[Jorge López Guzmán] ¡Profes! Es hora de cambiar el mundo desde las aulas

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A mis estudiantes
¡Bienaventurados las profesoras y profesores porque de ellos será el reino de enseñar!
El mayor desafío que se debe afrontar la academia es cambiar el mundo desde las aulas, donde estudiantes y docentes conciban sus sueños como el mayor impulso para forjar cambios estructurales en sus contextos y cotidianidades, en el entendido que las aulas de clase son el lugar más representativo de la opresión u liberación del espíritu humano.

Es así como cada estudiante desde sus ideas y reflexiones debe ser estimulado a cambiar el mundo y ese mundo por cambiar empieza por valorar y reivindicar los sentimientos dentro de las aulas de clase. No es posible un proceso educativo o práctica pedagógica sin la reivindicación de los sueños colectivos e individuales y esto se logra cuando se conjuga el conocimiento con las emociones.

El mundo de hoy es un mundo indolente, intolerante e insensible; un mundo en medio de guerras, violencias simbólicas, pobreza mental e inequidades por doquier. Sin embargo, todo no está perdido, podemos devolver la humanidad a los seres humanos, qué tarea más difícil y compleja, ¿a quién correspondería ayudar en esta tarea?, indudablemente, a los profesores.

Los profesores somos capaces de crear futuro, de potenciar los talentos recónditos y extraordinarios de los estudiantes, somos capaces de enseñar a soñar en el cambio por el mundo y de amar por vocación lo que hacemos.

Queridos profesores es necesario arriesgarnos a confrontar el mundo con nuestros estudiantes, ser esos héroes de la vida real, que no tienen miedo a trasmutar su contexto y revolucionar la vida de aquellos que han perdido la pasión por la transformación y que el miedo al fracaso es una constante en sus vidas.

Seamos esos profesores que siempre quisimos tener o recordemos a esos que marcaron nuestra vida para bien. Nuestra responsabilidad es tan inmensa que nuestras actividades no se reducen a ir solamente a clase, sino la posibilidad de enseñar a vivir, porque el aula es la vida misma. Seamos esos profesores inolvidables, que dan clases inmortales con pasión, vehemencia y amor, porque en ellas enaltecemos la valiosa de las vocaciones.

Hagamos que nuestros estudiantes reivindiquen su creatividad, su capacidad de asombro, invitémoslos a “devorarse” el mundo, a descifrar la sensibilidad de las situaciones arduas que nos impone el destino, afrontando su cotidianidad y contexto con miras a combatirlo, porque tenemos la capacidad de proveerles las herramientas diseñadas para construir en los lugares más recónditos e inhumanos.

Seamos esa luz en medio de la oscuridad de la insensatez de un mundo sin alma. Creamos en nosotros, no perdamos la paciencia, que cada día en las aulas en medio de tantos trajines, es una aventura más, una oportunidad distinta y lo mejor de todo, es el suceso más sublime de tener la vocación de ser profesores.

Para esto los docentes debemos conocer las realidades de sus estudiantes si deseamos que el proceso de enseñanza-aprendizaje tenga como resultado que cada clase sea única e irrepetible, siendo más que una clase magistral, una narración de historias fabulosas que oscilen entre la realidad y la fantasía e inciten a fantasear a los estudiantes con cambiar el mundo, esa debe ser la principal razón de la dedicación a la docencia, enseñar a soñar.

Porque no hay lugar más icónico y sublime que un pupitre de clase donde se edifican las curiosidades y experiencias más representativas del estudiante que se convierte en aprendiz y sus ideas se convertirán en sueños, y esos sueños son el mayor obsequio que un docente puede recibir de un estudiante.

Por lo tanto, reivindicar los sueños debe ser una apuesta más allá de lo institucional, donde toda temática sea acogida con la mayor emoción, cada problema con la mayor resiliencia y cada pregunta con el mayor asombro.

Es tiempo de soñar, es tiempo de cambiar el mundo desde las aulas de clase.

NOTA DE REDACCIÓN: La Web del Maestro CMF publica los textos originales de su autor, no necesariamente coincide con lo expuesto en el tema, no se hace responsable de las opiniones expresadas, y no promociona ningún producto, servicio, marca o empresa. Sugerimos a nuestros lectores conocer la identidad de la fuente o de su autor, para tener mayores elementos de juicio y la pertinencia a su realidad educativa.

Autor: Jorge A. López-Guzmán, ciudadano colombiano, nacido en Popayán (Cauca).
Es Antropólogo, Politólogo, Especialista y Magíster en Gobierno y Políticas Públicas, actualmente Doctorando en Antropología. La mayoría de sus publicaciones han sido de orden académico en las que se encuentran artículos publicados en revistas de Colombia, Ecuador, Chile, México, Perú y Estados Unidos, también ha incursionado en la escritura creativa a través de cuentos, ensayos y poesía en prosa por los cuales ha recibido distintos reconocimientos.
E-mail: [email protected]



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