otra… del don de la maternidad aprendemos el heroísmo que se manifiesta en la entrega de uno mismo, la fortaleza en la compasión, la sabiduría en la mansedumbre, y que no es solo asunto de la mujer, es una realidad que debe ser vivida por toda la humanidad, pues “un mundo que mira hacia el futuro sin la mirada de una madre es miope” (Papa Francisco, 01/01/2019).

En el Día de la Madre -que celebramos en algunas partes del planeta el segundo domingo de mayo-, desde la Web del Maestro CMF hacemos llegar nuestra admiración y gratitud a las mujeres que, cumpliendo su tarea de madres biológicas o no, conectan sus responsabilidades naturales con su carrera profesional de profesoras. ¿Quién no recuerda -después de salir de la escuela- el referente de alguna profesora? ¿Qué profesional no evoca la presencia de la maestra en alguna de sus características de escribir o leer?

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Ahora, en el siglo de la inteligencia artificial, del internet, de la velocidad digital y de las herramientas tecnológicas en permanente desarrollo, Ustedes, como todos los maestros, no solo imparten clases en las aulas (donde se hayan retomado las clases presenciales), sino que -ante la emergencia educativa exigida por el Covid 19- han tenido que organizarse para preparar, grabar y dictar sus clases virtuales, con (lo poco o mucho) aprendido previamente, con toda su creatividad y amor por la enseñanza. Han tenido que reinventarse desde los conocimientos de su formación inicial docente, vivir una nueva presencia de sus estudiantes, atender las llamadas y consultas de los padres de familia y tantos retos, nuevas tareas y responsabilidades que ha traído el cierre de las escuelas y la educación a distancia.

Han sido Ustedes profesoras, como madres y maestras, un gran ejemplo para buscar y lograr encontrar ese esquivo tiempo para actualizarse, sobre todo con las recientes herramientas digitales, para no rezagarse ante las nuevas tecnologías y las propuestas de modelos de aprendizaje; sin dejar de cumplir (como lo hacían antes del 2020) con su responsabilidad como madres de familia, cuya vida ordinaria también se ha visto alterada a causa de este nuevo panorama educativo. Ustedes han comprendido que “ser una madre a tiempo completo es uno de los trabajos mejor pagados, ya que el salario es puro amor”. (Mildred B. Vermont).

Las maestras, que son madres, -y aquellas que no lo son biológicamente- han seguido cumpliendo responsablemente sus obligaciones del hogar y han agregado la tarea de orientar y ayudar a los padres en la nueva modalidad en la educación a distancia. Y en no pocas oportunidades, han continuado con esa callada y casi imperceptible tarea de consejeras, confidentes, niñeras, enfermeras, psicólogas, árbitros, paño de lágrimas, …; porque “la mayoría de las madres son filósofas instintivas” (Harriet Beecher Stowe), y por esto, queremos agradecerles y seguir ofreciéndoles todo nuestro apoyo para desarrollar su cultura y su capacidad profesional, al mismo tiempo que les de animamos a ser madres en su hogar y madres de sus estudiantes en la escuela presencial, virtual o híbrida.

Ustedes madres de sus estudiantes, a pesar de la catástrofe educativa global, han seguido -como dicen Ariel Ramírez y Félix César Luna- sembrando semillas de letras que crecen como abecedarios en su corazón de maestras, ejerciendo con amor su servicio docente, un lindo oficio, que es magia del pueblo en las aulas, milagro de alfarería, sonrisa de la mañana … para todos sus hijos estudiantes.

ROSARITO VERA, MAESTRA (04´ 11”)

Quizá se haga difícil encontrar un equilibrio óptimo entre la dedicación de ser maestra en la escuela y ser madre en el hogar, pero es responsabilidad de toda la sociedad, y en especial de la comunidad educativa, el valorar y reconocer su tarea docente, custodiar el respeto a la maternidad de sus profesoras, por el riesgo que corre de deshumanizarse y perder la riqueza de ese “genio” propio de la mujer que transmiten las profesoras en la vida escolar, enriqueciendo con su experiencia maternal la actividad laboral de enseñar a aprender a aprender. “La maternidad tiene un efecto muy humanizante. Todo se reduce a lo esencial”. (Meryl Streep).

Proteger y apoyar la maternidad de nuestras maestras como un derecho, es una obligación, no solo de la comunidad educativa en la cual trabaja, sino de toda la sociedad; porque la maternidad cumple una función social fundamental: provee al mundo de nuevos seres humanos que, entre otras cosas, pagarán la jubilación de sus padres y de aquellos que ahora les enseñan en las aulas. Nos toca salvaguardar sus derechos y su justa y debida remuneración, sin ninguna discriminación, porque para quienes hemos tenido o tenemos buenas madres y maestras, todas las mujeres son sagradas.

Todas las profesoras, (por experiencia lo sabemos muchos), se convierten en un signo maternal para sus estudiantes, algunos de los cuales (lamentablemente) vienen de hogares disfuncionales o con serios problemas de convivencia, pero ellas saben ser madres y maestras para todos por igual.  Realizan con todos sus alumnos la gran tarea de educar para aprender los conocimientos de la ciencia y los valores que ayuden a construir una nueva civilización.

Gracias a Ustedes profesoras y madres que hacen -real y palpable- de la escuela un segundo hogar, y porque sabemos que Dios – parangonando a Rudyard Kipling- las hizo madres y maestras, para estar presente en la escuela y en el hogar.

“Una madre es la mejor amiga que tenemos, cuando las duras y repentinas pruebas caen sobre nosotros; cuando la adversidad se cierne sobre la prosperidad; cuando los amigos nos abandonan; cuando los problemas se multiplican a nuestro alrededor, ella seguirá a nuestro lado, y se esforzará con sus amables consejos para disipar las nubes de la oscuridad y hacer que la paz regrese a nuestros corazones”. (Washington Irving (1783 – 1859).



REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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