¿Cómo educar en empatía para reducir la violencia escolar y social?

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El presente  artículo de investigación está orientado a determinar la influencia de la empatía en la construcción de un ambiente escolar sano para mitigar la violencia en el aula de clase,  mediante la implementación de estrategias didácticas. A través de un enfoque cualitativo y una metodología de investigación acción participativa, se observó el problema, se hizo un diagnóstico y, con el estudio de teóricos, se generó un estrategia de aula enfocada en el desarrollo de la empatía en los estudiantes.

Los resultados son positivos por cuanto se evidencia una disminución en los índices de maltrato verbal y físico dentro de la población estudiada. A partir de esto, se concluye la importancia de la implementación de estas estrategias en los planes de estudio para mejorar en el Índice Sintético de Calidad Educativa referente al ambiente escolar.

Introducción

Una de las preocupaciones de los docentes del siglo XXI, es el aumento de la violencia en el aula de clase. Por lo tanto, en esta investigación se busca resaltar la importancia del desarrollo de la empatía como estrategia en la creación de condiciones necesarias para que los conflictos en las instituciones educativas disminuyan, y así lograr un clima educativo favorable.

Los siguientes relatos dan cuenta de una violencia escolar existente en el aula de clase.  Niños/as  y adolescentes reflejan en su pensar y en su actuar, esta problemática; algunos como víctimas, otros como victimarios o incluso como espectadores, pero que sin duda afectan –cualquiera que sea el rol de participación– la sana convivencia y el desarrollo armónico de la vida escolar:

“Un día, dije algo equivocado en clase de inglés y la profesora dio el permiso para que me pegaran” (Niño-13 años). “Yo le hago bullying, con otra dos compañeras, a una niña de otro curso porque nos cae mal. Ella primero nos empujaba y ahora nosotras le decimos negra cucarrona” (Niña-14 años).  “A un compañero lo molestan diciéndole gay y que sólo le falta la faldita para quedar como mujer y eso a él le afecta mucho” (Niña-14 años). “Yo le hacía matoneo a una niña que era muy gorda. Yo le ponía apodos como marrana y bofe e hice que se fuera del colegio” (Niña-13 años).1

Con el fin de dar cumplimiento al objetivo previsto, que consiste en determinar la influencia de la empatía en la construcción de un ambiente escolar sano, para mitigar la violencia en el aula de clase mediante la implementación de estrategias didácticas, este artículo se estructura de la siguiente forma: como primer aspecto, se hace referencia al antecedente del problema enfocándose en estudios y conclusiones acerca de la violencia en el aula de clase. Luego, se hace un abordaje a la legislación colombiana que da cuenta, en la Cátedra para Paz y la Ley de Convivencia

Escolar, de aquellos aspectos referentes a la forma de prevenir y mitigar la violencia en las aulas y en el entorno escolar. Posteriormente, se analizan aspectos relevantes en cuanto a las teorías formuladas por teóricos enfocadas al desarrollo de la inteligencia emocional, básicamente la empatía,  y su importancia en el ámbito escolar; y para finalizar, se presenta un estudio puntual acerca de cómo estas teorías han influido positivamente en la disminución de esta situación problemática en la Institución Educativa  Colegio de Sugamuxi.

Antecedentes: el ambiente escolar y su relación con la violencia en el aula de clases

Para el Gobierno Nacional, el aula de clases es mucho más que el espacio físico denominado salón de clases. Ella abarca la puesta en escena completa, articulada, armonizada, de actividades de maestros y estudiantes e incorpora, allí mismo, las relaciones entre compañeros de clases. El aula, en este contexto, es entendida como el espacio privilegiado de aprendizaje en el sistema de educación formal. Allí ocurre la interacción entre los estudiantes y los docentes, orientada a lograr, de forma sistemática y eficaz, aprendizajes socialmente definidos, señala el Congreso de la República, Ley 115 (1994).

Por tal razón, el gobierno nacional ha establecido el ambiente escolar como un elemento importante en la evaluación de los colegios. Este ha sido contemplado y establecido en el Índice Sintético de Calidad Educativa. A través de su evaluación y análisis, los miembros de la comunidad educativa pueden tener una manera objetiva de identificar cómo está la institución educativa, y qué caminos poder emprender. Para hacerlo, es fundamental que se pueda determinar las fortalezas con las que se cuenta y las áreas en las que hay que mejorar.

La violencia en el aula de clases ha sido un fenómeno estudiado constantemente tanto a nivel local, nacional e internacional,  por cuanto marca un hecho relevante a la hora de analizar los procesos educativos. Es el caso de una investigación desarrollada en la Universidad Complutense de Madrid (España), por Muñoz-Vivas (2000), quien trabajó con cerca de 1495 estudiantes de edades entre los once y los dieciocho años para conocer básicamente los medidores cognitivos que subyacen a la conducta agresiva. Estos estudiantes, concluye el estudio, se caracterizan por ser personas que presentan deficiencias en el procesamiento de la información social ante situaciones hipotéticas, buscando menos señales antes de tomar una decisión (Figueroa & Londoño, 2014). Tienden a percibir, en mayor medida, intenciones hostiles en los otros aun cuando estas en la realidad no se presentan, generando estrategias de solución que conlleven peores consecuencias y así, por lo tanto, tendrán más problemas para anticipar las consecuencias de las estrategias de solución propuestas.

Otra característica que se puede encontrar en este grupo etario, es la de tener un nivel menos desarrollado de razonamiento moral tanto en la estructura como en el contenido, al manifestar una menor valoración de la solidaridad, dificultando así interacciones sociales tanto con la familia como con compañeros. Se nota también que perciben más dificultades en el discernimiento de vida. Se imposibilita la comunicación con pares o con el cumplimiento de las normas en el ambiente familiar, así como el rol de estudiante. Esto provoca que encuentre dificultades en el desarrollo de deberes académicos, y rechazo en el aula, ya que los estudiantes, en la mayoría de los casos, prefieren buscar la compañía y el desarrollo de tareas o trabajos con compañeros que demuestran habilidades en estos campos, como lo señala MuñozVivas (2000).

Este impacto de la violencia en el entorno escolar, no debe considerarse como algo sin importancia para la sociedad, por cuanto afecta el proceso pedagógico en los diferentes ambientes escolares. De esta desatención, enfatiza Oñate (2015), por parte de docentes, directivas e incluso padres de familia, se desencadena una serie de consecuencias que pueden comprender desde la deserción, hasta graves problemas sicológicos en las personas durante su infancia y adolescencia, impactado directamente la manera como vivirán y se relacionarán con los demás en etapas subsecuentes de la vida. En este aspecto, las amenazas son constantes, buscando la intimidación o la ejecución de acciones a favor del infractor, en este punto el maestro se ve atado ya que en ocasiones no cuenta con las herramientas necesarias para atender este tipo de casos, por otro lado, esto le implica sumar tareas a las que ya debe cumplir en la institución educativa (Orrego & Toro, 2014, p. 135).

Muchas veces, esto es producto de una falta de regulación emocional, la cual se debe encontrar por debajo del valor estimado. Un estudio realizado en estudiantes del Ciclo Tres de la Institución Educativa Altamira Sur Oriental de Bogotá (Castro, 2014), da cuenta de este hecho. La docente Catherine Castro Bermúdez realizó un trabajo descriptivo con enfoque cualitativo en estudiantes de grados quinto, sexto y séptimo, proponiéndose identificar y analizar el estado actual de dicha institución educativa con la violencia escolar. Después de aplicar encuestas y analizar estadísticas, presentó que los estudiantes de este ciclo mostraban una percepción emocional en una escala de 28; de comprensión de sentimientos de 34 y de regulación emocional de 20.  El  trabajo resalta el hecho que la violencia escolar allí encontrada se basa en actos verbales y no verbales; chismes, comentarios, palabras o jergas ofensivas; baja tolerancia por miradas o gestos; roces físicos y modelos de violencia que se han ido adquiriendo desde el entorno familiar.

Por casos como los anteriormente mencionados, ¿no se hace urgente una educación emocional en niños y adolescentes y, aun, entre los adultos que tienen a su cargo la labor de formar y educar? Cada adolescente necesita autoafirmarse, valorar capacidades, así como reconocer y manejar limitaciones o desventajas frente a habilidades, escaseces o actitudes.   Deben aprender a tomar decisiones en las cuales pondrá en juego actitudes de empatía, por cuanto debe entender las necesidades de los demás, respetando cada acción ajena (Samacá, 2016). El desarrollo de la inteligencia emocional le ayudará en la toma de una decisión, enmarcada en el buen juicio; discerniendo, conviene o no ya que puede afectar la integridad en lo físico o en lo psicológico. Cuán importante es para un niño o un joven aprender a manejar los conflictos que nunca serán ajenos a la condición humana, desde el más simple hasta el más complejo. Durante la adolescencia, señala Bisquerra-López (2011), las emociones están en constante cambio; de un momento a otro, se pasa de una calma a una tormenta emocional, de la risa al enojo o de la alegría a la tristeza; y si estas no se enseñan a regular, fácilmente se descontrolarán e irán creando más y más inseguridades en la vida del niño y del joven.

Construyendo para la paz desde el interior del aula de clases en Colombia

La educación para la paz y para la convivencia en el ámbito de la educación formal, constituye una prioridad para el Ministerio de Educación Nacional, debido a las circunstancias que afectan al país, pero también porque la escuela tiene una responsabilidad ineludible en la formación de ciudadanos capaces de ejercer la democracia, respetar los derechos humanos y relacionarse entre sí, así como lo señala el Ministerio de Educación Nacional (MEN, 2010).

La cátedra de la paz

La educación para la paz ha sido uno de los grandes retos que el presente Gobierno se ha propuesto. Es necesario proyectar y cimentar en los estudiantes una serie de habilidades que le permitan aprender a vivir en armonía, con él mismo y con cada uno de los miembros de la comunidad educativa, siendo capaz de afrontar cualquier conflicto que se presente.

El primero de septiembre del año 2014, el Congreso de la República promulgó la Ley 1732, La Cátedra de la Paz, con el fin de garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia. Esta se desarrolla en cada uno de los establecimientos educativos, tanto del orden público como privado, extendiéndose de igual manera al nivel universitario. A través de esta Cátedra, cada estamento educativo crea y consolida un espacio para el aprendizaje, la reflexión y el diálogo sobre una cultura de la paz (Congreso de la República, Ley 1732, 2014).

Ley de Convivencia Escolar

Esta ley crea una ruta de atención en casos de violencia y un sistema nacional único de información para reportarlos. En términos puntuales, la Ley de Convivencia Escolar (Congreso de la República, Ley 1620, 2013), reconoce, alrededor de aquellos conflictos presentados en el aula de clase o en el entorno escolar, que existe una forma de agresión entre estudiantes, denominado bullying o matoneo. Este tiene que ver con toda conducta negativa que es constante y metódica, en el que aparecen la intimidación, la humillación, la coacción, el aislamiento generalizado y deliberado; o la incitación a actos de violencia físicos o psicológicos.

Un niño o adolescente agresivo presenta marcadas deficiencias en el procesamiento de cómo actuar ante situaciones reales vividas. Esto hace que se justifique la utilización de la violencia a través de alternativas agresivas para resolver conflictos, como lo señalan Barrios, Del Barrio, Gutiérrez y Meulen (2003). Se identifica y se acepta la presencia marcada de niveles altos de violencia entre estudiantes.  ¿Qué la motiva? ¿Qué lleva  a niños y adolescentes a recurrir a la agresión como mecanismo de defensa o implantación de poder sobre su par?  ¿Qué necesita reforzar un estudiante para poder solucionar o sobrellevar un conflicto? ¿Por qué es tan difícil respetar, aceptar y tolerar? Hace falta una educación en inteligencia emocional.

Una  revisión  a la teoría sobre inteligencia emocional

En los últimos 40 años, se ha enfatizado en la educación de las emociones, por ser esta parte fundamental en el desarrollo y evolución de la raza humana. “Las perspectivas pedagógicas deberán generar estrategias de acercamiento que logren formar ciudadanos y relacionarlos con el conocimiento y la cultura. Es allí, donde los niños y los jóvenes se desempeñan como sujetos públicos en un ámbito diferente al estrictamente familiar y barrial. (Cañizalez & Pulido, 2015, p. 11)Muchos teóricos, que incluyen básicamente psicólogos, psiquiatras y neurocirujanos, han dedicado gran parte de  esfuerzos y tiempo a estudiar, en diferentes contextos sociales,  la forma como las emociones influyen poderosamente en el desarrollo de las conductas humanas, en el proceso intelectual y cómo estas son aprendidas y educadas, como lo señalan  Goleman (1993); Salovey y Mayer (1990); Shapiro (1997). Esta habilidad de educar las emociones, es conocida como inteligencia emocional, que incluye la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía, y las habilidades sociales (Goleman, 1993).

El Modelo de Inteligencia Emocional de Salovey y Mayer (1990), determina cuatro habilidades integrantes en el ser humano: la percepción emocional, entendida como la habilidad para percibir las propias emociones y la de los demás, así como percibir emociones en objetos, arte, historia, música y otros estímulos; la asimilación emocional, la cual trata de la habilidad para generar, usar y sentir las emociones como necesarias para comunicar sentimientos, o utilizarlas en otros procesos cognitivos; la comprensión emocional,  que es la habilidad para entender la información emocional, cómo las emociones se combinan y progresan a través del tiempo y saber apreciar los significados emocionales; la regulación emocional, la cual consiste en la habilidad para estar abierto a los sentimientos, modular los propios y los de los demás, así como promover la comprensión y el crecimiento personal.

Por otro lado, se tienen los aportes del prestigioso psicólogo e investigador en el campo de la educación, Howard Gardner (1990), quien señala que no existe una inteligencia única en el ser humano, sino una diversidad de inteligencias (lingüística, lógicomatemática, espacial o visual, musical, corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista), que marcan las relación social de cada individuo.

Dentro de esas ocho inteligencias, en las cuales el ser humano se desarrolla, para la  presente investigación se hace énfasis en las relacionadas con el campo emocional. Gardner (1990) las denomina inteligencia intrapersonal e interpersonal. Con relación a la primera, se  refiere a una inteligencia que faculta a la persona para comprender y controlar el ámbito interno de sí mismo a través de las emociones. En cuanto a la segunda,  permite ahondar en la introspección y entender las razones por las cuales alguien se manifiesta de la forma como lo hace. Faculta para poder advertir cosas de las otras personas, más allá de lo que los sentidos logran captar. Se trata de una inteligencia que permite interpretar las palabras o gestos, o los objetivos y metas de cada discurso.

Daniel Goleman, en su libro Inteligencia emocional (1993),  presenta todo un estudio serio de investigación referente a este concepto a partir de la recopilación de vivencias, datos estadísticos y productos investigativos de otros teóricos en el mismo tema. Hace énfasis en el hecho que las personas con alto desarrollo emocional presentan mayor nivel de satisfacción personal y una actitud positiva ante la vida, que le permitan sortear, en mejor grado, los avatares de la vida.

Por lo tanto, lo que Goleman (1993) denomina autorregulación, empatía y habilidades sociales; Salovey y Mayer (1990), asimilación emocional y regulación emocional; y Gardner (1990), inteligencias intra e interpersonales; apuntan al mismo objetivo: conocerse a sí mismo, aceptarse, aprender a exteriorizar y regular emociones.

De una u otra forma, estos cuatro psicólogos advierten la importancia y pertinencia de potenciar la enseñanza de las emociones en el campo educativo, por cuanto es allí donde un niño y adolescente, aparte de pasar gran tiempo de su vida, cimientan relaciones personales a partir de lo que tienen y exteriorizan. Por tal razón, se hace indispensable que, como educadores, se ponga especial atención a este aspecto con el fin de ir adecuando ambientes escolares favorables, tanto para la convivencia como para el aprendizaje. Los ambientes escolares adecuados y sanos están conformados por personas que deben contribuir a este aspecto. Shapiro (1997) señala que, si una vida agitada y apresurada ha vuelto a los niños y jóvenes propensos a la irritabilidad y la ira, se puede enseñarles a reconocer y controlar estos sentimientos.     

Inteligencia emocional en los estudiantes

Es la inteligencia emocional, según Goleman (1993),  la que  posibilita tomar conciencia de las emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las frustraciones, incrementar la capacidad de la empatía y las habilidades sociales; y aumentar las condiciones  de desarrollo social. Shapiro (1997) afirma que a los niños no hay que liberarlos de las dificultades ni del proceso de pasar por un fracaso, ya que al enfrentar los obstáculos de la vida, les permite que desarrollen nuevos caminos neurales, lo cual puede tornarlos más adaptables e ingeniosos.

Las emociones se manifiestan desde el instante mismo en que el ser humano empieza a aprehender el mundo y lo explora. Las emociones las tiene que reconocer para lograr autorregularlas. El soporte para este fin lo ha de encontrar, en primera instancia, en el hogar y continuarlas en el entorno académico. Por ello, el papel del docente, aparte de ser un instructor y modelador o guía del conocimiento, ha de ser el de una persona que le encauce en la vía del reconocimiento y manejo de las emociones.

En su trabajo de investigación, Manzaneque Díaz (2013), de la Universidad de Valladolid, presenta una propuesta desde un punto de vista didáctico y motivador para que niños logren, antes que cualquier otra iniciativa, reconocer y autorregular las emociones.  Enfatiza que, a través de lecturas, preguntas grupales dirigidas, charlas y juegos, el niño logra reconocer e identificar sentimientos, emociones, necesidades, preferencias e intereses, siendo capaz de expresarlos, a la vez que identifica y respeta las emociones de los compañeros.

Cuando un estudiante crece en el desarrollo emocional, logra un adecuado accionar dentro del aula de clase. Es capaz de dar acertadamente solución a los conflictos, de respetar y ser respetado, logrando identificar necesidades propias y ajenas, acompañadas de la manifestación de solidaridad y justicia. El desarrollo de programas de habilidades socioafectivas en las aulas de clase, impacta en el mejoramiento de la disciplina. Estudios realizados en escuelas estadounidenses e inglesas, Mena, Romagnoli y Valdés (2009), en las cuales se imparte un currículo socioafectivo, se puede concluir de forma contundente el éxito del mismo. Es decir, al implementar clases en torno a actividades que desarrollan las habilidades comunicativas, de razonamiento, de regulación emocional, de autonomía y de resolución de problemas, se ha logrado instaurar un ambiente escolar favorable tanto para las relaciones interpersonales como para la obtención de resultados académicos óptimos.

Orjuela (2010), en su tesis de grado, presenta una perspectiva concreta y de investigación acción sobre el problema de la agresividad y su íntima relación con el proceso de formación cognitiva de niños entre 10 y 12 años. Se utilizó el método de estudio caso con una perspectiva de carácter cualitativo. Hizo una clasificación de los individuos según la agresividad, y se diseñó una estrategia enfocada a enriquecer la empatía y las relaciones intrapersonales en los niños, todo esto, con el objetivo primordial de reducir conductas belicosas. Los resultados permitieron reafirmar las hipótesis iniciales, donde se sostiene que es posible disminuir las conductas agresivas desde el fortalecimiento de la empatía y la autorregulación.

Shapiro (1997) afirma categóricamente que todo niño nace con una capacidad empática alta, pero que es asunto de padres y docentes no dejar que esta decaiga; es necesario seguir evolucionando este aspecto a través del desarrollo de hábitos y juegos. En Empatía Guía de Entrenamiento (Herrera-Chain, 2012), se presenta una serie de actividades que pueden ser implementadas en el aula de clases como una forma de fortalecer o desarrollar las habilidades de la empatía en los estudiantes.        

El caso de la Institución Educativa Colegio de Sugamuxi de la Ciudad de Sogamoso

La Institución Educativa Colegio de Sugamuxi, situada en la ciudad de Sogamoso, es considerada una de las más importantes de la Ciudad con una trayectoria educativa de 112 años. Con un total de 1200 estudiantes, la Institución Educativa contempla en la misión y visión, formar personas integrales mediante la acción pedagógica que involucra los procesos valorativos del ser, del conocer y del saber hacer. Sea más autónomo y logre así continuar con sus estudios profesionales o ubicarse en el mundo laboral.

Para el desarrollo del presente proyecto de investigación, se escogió a los alumnos del grado octavo B, por cuanto presentaron, en los años 2015 y 2016, un reporte de bajo rendimiento académico y problemas serios de comportamiento, relacionados con el matoneo verbal y físico.

El estudio es de carácter cualitativo, por cuanto se analizan características específicas de un grupo humano relacionadas con el ambiente escolar, enmarcado en un aumento considerable de violencia en el aula de clases.

Siguiendo los lineamientos de Elliot (2000), el tipo de investigación utilizada para el desarrollo de este trabajo fue la investigación acción educativa, por cuanto se analizó una situación relacionada con la acción humana referida a la empatía como un factor relevante para el ambiente escolar. Se partió de un análisis, destinado a determinar el nivel de empatía del grupo objeto de estudio. Al hacer una teorización acerca de cómo impacta el desarrollo de la empatía en el individuo, se procedió a la formulación y puesta en práctica de una propuesta que llevó a solucionar esta problemática vivida en clase. Se observó y se reflexionó el desarrollo de la propuesta teniendo en cuenta la pertinencia, los aportes positivos y cómo dar solución o cómo replantear aquellos aspectos que no contribuyan al cumplimiento de los propósitos planteados.

Instrumentos para la recolección de información y análisis de resultados
  1. Observación del grupo de estudio en cuanto al ambiente escolar durante el año 2015 y 2016 registrados en el observador del alumno: el observador del alumno incluye la información básica de cada estudiante, y su compromiso frente al cumplimiento de las metas institucionales. Cada docente o directivo docente tiene la potestad de describir situaciones positivas o negativas que implican el cumplimiento o incumplimiento de lo estipulado en el Manual de Convivencia. Con base en esto, el estudiante fija compromisos de cumplimiento o sostenimiento de la actividad descrita; todo sustentado con las respectivas firmas del estudiante, docente y padre de familia. Al hacer un estudio del observador del alumno del año 2015, cuando los participantes de la investigación cursaban grado 6 B; y 2016 (Grado 7 B), básicamente en lo referente al componente comportamental, se encontró que un 25 % de las observaciones allí registradas por los docentes de las diferentes áreas, eran descripciones de hechos negativos que evidenciaron la existencia de  un ambiente escolar hostil, por cuanto se manifiestan acciones de matoneo entre pares (número  de estudiantes indisciplinados/número total de estudiantes: 9/36=0,25). Por otro lado, una vez determinado el problema y sometido a discusión con los estudiantes, se llegó a la conclusión de que era necesario establecer estrategias enfocadas en  la mitigación de la violencia escolar presentes en el curso. Así, nació la propuesta del desarrollo de la empatía para el mejoramiento del ambiente escolar.
  2. Se consultó a los estudiantes, cuál es el problema; y con ellos se determinaron las acciones y las soluciones, analizando las características referentes a debilidades y fortalezas. Se realizó a partir de una actividad en clase de castellano donde se trabajó un video-clip y se desarrolló un taller grupal del cual, como uno de sus puntos, se indujo al análisis de la problemática vivida en el aula de clase referente a la violencia escolar y cómo mitigarla.
  3. Aplicación de encuestas con su respectivo análisis y tabulación:
    • Test para identificar inteligencia emocional de los padres según Shapiro (1997): Consiste en una  lista de verificación de 25 ítems, enfocada en ayudar a ver lo que el padre de familia está haciendo para formar un hijo emocionalmente inteligente y qué cosas nuevas puede hacer. Se aplicó el test a cada uno de los padres de los niños del grado 8 B. Una vez realizado la respectiva tabulación, se socializó la misma a través de un taller grupal.
    • La encuesta hecha a padres de familia en el año 2016  demostró que, a pesar de existir cierto grado de empatía entre padres e hijos, aún existe una brecha que impide que haya una relación de plena confianza entre ellos y, adicionalmente, muchos piensan que se deben delegar varias funciones formativas a los educadores que deberían impartirse en el hogar.
    • Escala para medir la empatía: Interpersonal Reactivity Index (IRI),
    • Davis (1980). Ha sido utilizada en muchos estudios e investigaciones con el fin de determinar los niveles de empatía, las diferencias entre hombre y mujeres para determinar el grado empático, el desarrollo en adolescentes del aspecto social; y la forma cómo es inhibida la empatía en conductas agresivas.
    • El instrumento marca la empatía en dos componentes: el cognitivo y el emocional.  Conformada por 28 ítems, logra medir cuatro dimensiones pertenecientes al concepto de empatía: toma de perspectiva (PT), fantasía (FS), preocupación empática (EC) y malestar personal (PD). Las opciones de respuesta para cada uno de los ítems, se evalúa de 1 a 5 dependiendo el grado que describe cada uno:  no me describe bien, me describe un poco, me describe bien, me describe bastante bien, y me describe muy bien.

La escala para medir la empatía: Interpersonal Reactivity Index (IRI), aplicada a los estudiantes del grado 8 B, mostró los siguientes resultados, teniendo en cuenta los cuatro componentes de la empatía: toma de perspectiva (22,2 equivalente al 63,5 %), fantasía (22,6 equivalente al 64 %), preocupación empática (24,2 equivalente al 69 %) y malestar personal (18,36 equivalente al 53,1 %). En términos puntuales, al estudiante le es fácil reconocer y aceptar las manifestaciones emocionales de los compañeros, tiende a identificarse con ellos, pero al momento de reaccionar ante los mismos, sus actitudes son de hostigamiento u hostilidad. Es decir, la teoría es asimilada por el estudiante, pero, en la práctica, dicha identificación no es evidente, ya que el comportamiento es contrario a su pensamiento.

Diario de campo. Cada una de las actividades desarrolladas en clases de castellano y sociales con los estudiantes del grado 8 B, enfocadas directamente con el desarrollo de la empatía para mejorar el ambiente escolar, son referenciadas a través de un diario de campo que permite explicar, de una forma detallada, la estructura de cada actividad.

La propuesta metodológica para fomentar el desarrollo de la empatía en los estudiantes como una forma de mitigar esta violencia en las aulas, consiste en adecuar los planes de área de las asignaturas de sociales y castellano, con el propósito de implementar actividades referentes al uso del taller y análisis de videos y películas enmarcadas en el tema específico de la empatía y el ambiente escolar. Cada una de ellas está referenciada a través del diario de campo.  Al hacer un análisis de lo allí descrito, se pudo observar que el estudiante participó y valoró positivamente la actividad, y fue consciente que cada una de las mismas ayudó a mejorar la calidad de vida dentro de la Institución Educativa. Pero más importante aún, es el cambio actitudinal presente en el grado con respecto a su comportamiento a los dos años anteriores. Se nota una disminución de la violencia en el grado octavo B evidenciada en la inexistencia de anotaciones negativas en el observador del alumno, al día de hoy.

Este contenido ha sido escrito originalmente por Jorge Eliécer Hernández Perdomo, Ruth Stella López Leal y Orlando Caro 

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ENLACE 1: DESARROLLO DE LA EMPATÍA PARA MEJORAR EL AMBIENTE ESCOLAR
ENLACE 2: PONER FIN A LA VIOLENCIA EN LA ESCUELA: GUÍA PARA LOS DOCENTES
ENLACE 3: LA EMPATÍA Y SU RELACIÓN CON EL ACOSO ESCOLAR





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