Si usted no cree en la necesidad de la formación permanente, no sirve para ser docente (I parte)

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La formación inicial docente es el comienzo de un largo camino de actualizaciones. Quien toma el camino de la docencia, debe tener muy claro que los conocimientos aprendidos no se estacionan en la memoria de una vez para siempre, sino que están en “movimiento”, se incrementan y están alertas para conocer nuevas experiencias educativas. Los profesores nos sabemos sometidos al tiempo y a un continuo “devenir”, que debemos sumar día a día el conocimiento adquirido con la revisión en forma periódica y permanente lo que ya conocemos. Lo comparo con la experiencia de escalar montañas, llegar a una cumbre, que parece la más alta y llegando a su cima se distingue otra. El profesor que no tiene deseo de una formación permanente, “restringe la creatividad y la intuición congénitas. y contraría la imaginación. la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, …” (Gabriel García Márquez).

La formación docente de excelencia, sigue siendo la más clara garantía para una educación para todos y todas, por ello estamos obligados todos y todas a encarar el presente con compromiso pedagógico, ético y social para ir al encuentro del mañana desde el presente. Los profesores tenemos que mirar al futuro, pero el pasado es la pierna que tenemos en el suelo cuando avanzamos, necesitamos no olvidar el camino recorrido. Si hay buenas experiencias busquemos lo bueno y si es nuevo, perfecto, pero no confundamos lo bueno con lo nuevo porque caeremos en una ingenuidad y llamaremos «escuela innovadora» a cualquier deslumbrante novelería. “No podemos pretender comprender el presente y trazar una ruta hacia el horizonte con la mirada clavada en el retrovisor. Mucho menos cuando la velocidad y la aceleración continua de las innovaciones nos increpan sobre el futuro de la formación docente” (Luis Bonilla-Molina).

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A los educadores, en general, -por experiencia-, sabemos que no todo lo viejo no vale, o que todas las innovaciones son buenas. Ahora tenemos la oportunidad de acompañar a nuestros estudiantes en proceso de encontrar el “equipaje” que necesitarán para vivir su futuro. Ya conocemos que es mucho más fácil educar a los estudiantes para nuestro pasado que para su futuro, por no mirar el futuro, por el poco interés por conocer las nuevas propuestas o por apatía para aprender nuevas rutas pedagógicas, -entre otras razones- que “justifican” la poca exigencia personal, el mantenerse en “zona de confort” o revalorizar la tarea docente.

Para Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, los sistemas educativos son (en su mayoría) sustancialmente conservadores, porque todo cambio o actualización causa ansiedad en los padres, al enfrentarse a la exigencia de aprender cosas que – algunos de ellos- no entienden. “Los profesores del Siglo XXI tenemos la exigencia de conocer “la historia de la pedagogía, de la educación, de los avances científicos en la materia. Los profesores debemos ser formados psicopedagógicamente con mucha exigencia, no dejar de estudiar y de prepararnos nunca, “ya que esta profesión requiere de una transformación y de una evolución personal continua”. MAR ROMERA: EL DOCENTE DEL SIGLO XXI TIENE QUE SER UN DOCENTE CULTO, QUE LEE MUCHO, QUE DOMINA LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN…

El mundo educativo no es estático, siempre ha habido, hay y habrá nuevas opiniones, propuestas y experiencias educativas, filosóficas, pedagógicas, psicológicas, didácticas, epistemológicas, tecnológicas, psicológicas, históricas y lingüísticas entre otras, que tocan tangencial o transversalmente el quehacer docente. “Sabemos que una sociedad evoluciona, tiene movilidad social cuando las diversas generaciones van aportando a una mejor y mayor calidad educativa. Es a través de una mejor educación con mejores profesores, como las personas mejoran su futuro laboral, se pueden adaptar a los cambios tecnológicos e incorporar los avances tecnológicos a los nuevos conocimientos, pero con ética. Los profesores tenemos que estar atentos a los cambios, porque no somos piezas de museo, sino seres humanos – con valores y trascendencia- que asumimos ser corresponsables de la generación, crecimiento y estabilización de “una escuela abierta para todos los alumnos, ya sea que vivan en una pequeña población rural o en grandes urbes, lo que permitiría una mayor equidad social”.

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Un buen número de profesores estamos convencidos –sea cual sea el manejo de tecnologías educativas de última generación o no- que nuestra tarea en el aula no puede ni será reemplazada por la informática, la robótica o el 5G y, menos organizará el trabajo en equipo colaborativo y corresponsable. La presencia, comunicación, cercanía y la interacción del profesor con los alumnos, su palabra, su escucha, su mirada y sus emociones con huella propia, lo hace un agente necesario e indispensable en el proceso enseñanza – aprendizaje de los seres humanos. Porque estamos transitando una etapa “con menos lección tradicional y más aprendizaje autónomo (apoyado en soportes más interactivos), entre pares (colaborativo) y con la comunidad”.

 

“De hecho, deshumanizamos a la gente para encajarlos dentro de las economías industriales, y creo que ahora debemos rehumanizarnos de nuevo a través de la educación” (Eva Millet).  El profesor, “está siendo menos transmisor de información y más diseñador de entornos, situaciones, experiencias y procesos de aprendizaje“. Y esa tarea no la haría un robot.  Cf UNIVERSIDADES. CÓMO ENSEÑAR EN EL MUNDO QUE VIENE.

En la segunda parte, (que esperamos tengan a bien leer), trataremos de orientar nuestra reflexión frente a la educación ética para usar la informática, la robótica o el 5G, encaminados al Bien Común.

“Los profesores pueden ser capaces de originar esta revolución, pero es posible que todavía no estén preparados para ello. Una de las cosas que sabemos sobre el futuro es que las profesiones más humanas son las que tienen más posibilidades de sobrevivir, y la enseñanza es una de ellas” (Alex Beard).


REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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