Innovación educativa ¿En mayúsculas o minúsculas innovaciones?

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Después de algunas publicaciones que tocan el tema de “innovación educativa”, creo que es muy oportuno y conveniente el que los profesores, como efectivos protagonistas del proceso educativo, sepamos definir (académicamente) cada uno de los términos que muchas veces utilizamos como sinónimos, y que en el fondo nombran fenómenos que son diferentes, como: reforma, revolución, transformación, cambio o innovación, educativas.

Si bien podemos decir que están relacionados, cada una no dice lo mismo para todos. Por eso, nos ha parecido muy elemental el conocer los nuevos lenguajes que irrumpen en el mundo educativo, para que nuestras opiniones, en los diálogos, en las redes y en nuestras exposiciones, no resulten vacías de significado: y sean un verdadero compartir experiencias enriquecedoras.

El decir lo que es algo, de tal manera que pueda diferenciarse de lo que no es, nos corresponde a los profesores, como activos propulsores del descubrimiento y uso de nuevos términos en la educación. Evitemos estar en la encrucijada laboral de convertirnos en “mandaderos” de un grupo de “técnicos-dueños-del-nuevo-lenguaje”, porque es un compromiso existencial y vocacional el ser profesor, “como para dejar ese espacio en las manos de grupos determinados o de personas relevantes que se arrogan el derecho de decidir por los demás, en nombre de una racionalidad pretendidamente científica o amparados en el mayor dominio del mundo simbólico o bien por el poder político. Democratizar el debate en el sentido [de] dar igualdad de oportunidades a todas las ideas, que no es lo mismo que decir que todas tienen igual valor y legitimidad” (Guillermo Pérez Gomar).

Hoy, les proponemos recordar, conocer y repasar las opiniones sobre lo que es la “INNOVACIÓN EDUCATIVA”, porque nuestra formación vocacional es permanente, porque no nos basta conocer, porque necesitamos tener “la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica” (Aristóteles), y porque “la buena didáctica es aquella que deja que el pensamiento del otro no se interrumpa y que le permite, sin notarlo, ir tomando buena dirección” (Enrique Tierno Galván).

El maestro, licenciado y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, Francisco Imbernón, afirmó en 1996, que “la innovación educativa es la actitud y el proceso de indagación de nuevas ideas, propuestas y aportaciones, efectuadas de manera colectiva, para la solución de situaciones problemáticas de la práctica, lo que comportará un cambio en los contextos y en la práctica institucional de la educación” (Buenos AIres). Pero la definición no es suficiente, afirmó Imbernón, sino que también se debe de tener en cuenta sus características:

  • Eficacia en el aprendizaje: se consiguen los objetivos que suelen ser mejorar los resultados académicos, las competencias, o cualquier otro objetivo relacionado con el aprendizaje, demostrado de forma inequívoca.
  • Eficiencia de la eficacia: que los beneficiarios (suele ser el alumnado) alcanzan la característica anterior (la eficacia) con menos esfuerzo que si no se aplicara esa innovación.
  • Transferibilidad: la práctica se pueda utilizar fuera del contexto donde se ha desarrollado. Y
  • Sostenibilidad: la práctica debe poderse aplicar incluso después de que se haya agotado la financiación, se haya publicado, o haya finalizado el periodo oficial para realizar la experiencia. (cf CÓMO IDENTIFICAR UNA BUENA PRÁCTICA DE INNOVACIÓN EDUCATIVA).

20 años después [de Imbernón] seguimos hablando mucho de innovación educativa. […] ¿qué es la innovación educativa? ¿Por qué es importante la innovación educativa?, ¿por qué tenemos que innovar?, ¿para qué innovamos?, ¿a dónde nos lleva la innovación? y ¿para quién innovamos? Hemos querido saber ¿quién debe innovar?, ¿quién debe participar en la definición de los procesos de innovación? y ¿cuánta innovación necesitamos? Saber si cuando hablamos de innovación nos referimos a una innovación en mayúsculas que cambia radicalmente el centro educativo o de pequeñas innovaciones que van transformando poco a poco la realidad. Y, por supuesto, nos hemos preguntado también por las barreras a la innovación. Por saber, entre otras cosas, ¿a qué elementos de la cultura escolar se enfrenta un proceso de innovación?

El futuro no se puede predecir, sino que se tiene que construir, y nuestra actitud debe ser la de afrontarlo de una manera activa. El planteamiento de preguntas puede ser más importante que la búsqueda de las respuestas correctas”, recomendaba Maija Berndston soñando en el futuro de las bibliotecas (Bertelsmann. 2015)…” (SANTILLANA LAB, BETA).

En general, “cualquier innovación introduce novedades que provocan cambios; esos cambios pueden ser drásticos (se deja de hacer las cosas como se hacían antes para hacerlas de otra forma) o progresivos (se hacen de forma parecida, pero introduciendo alguna novedad); en cualquier caso, el cambio siempre mejora lo cambiado; es decir, la innovación sirve para mejorar algo. Los cambios drásticos suelen llevar asociado un alto coste y únicamente se incorporan en situaciones límite o estratégicas; sin embargo, los cambios progresivos suelen llevar asociado un bajo coste y son perfectamente asumibles.

En educación cambio y mejora son las dos palabras que incluye cualquier definición de innovación educativa. “La innovación educativa es la aplicación de una idea que produce cambio planificado en procesos, servicios o productos que generan mejora en los objetivos formativos” (cf Ángel Fidalgo, ¿QUÉ ES INNOVACIÓN EDUCATIVA?).

Esos cambios y mejoras se orientan a:

  • la formación integral del estudiante, en conocimientos, habilidades, actitudes y valores, que lo conduzcan en la búsqueda de un aprendizaje significativo, autogestivo, integral y metacognitivo; y
  • la formación docente, permanente y actualizada, para asumir el reto de la construcción de nuevos aprendizajes, que a su vez representan el desarrollo de procesos formativos (Calderón, 1999), y que impactarán su práctica profesional.

El desafío que la innovación educativa plantea a los profesores -considera Arturo Barraza Macías-, es viabilizar en su propia realidad, entre otros:

  • un currículo flexible y con materias optativas,
  • una movilidad del estudiante y por ende del conocimiento que se genera,
  • la diversificación de ambientes de aprendizajes,
  • la adecuación de la educación a los ritmos, condiciones y procesos de aprendizaje de los alumnos,
  • una docencia optativa como apoyo al aprendizaje y
  • una comunidad de aprendizaje que se desarrolle en ese ambiente.

Los profesores debemos entusiasmarnos por hallar el más perfecto enlace y articulación entre nuestra formación inicial y la actualización permanente, de tal manera que los desafíos de la educación en el mundo de hoy, nos anime a capacitarnos en la búsqueda creativa de soluciones y nuevas alternativas, que faciliten el buen manejo del necesario proceso de investigación.

Les sugerimos profundizar algunos de los conceptos anteriores en la monografía de Arturo Barraza Macías: INNOVACIÓN EDUCATIVA.

El doctor en Educación, Tony Wagner, gran animador de la visión sobre innovación educativa, tiene algunas sugerencias para que logremos las habilidades que faciliten el éxito de una innovación educativa:

  • Es clave tener pensamiento crítico, poder entender lo que es importante y qué no importante, otras palabras: ¿Qué es correcto y qué no es correcto? Frente a grandes cantidades de información. “en las escuelas, el pensamiento crítico ha sido una frase de moda en los labios de los educadores, esto debido a su importancia, pero pocos me podrían contestar qué es lo que hay tras del concepto y sobre la forma en que enseñan el mismo o la someten a una evaluación”.
  • En el mundo real la vida y del trabajo, las respuestas correctas no están allí y las cosas cambian, por lo que la gente necesita adaptarse y ser capaz de hacer frente a la disrupción (discontinuidad). Nuestros estudiantes ante una nueva pieza de tecnología, de inmediato se ponen a explorar y jugar con la misma. “Las escuelas parecen empeñadas en destruir esta habilidad vital”.
  • Se necesita gente proactiva, con iniciativa, característica de las personas exitosas, con creatividad, capaces de dar de sus propias respuestas y soluciones. “Y [en] las escuelas, una vez más, se hace poco para alentar estas conductas y mucho para destruirlo”.
  • Desarrollar las habilidades de la curiosidad e imaginación, que son innatas, al igual que la adaptabilidad.
  • Construir un ambiente educativo con menos estructura jerárquica y más recíproca y relacional.

LAS SIETE HABILIDADES DE SUPERVIVENCIA DE TONY WAGNER

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), nos brinda (a los profesores) un primer texto descargable en PDF, sobre este tema, como un apoyo para nuestra formación y autoformación y la reflexión sobre la práctica profesional. Nos invita a que descubramos nuestras potencialidades para innovar y generar cambios y asumir con mayor seguridad nuestro papel protagónico en el aprendizaje de nuestros estudiantes. El contenido de este texto pretende a ser un recurso que nos permita estar en “capacidad de comprender las dinámicas que viabilicen el que una institución se oriente hacia la innovación. Y lo propone en cuatro unidades:

  1. CALIDAD DE LA EDUCACIÓN, INNOVACIÓN Y MEJORA: Establecer el alcance de la innovación en las instituciones educativas en el contexto del mejoramiento de la calidad de la educación.
  2. FACTORES QUE FAVORECEN U OBSTACULIZAN LA INNOVACIÓN: Reflexionar sobre los factores de tipo personal, institucional y social que favorecen o dificultan la innovación en las instituciones educativas.
  3. CARACTERÍSTICAS DE LAS ESCUELAS QUE INNOVAN: Establecer dinámicas que orienten la innovación educativa mediante un análisis de las características de instituciones abiertas al cambio.
  4. EL PROCESO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA: Identificar los componentes del proceso de la innovación y definir acciones que permitan que se desarrolle en las instituciones.

Aquí puede Usted descargar el aporte de la UNESCO (2016): INNOVACIÓN EDUCATIVA, HERRAMIENTAS DE APOYO PARA EL TRABAJO DOCENTE.

“’La habilidad natural de las personas muchas veces está enterrada profundamente, como los recursos naturales. Con muchas personas, algo ocurrió que les permitió traer a la superficie ese talento: conocieron a alguien, vieron algo, tuvieron un educador’” (Ken Robinson).

REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF




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