UNICEF: La angustia psicosocial y la mala salud mental afligen a un número excesivo de niños

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Millones de niños de todo el mundo se vieron impedidos de acudir a sus escuelas, y fueron encerrados – sin mayor preámbulo, preparación o información- en sus casas, con todas las limitaciones y carencias que ya tenían antes de la pandemia de COVID 19; se les privó de socializar y jugar con sus amigos, y no pocas familias se vieron agobiadas a una mayor pobreza, sin poder llegar a fin de mes. El trabajo infantil, los abusos y la violencia de género fueron en aumento. Emocionalmente se introdujeron, con mayor fuerza en el “pozo oscuro” de la tristeza, la soledad, el dolor, la ansiedad…  No tuvieron respuesta hacia dónde se enrumbaba el mundo, su mundo, su lugar vital de vida y desarrollo social. Y algunos lugares, hasta hoy, se prolonga el no regresar a la escuela, la falta de conectividad digital, la inseguridad ciudadana, y otros tantos problemas personales, familiares y sociales como consecuencia de la pandemia.

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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, nos advierte que el informe de la UNICEF la sobre la salud mental de los niños, niñas, los adolescentes y sus cuidadores, “se calcula que más de 1 de cada 7 adolescentes de 10 a 19 años en todo el mundo tiene un problema de salud mental diagnosticado”. En América Latina y el Caribe, se estima que el 15% de los niños, niñas y adolescentes de entre 10 a 19 años (alrededor de 16 millones) viven con un trastorno mental diagnosticado. Eso es más alto que el promedio mundial de alrededor del 13 por ciento. Y, además, es preocupante que son más de 46,000 los adolescentes que se suicidan, pues continua “habiendo grandes diferencias entre las necesidades relacionadas con la salud mental y la financiación destinada a esta cuestión”. ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2021. PROTEGER Y CUIDAR LA SALUD MENTAL DE LA INFANCIA. RESUMEN EJECUTIVO

TESTIMONIO DE ANDRÉ (02´ 49”)

“Muchos niños están sumidos en la tristeza, el dolor o la ansiedad. Algunos se preguntan hacia dónde se dirige este mundo y cuál es su lugar en él. De hecho, estos son tiempos muy difíciles para los niños y los jóvenes, y esta es la situación por la que atraviesa su mundo hoy en día, en 2021. Pero incluso si no hubiera una pandemia, la angustia psicosocial y la mala salud mental afligen a un número excesivo de niños, incluidos los millones que cada año se ven obligados a abandonar sus hogares, marcados por conflictos y graves adversidades y privados de acceso a la escolarización, la protección y el apoyo que necesitan. […] De hecho, la pandemia de COVID-19 no ha hecho más que mostrar la punta del iceberg de los problemas de salud mental. Es un iceberg que hemos estado pasando por alto durante demasiado tiempo y, a menos que actuemos, seguirá generando resultados desastrosos para los niños y las sociedades mucho después de que la pandemia haya terminado.

Cuando dejamos de lado la salud mental de los niños, socavamos su capacidad de aprender, trabajar, establecer relaciones significativas y hacer contribuciones al mundo. Cuando descuidamos la salud mental de los progenitores y los cuidadores, no les apoyamos para que nutran y cuiden a sus hijos de la mejor manera posible. Y cuando obviamos los problemas de salud mental en nuestras sociedades, ponemos coto a la conversación, reforzamos el estigma y no permitimos que los niños y los cuidadores busquen la ayuda que necesitan”.

Y tomando las palabras de Lea Labaki, investigadora junior y defensora en la División de Derechos de las Personas con Discapacidad, la Unicef nos dice que “el malestar psicológico no es un comportamiento desviado que deba reprimirse y ocultarse, sino un aspecto normal de la experiencia humana”, y no debe ser callado más.

“En 2020, llegamos a 47,2 millones de niños, adolescentes y cuidadores con apoyo psicosocial y de salud mental basado en la comunidad, incluyendo campañas de concienciación comunitaria específicas en 116 países; es decir, casi el doble de países que en 2019. Este compromiso no hará más que aumentar en los próximos años, al igual que nuestros esfuerzos para garantizar la inversión en salud mental y hacer frente a las lacras relacionadas con el abandono, los abusos y los traumas infantiles que socavan la salud mental de un número excesivo de niños. Porque sabemos que todos debemos hacer un mayor esfuerzo”.

“Todos debemos trabajar para ayudar a romper el silencio en torno a la salud mental, desafiar los estigmas, fomentar la alfabetización en salud mental y garantizar que el mundo escuche las opiniones de los jóvenes, especialmente de aquellos que han vivido problemas relacionados con la salud mental.

Y todos debemos comprometernos a actuar en esferas esenciales, como por ejemplo prestar un mejor apoyo a los progenitores, garantizar que las escuelas sean lugares más acogedores y seguros, y – mediante la inversión y el desarrollo de la mano de obra – abordar las necesidades de salud mental de las familias en ámbitos como la protección social y la atención comunitaria”.

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Este informe nos recuerda que “la salud mental es un derecho básico y esencial para alcanzar los objetivos mundiales, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. […] Los factores de riesgo y protección pueden organizarse en tres esferas de influencia: el mundo del niño se centra en el hogar y los entornos de la atención; el mundo en torno al niño implica la seguridad y los vínculos saludables en los centros preescolares, las escuelas y las comunidades; y el mundo en general incluye los determinantes sociales a gran escala, como la pobreza, los desastres, los conflictos y la discriminación. […] Las investigaciones han demostrado que la exposición a por lo menos cuatro experiencias adversas en la infancia está firmemente asociada con la aceptación de riesgos en el ámbito sexual, los trastornos de salud mental y el abuso del alcohol y está aún más firmemente asociada con el uso problemático de drogas, la violencia interpersonal y la violencia contra uno mismo”.

Y entre los constituyentes para preservar la salud mental, la Unicef nos recuerda que “las escuelas pueden ser entornos saludables e inclusivos en los que los niños aprenden habilidades fundamentales para reforzar su bienestar, pero también son lugares en los que los niños sufren acoso, racismo, discriminación, presión de los compañeros y estrés por el rendimiento académico”. Y a pesar “de los vínculos entre las oportunidades de aprendizaje temprano y el desarrollo infantil, alrededor del 81% de los niños de los países menos desarrollados no participan en programas de aprendizaje en la primera infancia. Entre los niños de más edad, el hecho de no poder ir la escuela o de abandonar los estudios antes de terminarlos está relacionado con el aislamiento social, lo que a su vez puede provocar trastornos de salud mental, como autolesiones, ideas suicidas, depresión, ansiedad y consumo de sustancias”.

El cierre de las escuelas a causa de la pandemia del coronavirus, “intensas emociones se apoderaron de la vida de muchos millones de niños, jóvenes y familias”, y tardaremos años en evaluar la verdadera repercusión de la COVID-19 sobre la mental de los niños y jóvenes. Además de correr “el riesgo de que la repercusión de esta pandemia cause estragos en la felicidad y el bienestar de los niños, los adolescentes y los cuidadores durante los próximos años, y ponga en peligro las bases que sustentan la salud mental”.

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“Si la pandemia nos ha enseñado algo es que nuestra salud mental es profundamente sensible al mundo que nos rodea. Lejos de ser simplemente lo que se le pasa a una persona por la cabeza, el estado de salud mental de cada niño y cada adolescente depende mucho de sus circunstancias vitales: las experiencias con sus progenitores y cuidadores, las relaciones que entablan con sus amigos y las oportunidades que tienen para jugar, aprender y desarrollarse. Asimismo, la salud mental es un reflejo de cómo influyen en sus vidas la pobreza, el conflicto, la enfermedad y el acceso a las oportunidades que se les presentan. Si estas conexiones no estaban claras antes de la pandemia, no hay duda de que ahora lo están. Esta es la realidad que vertebra el Estado Mundial de la Infancia 2021”.

Como educadores, les sugerimos la lectura del informe completo, socializarlo y compartirlo con la comunidad educativa. El texto original lo puede usted descargar en este enlace: ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2021. PROMOVER, PROTEGER Y CUIDAR LA SALUD MENTAL DE LA INFANCIA

Este informe nos invita a romper el silencio del conformismo o de la indiferencia que rodea a la salud mental. Ojalá podamos mirar al niño y al joven golpeado por el confinamiento, la incertidumbre, los fake news, las limitaciones materiales, la pérdida de algún amigo o ser querido, la incertidumbre y, sobretodo, ayudarlos a enfrentar y curar el estigma del desequilibrio emocional y los trastornos mentales, tomando en serio su experiencia durante la pandemia del Covid 19.

Ojalá que esta lectura nos impulse a prestar una atención receptiva y respetuosa a cada estudiante, a cada profesor, a cada familia y a cada miembro de nuestra comunidad educativa. Deseamos que este informe nos motive no solo elaborar protocolos sanitarios, sino también políticas favorables a la revalorización de la tarea docente, a la importancia de trabajar juntos escuela y familia, apoyar la salud mental y psicosocial, y promover la protección contra el abuso, la indiferencia, la negligencia y la falta de recursos a la salud y la educación.

“Todos debemos trabajar para romper el silencio alrededor de la salud mental. Hay que desafiar los estigmas, mejorar la educación relativa a la salud mental y asegurarnos de que las voces de los jóvenes sean escuchadas, especialmente las de aquellos que han experimentado desafíos de salud mental”. (Henrietta H. Fore).

REDACCION WEB DEL MAESTRO CMF



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