Transformar la educación exige autoridades dispuestas a practicar la escucha activa y el diálogo directo con estudiantes y profesores. Solamente partiendo de la realidad viva del aula es posible reinventar las escuelas, promoviendo mentes libres, críticas y comprometidas con un cambio verdadero. La protección en la formación de la libertad del pensamiento crítico y de ser escuchados (siempre) deben ir acompañados de la responsabilidad según la edad y de entender -y aceptar- las consecuencias proporcionales.
El segmento generacional, a la cual pertenecen nuestros estudiantes, es un factor que no puede ser desestimado o ignorado, porque sólo conociéndolos -a través del diálogo-, se podrá examinar acerca de las herramientas pedagógicas que deben utilizarse en su proceso de enseñanza – aprendizaje. Si deseamos llegar a ellos y motivarlos para adquirir los conocimientos que les proponemos, será construyendo “puentes”, sabiendo las características propias de una generación que tiene rasgos singulares y nuevos.
Es conveniente acordar el uso de los términos. Partimos de la premisa de que una «generación» comprende a la población de edad similar que vive en una misma época, comparte rasgos de personalidad y comportamiento, así como valores morales y afinidades culturales, siempre influenciada por su contexto geográfico y social. En este sentido, lo ocurrido en Francia desde septiembre de 2026 refleja -salvo mejor opinión- un claro cansancio frente a normas impuestas a rajatabla que terminaron provocando una ruptura con los estudiantes, para quienes el disponer –desde el 23 de octubre- de una vía para manifestar su opinión en la plataforma Afora, sobre los cambios en la Educación Secundaria, ha resultado estéril para las protestas y los desmanes.
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Los profesores sabemos -aunque sea una frase trajinada- que los niños y jóvenes están cambiando con una prontitud como antes no había ocurrido, y eso es tan real, que el mercado -sobre todo el digital con la IA- está estudiando sus características como actuales y futuros consumidores. Esta publicación podría ayudar a profundizar este tema: Charles Fadel: Las redes sociales compiten por tu atención; la IA va a competir por tu cognición
Por eso nos parece que legislar sobre educación sin analizar primero con el estudiante y el profesor equivale a recetar un tratamiento médico a ciegas, ignorando los síntomas reales y las necesidades específicas del paciente. Una ley puede parecer perfecta en el papel, pero resultar inaplicable cuando desconoce las condiciones de infraestructura, los recursos disponibles y la realidad socioeconómica de las escuelas. Cuando quienes elaboran las políticas y se aíslan en sus escritorios, pierden el contacto con lo que realmente ocurre en las aulas y corren el riesgo de establecer normas alejadas de las necesidades concretas del estudiante y del profesor. Como se ve en casos sobre el uso de los celulares en las escuelas.
Escuchar al estudiante y al profesor no es un trámite, sino una condición para que una reforma o cambio tenga sentido y sea asumida por quienes deberán vivirla y aplicarla. Cuando no participan en su construcción, pueden aparecer resistencia, apatía, burocracia, estrés y efectos no previstos que terminen agravando los problemas existentes. Los análisis de la educación deben realizarse también en las aulas, mediante el diálogo, las mesas de consulta, la observación directa y la experiencia de quienes enseñan y aprenden. Sin esa base empírica y humana, cualquier reforma corre el riesgo de convertirse en un experimento impuesto desde arriba, en lugar de una respuesta construida con el estudiante y el profesor, que son quienes conocen de primera mano la realidad educativa.
La pedagogía también debe conocer las generaciones que están en las aulas
Transformar las prácticas pedagógicas constituye un desafío indispensable para los profesores ante la evolución de las nuevas generaciones. Aunque la segmentación generacional suele responder a criterios comerciales y corre el riesgo de etiquetar a los individuos, ofrece un marco de referencia útil para comprender cómo coexisten hoy distintas multitudes en el entorno educativo: desde los Baby Boomers (quienes suelen ocupar cargos directivos o de docencia superior) hasta las Generaciones X, Y (Millennials), Z y Alpha.
A menudo se escuchan quejas sobre la falta de atención, la mala redacción o el uso excesivo del celular en el aula o la escuela, planteando soluciones drásticas como la prohibición de llevar los móviles o tener que dejarlos en un “almacén” hasta la hora de salida. Y cada generación -sabemos- usan los celulares de manera distinta.
Las prohibiciones, en lugar de reducir el problema a que son solo distracciones, acrecienta la sensación de una práctica docente impuesta. La realidad nos exige indagar a fondo cómo estos vertiginosos cambios generacionales transforman las formas de aprender y comunicarse, desafiando a las instituciones a adaptar sus metodologías de enseñanza y a los educadores estar capacitados.
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Los profesores tenemos el reto de buscar nuevos itinerarios pedagógicos, como una exigencia de modernización frente a los procesos de cambio generacional
Frente a las transformaciones generacionales, los profesores enfrentamos el desafío de renovar nuestras metodologías de enseñanza. Aunque clasificar a las personas por su año de nacimiento no siempre refleja la realidad individual y proviene en gran medida de estudios de consumo, nos ayuda a comprender con quiénes convivimos en la escuela. Actualmente, en nuestras comunidades educativas convergen miembros de los Baby Boomers, la Generación X, la Generación Y o Millennial, la Generación Z y la Generación Alpha.
El profesor Howard Gardner, afirmó que «la irrupción de las nuevas tecnologías nos obliga a educar a los niños de forma distinta«; y el Objeto del Aprendizaje (OA), según Jean Piaget, “debería ser crear hombres y mujeres que son capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que han hecho otras generaciones”. ¿Lo tenemos en cuenta? ¿Queremos mejorar nuestra tarea docente, aunque los contextos generacionales varían?
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Por lo dicho, consideramos que las políticas educativas ya no deben seguir saliendo de la imaginación -a veces tan fantasiosa e irreal- de los ocupantes de las secretarias o ministerios educativos, de los políticos de turno que fabrican planificaciones, soluciones o propuestas desde sus escritorios, de espaldas a la realidad generacional de la población escolar y docente. No se debe confundir la Educación con adiestramiento y obediencia ciega.
La identidad y las dinámicas de las nuevas generaciones de estudiantes no son un elemento decorativo; constituyen el punto de partida de la educación. Invisibilizar la forma de ser y comprender el mundo de los estudiantes actuales equivale a dar la espalda a la realidad del aula. Las opiniones se de los estudiantes y educadores se escuchan y se atienden, porque no son fichas o seres humanos manipulables, sin pensamiento crítico y sin opinión ante a sus leyes y decisiones. Algunos educadores muramos con asombro cómo se dan actualmente leyes y normas -sobre el llevar o no celulares a la escuela- sin consultar a los estudiantes, y menos a los profesores.
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El desafío educativo de la escucha y el diálogo -salvo mejor parecer- es incuestionable. Necesitamos renovar e innovar, pero esto nos exige hacer mejoras introduciendo novedades que aportan un valor real a las personas y la Educación. Necesitamos planificaciones educativas libres de contaminación política, económica, woke, …, para que establezcan metas y objetivos mucho más claros para el desarrollo integral de los estudiantes y el progreso social.
Es urgente erradicar los programas académicos que manipulan a los profesores y los estudiantes, que los convierten en títeres de políticas que no permiten desarrollar el pensamiento crítico. Necesitamos currículos mucho más reales, efectivos, innovadores, creativos, y con objetivos que amplíen la riqueza y la imaginación propia de la educación motivadora, diversificada e inclusiva; sabiendo que una escuela no es una fábrica industrial, sino el espacio en el que hay que brindar al estudiante una formación integral por medio de una educación humanista, variada, de distinta naturaleza, con diversidad de oportunidades de acuerdo a sus intereses y a sus posibilidades personales.
Es una condición -impostergable-«sine qua non» que los profesores tienen que ser formados inicialmente con la mejor perfección académica, seleccionados por las cualidades y habilidades que demande el segmento en el que van a realizar su tarea, con equilibrio y fortaleza emocional, preparados para disfrutar su servicio, y valorados por una sociedad que sabe la inestimable tarea que realiza; su tarea es hermosa y de suma trascendencia por su vocación de «ayudar a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana […]. Esta vocación requiere dotes especiales de alma y de corazón, una preparación diligentísima y una continua prontitud para renovarse y adaptarse» (n. 5).
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Un cambio necesario y posible
Recientemente, la experiencia de Francia -rechazando la violencia, ocurrida en algunos lugares- ofrece una advertencia que no debería ser ignorada: cuando las decisiones educativas se toman lejos de las aulas, sin escuchar a quienes viven diariamente sus consecuencias, el malestar termina expresándose en las calles, con movilizaciones estudiantiles que denuncian falta de profesores, aulas saturadas, edificios deteriorados, escasez de recursos y condiciones de enseñanza que consideran insostenibles. En este contexto cobra especial fuerza la mirada del pedagogo Francesco Tonucci, quien sostiene: “El que tiene que escuchar primero es el maestro”, porque debe conocer quiénes son sus estudiantes, de qué generación son, de qué hogares vienen, qué saben y cómo piensan. Si esto vale para la relación educativa, con mayor razón debería orientar la elaboración de las políticas públicas: antes de redactar una ley o una norma, habría que escuchar a estudiantes, familias y profesores.
El estadístico e investigador alemán Andreas Schleicher, quien es un referente internacional de la educación y director de Educación y Competencias de la OCDE, ha defendido que el aprendizaje mejora cuando los profesores recuperan el sentido de pertenencia sobre su profesión: “cuando los profesores sienten un sentido de pertenencia sobre sus aulas” se favorece un aprendizaje productivo, junto con confianza, transparencia, autonomía profesional y colaboración. Por ello, no parece razonable construir reformas educativas únicamente desde los despachos políticos o desde criterios presupuestarios del Ministerio de Economía. Es verdad que el presupuesto es indispensable, pero la economía debe estar al servicio del proyecto educativo y no convertir la educación en una variable de ajuste.
Las familias conocen -mejor que algunos “expertos”- necesidades que las estadísticas no siempre muestran; los estudiantes experimentan directamente las consecuencias de las decisiones; y los profesores conocen las posibilidades reales de aplicarlas. Escucharlos primero permitiría recuperar autoridad pedagógica, autonomía profesional, creatividad propia de los educadores y respeto a tarea -incluido los salarios justos-, no como privilegios o «hacer lo que quieran», sino como condiciones para enseñar mejor.
El Papa León XIV, en su reciente Encíclica Magnifica Humanitas, nos recuerda la importancia el tener en cuenta el principio de subsidiariedad: “las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y la creatividad de los niveles inferiores”, y propiciando la consolidación de una alianza educativa, mediante el diálogo, entre familias, escuelas y comunidades, sin dejar de escuchar a los estudiante, que garantizarían una educación de calidad. Por eso, recuperar la educación exige invertir el orden habitual de las decisiones: primero escuchar, después legislar; primero conocer la realidad, después presupuestar; primero contar con estudiantes, familias y profesores, después diseñar las normas.
“Los responsables de las políticas y líderes educativos más eficaces escuchan a los profesores, aprenden de ellos y pueden diseñar soluciones para los problemas que enfrentan diariamente.” Andy Saultz)
Redacción: Web del Maestro CMF | Autor: OIONINIONONI