[Duilio Bompadre] La práctica de la mirada

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“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirar con ojos nuevos”.  (Marcel Proust).
Mirar con ojos nuevos es un viaje de descubrimiento cotidiano en la institución educativa. Nos abre posibilidades que aún no conocemos y a las que no se accede solo con el lenguaje oral o escrito. La mirada es un potente comunicador. Favorece el intercambio. Evitarla o desviarla connota desinterés y falta de relación. Cuando miramos a la cara a alguien, nuestra mirada se enfoca en la zona aledaña a los ojos y cuando los ojos se encuentran, se percibe una conexión especial, se comparte algo más entrañable. No solamente sabemos cómo se siente el otro, sino que el otro sabe que nosotros sabemos de su estado de ánimo. Este contacto nos hace sentir vivamente abiertos, expuestos y vulnerables. Cuanto más tiempo dura la mirada, más implicación entre las personas.

Los ojos, según Leonardo Da Vinci, representan el espejo del alma. Cargan las emociones. Forman una parte crucial del lenguaje no verbal. Lo que expresamos con ellos es infinito. El enorme poder de comunicación que tienen se expresa en frases como “me miró fijo”, “al fin me hizo abrir los ojos”, “me desvió su mirada”, “me miró mal”, y tantas otras. Más o menos expresivos, suelen delatarnos si estamos cansados o tristes, alegres o enfadados. Mantenemos los ojos cerrados si queremos apagar el mundo y los mantenemos muy abiertos cuando no queremos que nada se nos escape.

Los ojos, con sus movimientos, pueden regular una conversación y proporcionan un sistema de señales que el interlocutor puede decodificar con solo estar atento. La persona que habla puede tratar de controlar el comportamiento de quien escucha a través de la mirada, por ejemplo, impedir una interrupción, evitar mirar a la otra persona o animarla a responder. Los alumnos que no hacen sus actividades escolares evitan la mirada del docente, mientras que los aplicados la buscan.

¿Cómo miramos a nuestros estudiantes?

“Los profesores entran a clase. Pero ¿realmente los miran a la cara a estos muchachos? ¿Los miran uno por uno? ¿Los llaman por su nombre o solo por su apellido cuando les toman examen?”  (Emilio Tenti Fanfani).

La mirada revela la vida interior del profesor/a, su concepción del mundo y sus valores. Según como nuestros estudiantes la sientan, así nos relacionaremos y reaccionarán. No es igual mirarlos como amenaza, como una carga, que como personas a las que queremos formar y ayudar. Si esperamos de ellos, si confiamos, reaccionarán constructivamente, creativamente. Si los rechazamos, si los ignoramos, se replegarán en su personaje de alumnos y se defenderán de nosotros. Nuestro afecto, sonrisa y palabras amables pueden despertar su afecto, alegría y autoconfianza. Pero si nuestra mirada es de indiferencia, hostilidad, provocarán también rechazo y agresividad (Domínguez Prieto, 2012).

¿Qué mirada usamos con nuestros estudiantes?

La indiferente: Los consideramos un objeto ante nosotros, algo para inventariar. En este caso, el otro no será un acontecimiento para nosotros, no será algo que “nos” pasa, sino algo que pasa ante nosotros.

La acusadora: Ellos, como estorbo; nosotros, sus jueces. De esta manera, favorecemos nuestro individualismo y quedamos inmunizados ante el otro.

La del socio/cliente: Son aquellos con los que intercambiamos un servicio, que tratamos por su rol y función: nosotros desempeñamos nuestro rol de profesores y ellos deben desempeñar el de alumnos. Así, la asociación será fructífera. Así, tendremos clases tranquilas, pero no sucederá un encuentro pleno entre personas.

La de persona: Digna de ser por ser alumnos, niños, adolescentes, jóvenes a quienes podemos dar y ante quienes nos podemos asombrar.

… La forma adecuada de mirar a nuestros alumnos es con asombro ante el misterio que son, con admiración ante la maravilla que encierra cada una de sus personas, incluso con reverencia ante su dignidad absoluta. En cuanto los miramos así, dejan de ser número, dejan de ser uno más, ya son inetiquetables. Cada uno se manifiesta con un rostro único, con un nombre único, y como ser máximamente valioso, al margen de sus resultados, apariencia o ademanes (Domínguez Prieto, 2012).

Sugerencias para una buena comunicación no verbal:

  • Expresar nuestras emociones a través de la cara. El rostro representa el área del cuerpo más importante en el plano expresivo y comunicativo, es el canal privilegiado para la expresión de las emociones, se manifiesta en los comportamientos interpersonales y produce señales relevantes de interacción.
  • Sonreír a menudo y con facilidad aumenta la calidad del intercambio. La sonrisa suaviza las fricciones y anima al otro a devolverla. En general, la sonrisa facilita siempre una relación comunicativa.
  • Lograr coherencia entre la expresión de la cara y las palabras que utilizamos. El rostro, en relación con el lenguaje verbal, es difícil de controlar. La cara es lo que mostramos al mundo y lo que no podemos ocultar.
  • Dirigir siempre la mirada a la persona con la cual uno se comunica. Mirar significa implicarse en la relación y desviar la mirada, no querer establecer contacto. Hay que encontrar el punto justo.
  • Repartir la mirada por igual ante todos. Mantener un contacto visual repercute de modo positivo en la relación y en el aprovechamiento de nuestras clases y encuentros.
  • Mirar transmite seguridad, comodidad, empatía. Mirar hace que exista un acercamiento que luego repercute en la relación grupal.
Miradas superficiales

Muchos de los grandes personajes de la historia y de otros que no han sido conocidos masivamente aparecieron a los ojos de otros como fracasados. Fueron padres y profesores los que los miraban de este modo. Pero el fracaso y la torpeza se convirtieron en desarrollos geniales gracias a que hubo otros que “miraron de otro modo”.

A modo de ejemplo, algunas historias personales:

Ludwig Van Beethoven

“Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”.

Siendo joven, tocaba mal el violín y prefería ejecutar sus propias composiciones en vez de mejorar su técnica. Su profesor consideraba que no tendría futuro como compositor ni como violinista. A los cuarenta y seis años, se volvió totalmente sordo. No obstante, compuso una música genial durante sus últimos años.

Thomas Edison

“Hay una manera de hacerlo mejor, encuéntrala”.

Sus maestros decían que era demasiado tonto para aprender. Por ello, su madre decidió sacarlo de la escuela y enseñarle en su casa. Al joven Edison le fascinaba la ciencia. A los diez años, ya había instalado su primer laboratorio de química; y llegó a crear a lo largo de su vida más de mil trescientos inventos. Cuando inventó la bombilla, realizó más de dos mil experimentos hasta lograr que funcionara. Jamás se sintió fracasado, pues − según dijo él mismo − las mil novecientas noventa y nueve bombillas fallidas le enseñaron cómo no se hace una bombilla.

Albert Einstein

“No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.

No habló hasta los cuatro años y no leyó hasta los siete. En la primaria, su maestra lo describió como mentalmente lento, insociable y encerrado siempre en sueños tontos. Lo expulsaron y no lo dejaron ingresar en la Escuela Politécnica, de Zúrich. En 1905, la Universidad de Berna rechazó su tesis doctoral sobre la teoría de la relatividad por considerarla irrelevante y fantasiosa.

Las expresiones en las miradas

A través de nuestro cuerpo, como espejo de nuestras ideas y creencias, expresamos diversas emociones: alegría, bienestar, enojo, tristeza, preocupación. Con la mirada, damos y obtenemos reconocimiento y nos comunicamos y conectamos. Pero puede ocurrir lo contrario, pues existe la mirada del que no es auténtico, la mirada falsa. Se reconoce inmediatamente que lo que se dice no es sino un disfraz o una fachada.

La mirada auténtica

La mirada auténtica, en la institución educativa, la tiene el que logra ser genuino cada día y no se esconde detrás de un disfraz, un papel o una simulación. Se reconoce esta condición de manera intuitiva y teniendo sentido común. Se suele decir de estas personas que “están bien paradas” y, en nuestra relación con ellas, nos sentimos cómodos y seguros.

Ser auténtico significa ser de hecho y de verdad lo que se es de nombre, a lo que define nuestra vida como humana. Y entonces, resulta así que la persona, en su medida, vive el empeño de llegar a ser mejor cada día y vivir la vida íntegra con dignidad y plenitud humana. Aprender a expresar lo que se siente, verbalizar y manifestar afectos nos permite hacer nuestros los sentimientos y emociones, evitar que se empobrezcan interiormente y que se manifiesten de manera no saludable. Así, se podrá tener mayor tolerancia a la frustración, mayor control de la ira, más capacidad de verbalizar y menos de agredir.

La mirada envidiosa

Puede expresarse de varias maneras: a través de críticas, ofensas, rechazo, dominación, difamación, chismes, agresión, rivalidad, venganza. Es lo contrario a la admiración. La palabra “envidia” proviene del latín y quiere decir ‘yo veo’. La palabra “admiración”, también proviene del latín, significa ‘yo miro a’. “Envidiar” quiere decir ‘mirar mal’; “admirar”, ‘mirar a’. El acto de envidiar coloca a la persona en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. Nace de la sensación o de la creencia de que nunca se podrá acceder a lo que el otro posee.

Se propone, a continuación, algunas actividades para la práctica reflexiva

Reflexión 1

El envidioso

Una serpiente perseguía a una luciérnaga.

Cuando estaba a punto de comérsela, esta le dijo:

— ¿Puedo hacerte una pregunta?
—En realidad, nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú, te lo voy a permitir —le respondió la serpiente.
Entonces, la luciérnaga le preguntó.
— ¿Yo hice algo?
—No —contestó la serpiente.
— ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? —preguntó la luciérnaga.
— No —volvió a responder la serpiente.
—Entonces, ¿por qué me quieres comer? —inquirió el insecto—. Porque no soporto verte brillar —sentenció la serpiente.

Para pensar

  1. Cuando alguien cercano a nuestro entorno actúa de modo acertado e incluso con mérito, ¿nos cuesta felicitarlo y destacar sus capacidades?
  2. ¿Sentimos que no recibimos el mismo grado de afecto por parte de los directivos como ocurre con otros docentes?
  3. ¿Cómo esta nuestra autoestima? ¿Valoramos lo que somos y nuestros logros o pasamos nuestro tiempo mirando y hablando o pensando en lo que hizo el otro para juzgarlo y criticarlo?
Reflexión 2

Hay miradas que sin dudas
dicen más que mil palabras,
y que, al verlas todas juntas,
son como espejos del alma.

Hay miradas que cuando miran
son hirientes y lastiman.
En cambio, hay otras tan serenas
que consuelan y acarician.

Hay miradas que ocultan verdades
que mucho dañan.
Y las hay que, en la diaria lucha,
Fortalecen y acompañan.

Hay miradas que cautivan
por lo bellas y profundas. (Extracto de Miradas, de Axel Fernando, 2005).

En relación con los alumnos:

  1. ¿Somos capaces de mirar a cada alumno con los ojos del corazón?
  2. ¿Nos esforzamos por descubrir sus posibilidades y sus fortalezas más allá de las apariencias?
  3. ¿Les transmitimos comprensión y apoyo con nuestra mirada?
Reflexión 3

En relación con los compañeros y directivos:

“Siempre es mejor que la gente hable cara a cara, con el corazón en la mano. De lo contrario acaban surgiendo malentendidos. Y los malentendidos, ¿sabe?, son una fuente de infelicidad”. (Haruki Murakami)

  1. ¿Cuándo hay una dificultad con nuestros compañeros hablamos cara a cara para superar malentendidos?
  2. A partir del intercambio con los compañeros, ¿podemos mirar las cosas tal como son?
  3. ¿Qué tipos de miradas circulan entre nosotros: miradas que fortalecen y acompañan o miradas hirientes que lastiman?
  4. ¿Hay aspectos de la realidad o personas que no queremos ver?
  5. ¿Si pudiéramos ver con ojos nuevos que veríamos ahora que antes no veíamos?
Bibliografía citada:
  • Domínguez Prieto, X. (2012). El Profesor Cristiano: Identidad y Misión. PPC Editorial y Distribuidora. Madrid.
  • Bompadre Duilio (2016). Sentirnos bien en la escuela. Editorial Stella. Bs.As.

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Autor: Duilio Bompadre, ciudadano argentino, nacido en Buenos Aires, Argentina.
Experiencia laboral: Doctor y Lic. en Ciencias de la Educación (UCALP). Especialización en EVA (UCA/OEI). Bachiller universitario y profesor en Teología (UCA). 35 años de experiencia en la gestión docente en los niveles de educación media y superior y 13 años en la gestión como directivo y supervisor de nivel superior. Cursos de posgrado propios de la especialidad; Evaluador y director de tesis.
Autor del libro “Sentirnos bien en la escuela”, Edit. Stella y de varias publicaciones.
Correo electrónico: [email protected]
Cuenta de Twitter: @dbompadre





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1 Comentario
  1. Buena noche. bendecido 2021, para todos ustedes. felicito, agradezco, el acompañamiento sicosocial, pedagogico en epoca de pandemia. ustedes han sido muy acertados con el fortalecimiento del tejido social. sentimientos de gratitud pos siempre.

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