La escuela: ¿segundo hogar o primera cárcel?

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Al visualizar el video de TEDxRíode la Plata, en el cual el joven argentino Juli Garbulsky de 19 años, dice: “Me sentía preso, preso en la escuela”, recordé a una muy querida comunidad educativa donde trabajé, y en la cual nos planteamos si nuestros estudiantes se sentían bien en la escuela, si venían convencidos que era un segundo hogar o acaso la sentían como una primera cárcel.

Hace muchos años se usaba (en algunas instituciones educativas) una especie de tarjeta o libreta con casilleros en la cual se anotaban los méritos y las infracciones de convivencia institucional. Cada mérito o falta tenía un número, y los padres de familia lo revisaban y firmaban diariamente. Era un modo de comunicación muy bueno entre la escuela y la familia. Hoy no sé si los padres tienen o tendrían tiempo para revisar y firmar una libreta, o si se usa algún medio tecnológico que información diaria.

Me interesa compartir con Ustedes una experiencia con este Carné de Disciplina. Fue cuando llegué a ejercer la docencia, cuando recién pude caer en la cuenta que una de las faltas disciplinarias decía: “SE FUGÓ DEL COLEGIÓ”. Conversamos en reuniones con padres de familia y profesores varias veces, sobre su significado; y nos pusimos de acuerdo para cambiarlo por: “SALIÓ SIN PERMISO”. Algunos decían que era lo mismo, pero teníamos que mejorar el mensaje del valor de estar en la escuela.

El cuidado que se puso, de aquí en adelante fue el cultivar, tanto en los estudiantes como en todos nosotros mismos, un espíritu de libertad dentro del colegio. No debíamos sentirnos, ni creer que estábamos encerrados con un “guardián” en la puerta o unas cámaras de vigilancia. Se comenzó a fomentar el espíritu de asistir a la escuela, permanecer y cumplir el horario establecido sin “claustrofobia” o ansias de esperar a terminar la jornada escolar.

Con este video colgado en YouTube y que compartimos por motivos únicamente educativos, considramos que podríamos adentrarnos un poco más sobre este tema, y dialogarlo en la comunidad educativa. Garbulsky afirma que: “Tal vez me sentía preso porque en la escuela no había un espacio para estudiar lo que en verdad me interesaba. […] no tenían espacio para soñar con eso”.

ZOMBIES EN LA ESCUELA | (09´07”)

Esta es una voz joven, que expresa sus sentimientos y emociones frente a la escuela, y que no podemos desoír los educadores. Como él, no pocos estudiantes piden (desde su nivel escolar) un cambio en los sistemas educativos que están orientando su formación y preparación para insertarse en una sociedad de la otra mitad del Siglo XXI en constante desarrollo y cambio. Garbulsky propone   que nuestras escuelas deben ser lugares en donde se enseñe a hacer lo que “nos gusta” y donde nuestros estudiantes puedan encontrar muchas oportunidades diferentes a “copiar o repetir”, que no sean espacios para aprobar, sino para elegir, explorar, aprender … “hacer historietas o saber por qué vuelan los aviones”.

¿Y qué podríamos responder como profesores?  Lo dejamos a su criterio y socialización. Pero permítanos compartit la opinión del ensayista en temas de la filosofía y las ciencias sociales, Hernán Montecinos, quien sostiene que en toda la vida escolar es casi imposible no estar sometida a algún tipo de normalización e institucionalismo, que no nos permite “logremos ser entes individuales con identidad propia”.  Y “Es en este contexto que el profesor viene a ser un eslabón más constituyente de un cuerpo social que se encuentra alojado en la escuela. Por más que lo desee, el profesor no podrá desembarazarse de la realidad estructural asfixiante que lo rodea. […] … Con todo, lo poco o más que se pueda hacer para romper esta condición, está en manos del profesor, […] quien por su situación privilegiada (intelectualmente hablando), es el que puede hacer el aporte mayor, si es que orienta su quehacer no sólo en el sentido estrictamente pedagógico educativo, sino que priorizando el proceso formativo del educando”. ¿QUÉ SUCEDE EN LA ESCUELA HOY?

“¿Podemos seguir simplemente actuando por inercia? O mejor cambiemos la pregunta: ¿a qué nos llevaría seguir trabajando en estas condiciones, de esta forma a donde no llegamos a tener el espacio para una reflexión consiente sobre nuestra actuación docente o directiva?” (Débora Kozak)


REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF



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