[Ernesto González] Cuando la vida se convierte en inercia

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El termino inercia, el cual puede resultarnos familiar, ya que posiblemente fue motivo de estudio en las ciencias Física, a través de la denominada primera Ley de Newton o Ley de la Inercia, en la cual a modo de síntesis, se considera una propiedad que poseen los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento sino es por la acción de una fuerza.
Otra acepción de la palabra inercia: rutina. ¿Por qué se preguntará el tema de hoy? Cuando somos adultos y nuestros hijos e hijas ya se encuentran “encaminados”, algunas personas suelen comportarse como si todos los días se hace lo mismo: “… que tal el trabajo hoy… “pregunta un miembro de la pareja; ¿respuesta? “… nada, igual que siempre”, añadiendo además este ultimo: “… me voy a acostar un poco tarde, duérmete, ya que debo presentar un informe para mañana en el trabajo” Por lo visto toda una sentencia.

Si la rutina sigue, continua, se incrementa la monotonía y el aburrimiento, no se hace un alto, donde uno o ambos tomen la iniciativa y reflexionen acerca de la situación, donde una primera opción podría ser la búsqueda de nuevas amistades no compartidas por ambos o la recuperación de viejas aficiones individuales, en general estímulos que le devuelvan las ilusiones y las iniciativas; una segunda opción será que la relación de la pareja se diluya y se llegue a un fracaso, después de años de relación.

¿Y existe alguna solución a tiempo? La probabilidad de que uno de los miembros de la pareja, o en el mejor de los casos, ambos, se tome o tomen la iniciativa de romper con esa “inercia” tolerada y compartida, retomando para ello el entusiasmo por la convivencia es decir modificando la actitud, donde se ceda, uno u otro, ideal ambos, en que no importan los años de la relación y que hay tiempo para cambiar, ¿cómo?  Es necesario que cada cual crea en su propia potencialidad, que muchas veces se desconoce o no se aprecia; Es imprescindible que cada cual crea que la otra persona también es capaz de muchas cosas, aunque hasta el momento no lo haya demostrado;

Es vital que cada cual redescubra en su interior cualidades escondidas que seguramente tiene y aún no se han manifestado.

¿Y como materializarlo? A través del establecimiento de nuevos escenarios, por ejemplo visitar lugares diferentes, juntos, salidas a actividades culturales (cine, teatro), cultivar nuevas aficiones y distracciones no conocidas (me han dicho de un nuevo restaurante), olvidarse un poco del trabajo (sin dejar cumplir los compromisos, las metas, las funciones), tal vez salir a la hora en punto al culminar su jornada laboral y sorprender a su pareja ¡“… hoy te llevo a un lugar espectacular!”

No olvide usted que si hay amor entre ambos, se supone, entre otras muchas cosas, que existe (por uno o por el otro) la habilidad para crear espacios que faciliten que la otra persona sea ella misma, que tenga su propio espacio no compartido. Recuerde que cuando existe motivación interior y exterior el resultado final es positivo y las emociones gratificantes están aseguradas.

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Autor:
Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral:
Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico:
[email protected]
Cuenta de twitter: @gonzlez_ernesto

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