[Alexander Ortiz] El ego: ese amigo/enemigo fiel

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El orgullo evoca el temor a haberse equivocado. Admitir que nos equivocamos y cometimos un error en la decisión que tomamos, nos hace sentir mal con nosotros mismos, nos causa mucho dolor y sufrimiento. Y por eso creemos y deseamos que la decisión tomada sea irreversible, porque tenemos miedo reconocer que fallamos. La soberbia es el miedo a admitir que nos equivocamos. Por eso nos ponemos arrogantes y altaneros. Admitir que cometimos un error se convierte en un tormento para nuestra cabeza. Es por ello que preferimos el orgullo y la vanidad antes que reconocer que cometimos un error.

Sin lugar a dudas, la estupidez es un atributo humano, y al igual que existe una teoría de las múltiples inteligencias humanas, debería existir una teoría de las múltiples estupideces humanas.

La persona orgullosa, vanidosa y soberbia actúa con arrogancia y altanería para justificar sus decisiones, pero nunca reconoce sus errores; prefiere perder algo valioso, incluso autodañarse, antes que reconocer que se equivocó. Orgullo y soberbia son de los peores defectos de un ser humano. Es una enfermedad mental. Son las máscaras del EGO.

Una persona orgullosa, altiva, arrogante y prepotente se cree mejor que la otra, entonces el hecho de aceptar que la otra persona tiene la razón y que él o ella se han equivocado, en su mente obtusa y refractaria es como rebajarse ante el otro, y eso jamás lo hace una persona soberbia; prefiere tirar todo por la borda antes de dar su brazo a torcer. Es triste y da pesar una persona así. Es una persona enferma de su mente, necesita un tratamiento psicológico y espiritual.

Quedarnos en el orgullo y la vanidad es quedarnos en nuestra zona de confort, en lo más bajo y oscuro del ser humano. Hay un tratado sobre la inteligencia perdida que habla justamente sobre nuestra estupidez. Definitivamente, la inteligencia humana ha fracasado. La inteligencia humana está en cautiverio. Es la servil gacela del ego.

Perdonar al ego

La ira nunca está justificada. El enojo solo te causa daño a ti mismo. Cada vez que te enfadas con algo o alguien, es porque ha sido activada alguna culpa inconsciente en tu mente, de la que ni siquiera te percatas porque es inconsciente. Si no te sientes tranquilo y en paz, es hora de perdonar tu aparente culpa. El ego te hace sentir miedo por la culpa. Debes enfocarte en perdonar el sistema de pensamiento de tu ego, basado en el miedo que mora ahí en tu mente inconsciente.

Siempre que te enojes por alguna situación, es porque estás sintiendo y pensando con el ego. Todo sentimiento es el resultado de un pensamiento vivido. Cuando algo te molesta, es porque el ego activa los pensamientos y sentimientos de tu mente inconsciente y afloran en tu mente consciente. Cada vez que juzgues algo, estás pensando con el ego. Para evitar que esa situación perturbe tu tranquilidad y tu paz mental, debes descubrirte pensando con el ego y detenerte, trascender el ego. Esto lo logras perdonando. En realidad no hay culpables, solo el perdón genera sanación. Debes perdonarte y perdonar incluso a tu enemigo.

Ama a tu enemigo, perdónalo para que lo puedas amar. Así serás más feliz tú. Solo lo amas si lo perdonas. Y solo lo puedes perdonar si lo comprendes. Si no comprendes su enfermedad no podrás perdonar y mucho menos amar. Esto lo logras trascendiendo el ego.

Trascender el ego

Es muy sencillo ser feliz: trascendiendo el ego, dominándolo, hacer que se rinda, doblegarlo. El ego nos causa dolor y sufrimiento, se oculta a través de sus máscaras: ira, soberbia, arrogancia, orgullo, vanidad, codicia, ignorancia, prepotencia, altanería. Hay que unir la mente al cuerpo, para vivenciar el aquí-ahora. Las emociones de la alegría, tranquilidad, paz y felicidad solo emergen de la unión mente-cuerpo, lo que implica que la mente viva en el presente corporal, no en experiencias pasadas ni en un futuro desconocido.

Solo vivimos felices en nuestra experiencia mental anclada al cuerpo, porque esa es la única realidad que existe. El pasado no existe como realidad, porque es una experiencia que ya no es. El futuro tampoco existe como realidad, porque es una experiencia impredecible. No es posible ser feliz en el pasado ni en el futuro, solo podemos ser felices en el presente, en las biopraxis, en el aquí-ahora, en este momento, en este fragmento de vida, en este instante, en este suspiro que ya no existe, el cual está cargado de sufrimiento, para poder ser felices.

¿Ser feliz sin sufrir?

Los seres humanos siempre queremos ser felices sin sufrir, y eso es imposible. No hay felicidad sin sufrimiento. El dolor es la base de la alegría. Cuando sufrimos mucho es porque la alegría está cerca. El dolor nos acerca a la felicidad. No es posible sufrir toda la vida. Siempre que llueve, escampa. Ningún dolor es vitalicio.

Después de una tormenta, siempre llega la calma. Por lo tanto, debes ser feliz en el sufrimiento. Debes alegrarte cuando sientas un dolor profundo. Porque de manera inmediata vendrá tu felicidad. Y cuando seas muy feliz, preocúpate. Porque la felicidad tampoco es eterna. En algún momento llegará nuevamente el dolor. Así transcurre el vivir humano, en una continua afluencia entre sufrimiento y felicidad, entre dolor y alegría. Pero nuestro sesgo de confirmación nos impide ver esta realidad.

Sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación en psicología es la tendencia de una persona a favorecer la información que confirma sus suposiciones, ideas a priori o hipótesis, independientemente de que éstas sean verdaderas o no. El fenómeno también es conocido con el nombre de sesgo confirmatorio o sesgo de mi punto de vista. Este sesgo es muy nocivo, porque nos lleva a tomar decisiones erradas, pensando y asumiendo que son las correctas.

Cuando tomamos decisiones erradas, las consecuencias son nefastas y nos causan mucho dolor y sufrimiento. Entonces queremos revertir la decisión, pero hemos causado tanto daño que el universo entero conspira y todos los astros se confabulan para no dar marcha atrás al proceso. Es una ley: la evolución humana, la impermanencia, todo cambia, todo fluye, nada es sólido ni permanente, todo se desvanece en el aire como pompas de jabón. Por eso sufrimos. No hay otra alternativa. Debemos sufrir para poder ser felices. Y si no comprendes esto, entonces pide ayuda, abandona tu ego y tu orgullo, eso no te hace una persona inferior.

Es tu corazón quien te habla

Cuando en las palabras de alguien ves ataque es porque en tu soberbia y arrogancia, y en tu ilusión de estar separado de la realidad, imaginas el ataque. Pero en realidad, nadie te está atacando. No te quedes en las palabras, el verdadero mensaje está en lo que se te despierta en tu interior, y te convence que debes silenciar. No es que alguien te quiera dar un mensaje, eres tú quien libremente lee lo que escribe alguien o lo que te dicen, y no atiendes a lo que se despierta dentro de ti, que es donde radica el verdadero mensaje de las palabras que se escriben.

Quien habla no emite ningún mensaje. Es el corazón de quien escucha o lee quien ofrece un mensaje al escuchar lo que escucha, o al leer lo que lee. Atiende al mensaje que te envía tu interior. Quien habla o escribe es responsable de lo que dice, pero no es responsable de lo que tú escuchas o lees. Si captas algún mensaje en sus palabras, no te lo está trasmitiendo alguien, sino tu propio interior. Es tu corazón quien te habla.

Pedir ayuda

Imagina que estás con una cantidad de objetos en tus brazos. La gente te admira, te felicita y es compasiva contigo. Pero no saben que eres incapaz de saber qué hacer con tantos objetos. Finalmente se te caen algunos. Cuando se te caen te entristeces mucho, y en esos momentos todos se ríen de ti. Sería más fácil para ti pedir ayuda, o soltarlos en un lugar e ir acomodando de a poco, hasta construir algo hermoso con esos objetos, aunque incluso algunos de ellos sean punzantes. En vez de eso, que es lo más lógico, justo y sensato; prefieres mirar la noche oscura.




Autor:
Alexander Ortiz Ocaña, ciudadano cubano-colombiano.
Universidad del Magdalena Santa Marta, Colombia
Doctor en Ciencias Pedagógicas, Universidad Pedagógica de Holguín, Cuba. Doctor Honoris Causa en Iberoamérica, Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE), Lima. Perú. Magíster en Gestión Educativa en Iberoamérica, CIHCE, Lima, Perú. Magíster en Pedagogía Profesional, Universidad Pedagógica y Tecnológica de la Habana. Licenciado en Educación.
Correo electrónico: [email protected] / [email protected]

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