Importancia y urgencia de una educación para la sostenibilidad medioambiental y la eco-ansiedad causada por el deterioro del medio ambiente (Parte II)

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Como decíamos en la primera parte, nuestra tarea educadora, nos motiva a usar todos los medios de difusión para socializar las investigaciones, experiencias y opiniones de los especialistas que nos hacen reflexionar sobre la relación entre la salud mental y el mundo con el que nos relacionamos. Con mayor razón, como educadores, tenemos que actualizarnos sobre los efectos de las medidas sanitarias, en la salud física y mental, a causa de la pandemia del Covid 19. Nuestro compromiso va más allá de una información a distancia y unos encuentros por internet. Necesitamos lograr (todos) la formación de una conciencia corresponsable sobre la responsabilidad de cuidar nuestra salud mental y emocional. Y este compromiso debe de ser comunitario e individual.

Conforme vamos volviendo a la “nueva normalidad pos pandemia”, está saliendo a la luz la presencia de ciertas crisis de la salud mental que, aunque siempre han estado ahí, estuvo ahí, el aislamiento forzado de la pandemia la va haciendo más visible (y en algunos casos más profunda). Y esta afectación se visto favorecida por nuestra dependencia de los medios y las tecnologías de la comunicación, que resultaron muy importantes durante la pandemia, pero también nos acercan más a su “red”: una trama de la cual no es tan fácil salir.

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En la publicación de EXCELSIOR (México), Lorena Rivera opina que las alteraciones que estamos viviendo en nuestro medio ambiente, implica tener que hacer cambios personales y sociales. “Cada uno de nosotros, individualmente, debe responsabilizarse de la forma en que utilizamos nuestros recursos”. La corresponsabilidad y una colaboración cada vez más estrecha con el cuidado de la Naturaleza, nos está indicando que todos, “debemos cambiar de ruta y descubrir nuevas formas de trabajar juntos para romper las barreras tradicionales entre los pueblos, para dejar de competir por los recursos y empezar a colaborar”.

ECO-ANSIEDAD, CRISIS CLIMÁTICA Y POLÍTICA DEL MIEDO (19´ 45”)

Para combatir los posibles efectos psicológicos negativos del cambio climático, como lo dice Omar Rueda en el video anterior, se necesita la construcción de una resiliencia desde la infancia y el compromiso de orientación por los profesionales relacionados con la educación, la salud mental de las personas y las comunidades, con el respaldo social en su tarea. Y las redes nos ofrecen un gran medio, pues “la capacidad personal de los individuos para soportar el trauma aumenta cuando están conectados a sus redes ‘off line’ y ‘on line’ –señala el informe–. Los investigadores han encontrado que los niveles más altos de apoyo social durante y en las secuelas de un desastre están asociados con menores tasas de angustia psicológica”.

El informe también enfatizó que la adopción de políticas respetuosas con el medio ambiente y las opciones de estilo de vida pueden tener un efecto positivo en la salud mental”. Por ejemplo, el movilizarse en bicicleta o ir caminando al trabajo, ha reducido los síntomas de depresión y estrés, según el informe. También ayuda “la mayor accesibilidad a los parques y otros espacios verdes podría beneficiar a la salud mental, ya que se ha demostrado que el pasar más tiempo en la naturaleza reduce los niveles de estrés y disminuye las enfermedades relacionadas con el estrés, independientemente del estatus socioeconómico, la edad o el sexo”. Cit EL CAMBIO CLIMÁTICO REPERCUTE EN LA SALUD MENTAL

Según el Imperial College London, “el cambio climático afecta negativamente la salud mental y el bienestar emocional de las personas alrededor del mundo, asegura que existe una clara relación entre el aumento de la temperatura y el número de suicidios; hay evidencia de angustia severa luego de eventos climáticos extremos; las personas con alguna enfermedad mental preexistente son más vulnerables a los impactos de la inestabilidad del clima en la salud física y mental, y exacerba la angustia mental, en especial entre los jóvenes, incluso para los que no se ven directamente afectados.

El documento titulado El impacto del cambio climático en la salud mental y el bienestar emocional, analiza las implicaciones para las políticas y la práctica indica que se trata de una gran problemática que afectará a millones de personas en el futuro y, en particular, exacerbará la desigualdad. Si bien los sistemas nacionales y locales de salud deben atender la salud mental de las personas que han sido expuestas directamente a los impactos del cambio climático, no deben pasar por alto la ecoansiedad, -explicado en el video y la primera parte de esta publicación- sobre todo en los más vulnerables, como lo son los niños, porque los daños al planeta no se detendrán, al contrario, se agravarán, como lo prevé la ciencia climática, si no hacemos lo posible por educar responsablemente para cuidar el medio ambiente, y no solo hacer campañas esporádicas y aisladas.

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“La ecoansiedad no es una patología y se manifiesta a través de las emociones. “Detrás de los carteles que llevan los niños y adolescentes está su ira y frustración, indefensión y miedo sobre el futuro que les espera. Eso se debe a que tienen una concepción de la justicia diferente a la de los adultos, ya que no esconden ni disimulan sus sentimientos”, afirma Renee Lertzman, “los niños ven la crisis climática desde una perspectiva más catastrófica y sufren, además, no entienden por qué no se actúa con mayor rapidez para solucionar el problema”. Como educadores tratemos de encontrar caminos para que los niños no se sientan abrumados por las noticias sobre la crisis climática que reciben a través de la televisión o internet”, comenzando por escuchar “sobre aquello que les preocupa y, luego, acercarles información clara, para que así puedan expresar y gestionar sus sentimientos” de miedo, desolación y desesperanza. cf ECOANSIEDAD

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“Se trata, por tanto, de repensar las acciones desde la base y desde un punto de vista colectivo, preocupándose por cómo queremos establecer las relaciones entre nosotros para hacer frente a unos problemas que ahora son globales, en los que nadie se salva y en los que la globalidad se revela tanto en la dimensión espacial como en la temporal. “Espacial porque todo lo que hacemos en cualquier lugar del planeta tiene repercusiones locales muy evidentes y graves, pero también temporal en el sentido de que cada decisión que tomamos hoy repercute en nuestros vecinos y en las generaciones futuras”, según afirma Michele Candotti, Jefe de Gabinete y director de la Oficina Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Desde nuestras escuelas y nuestros hogares, debemos reinvertir en la formación de la conciencia de los niños y jóvenes, propiciando la conciencia de ser ciudadanos de un mundo global, sin desanimarnos, pues esta no es una misión imposible. Este es un momento único, que requiere una nueva narrativa, un nuevo enfoque: “Un esfuerzo concreto para no rendirnos y resignarnos a ser la última generación del Antropoceno”. (Papa Francisco, Laudato SI). LA PANDEMIA, UNA OPORTUNIDAD PARA DETENER LA DESTRUCCIÓN DE NUESTRA CASA COMÚN

“Se trata de un reto aún más difícil si tenemos en cuenta el reciente análisis del gasto en las principales economías realizado por la Agencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo, según el cual sólo el 18% del gasto público en la recuperación post-Covid-19 puede considerarse sostenible a nivel planetario.

Para Michele Candotti, ahora, luego que pase la pandemia del Covid 19, tenemos “cuatro oportunidades para no celebrar el fin de la tierra”, sino recuperar nuestra buena relación y cuidado responsable con la “casa común”:

  • PRIMERO: abordar la crisis climática con decisión y sin más demora, a pesar del descenso de las emisiones de carbono.
  • SEGUNDO: es necesario restablecer la importancia de la cooperación internacional para hacer frente a los riesgos mundiales.
  • TERCERO: será conveniente reorientar el gasto de recuperación y reconstrucción de forma más sostenible, con políticas de recuperación verde. Reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, alinear el gasto público con los objetivos de la Agenda 2030, también de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cop26), que se acaba de celebrar en Glasgow. Y
  • CUARTO: deben reforzarse los esfuerzos para reducir el conflicto entre los sistemas humanos y naturales abordando problemas críticos y de larga data como la deforestación, el comercio ilegal y mal regulado de la fauna silvestre, la agricultura intensiva y las cadenas de suministro insostenible de materias primas”.

Estas consideraciones nos conducen, como educadores, a buscar juntos y exigir nuevas rutas pedagógicas que atiendan y no subestimen la sensación de impotencia, rabia y desesperanza, frente al deterioro del medio ambiente, que están viviendo los niños y jóvenes, a fin de evitar que se transformen en un sentimiento que puede llevarlos a experimentar enfermedades físicas. “Los especialistas recomiendan atención temprana, no obstante, es mucho lo que cada uno de nosotros puede hacer”.

Pongamos en nuestras actividades escolares (pos pandemia) el practicar la empatía y la conciencia ambiental, como expresión de nuestra condición de seres humanos. Según el Dr. Diego Díaz Martín, fundador de Vitalis, esta tarea educativa, ayudará a “superar la frustración e intranquilidad frente a la destrucción de nuestros recursos naturales. […] Lo mejor que podemos hacer es asumir comportamientos ambientalmente responsables en contacto directo con la naturaleza, uniendo esfuerzos con todas aquellas organizaciones que no pierden la esperanza, y día a día promueven acciones específicas para revertir el calentamiento global”, promover “un comportamiento ético sustentado en valores morales humanistas y ecológicos integrados en la educación ambiental. […que] coadyuvarán los esfuerzos técnicos, científicos y políticos, que hacen falta en el mundo para combatir el cambio climático”, y no sufrir la eco ansiedad. ECOANSIEDAD, ANSIEDAD ECOLÓGICA O ECOANXIETY: UN TRASTORNO POR EL CAMBIO CLIMÁTICO.

“La eco ansiedad nace de la identidad que tienen las personas en su relación con la naturaleza y el mundo natural, al igual que su identidad cultural o su identidad de género o su identidad étnica”. (Thomas Doherty).

REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF



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