El mal silencioso que está atacando al 90% de los maestros

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El término Burnout es relativamente nuevo y traducción más común es el estar “quemado” por el trabajo, refiriéndose a estar cansado, exhausto, desgastado, desmotivado o sin fuerzas. Es un tipo de estrés laboral según los refiere la OMS.
El término Burnout fue utilizado por primera vez por Freudenberger en 1974, para referirse a “cansancio físico y emocional que afectaba a los voluntarios de una clínica de desintoxicación” (Barona, 2005, p.28). Posteriormente, Maslach y Jackson en 1981 consideraron el Burnout como: Una respuesta al estrés laboral que padecen exclusivamente los trabajadores que desempeñan una labor de servicio a los demás y que desarrolla sus funciones bajo circunstancias de una fuerte demanda social (docentes, voluntarios, personal sanitario, etc.). (Terejo, 2010, p.364).

Actualmente, las altas demandas que tienen los docentes están provocando en ellos alteraciones en su trabajo, lo que suscita una serie de afectaciones no solo para él a nivel físico, psicológico y emocional; sino además en la parte laboral, ya que afecta la calidad educativa y los procesos de enseñanza- aprendizaje de sus educandos y el trato hacia ellos y los demás miembros de la comunidad educativa.

En anteriores publicación compartimos con ustedes las siguientes entradas: CONSECUENCIAS DEL BURNOUT O DESGASTE PROFESIONAL EN LA DOCENCIADOCENTES SON LOS MÁS AFECTADOS POR EL SÍNDROME DE LA CABEZA QUEMADA. Esta vez les traemos un artículo publicado en el Blog Maestros de México de quienes compartimos  con fines educativos – pastorales  la siguiente información.

90% de los maestros sufren el síndrome de agotamiento

Los docentes constituyen uno de los colectivos profesionales más afectados por la depresión, la fatiga psíquica, el estrés y otras dolencias, como el denominado “síndrome de agotamiento”. Tanto es así que los problemas psicológicos son citados por 9 de cada 10 profesores como principal dolencia de esta profesión.

A lo largo de nuestra carrera, debido a la presión tanto en el salón como en nuestras responsabilidades derivados de las políticas públicas de la SEP sufrimos problemas psicológicos que casi nunca son diagnosticados y menos aún tratados.

Síndrome de agotamiento

El más común de estos problemas es lo que se ha dado en llamar síndrome de agotamiento” (Burn-out en inglés) que tiene como principal síntoma un profundo desgaste mental tras años de carrera docente.

Este problema se atribuye, principalmente, a la falta de motivación, al trabajo monótono y repetitivo. Así como a la ausencia de valoración emocional y de reconocimiento y logro hacia el profesorado. Como consecuencia directa, nos encontramos con una actitud de despersonalización hacia nuestros alumnos. Reduciéndose de manera abrupta nuestra motivación y presentándose claros síntomas de depresión.

Según algunos investigadores (Haberman) este síndrome es una condición en la cual el maestro se considera a sí mismo como un empleado y deja de ser un profesional. El profesor enseña sin ningún compromiso emocional por su labor y sin percibir un sentido de eficacia. Llega un momento en que se convence de no significar una diferencia en la vida de sus estudiantes. Lo cual le hace concluir en que no es necesario seguir preocupándose por ellos. O llevar a cabo un esfuerzo serio por mejorar su enseñanza.

Pérdida del interés

La pérdida del interés o del placer en la enseñanza tiende a aumentar la irritabilidad. Aumentando la tensión y el miedo al entorno escolar, especialmente al aula. Así como una percepción desproporcionada de los errores propios del docente. Se experimentan, entonces, episodios de vacío o tristeza. Durante los cuales las actividades son marcadas por sentimientos de poco valor o culpa. Culminando en una sensación de fatiga o falta de energía en la enseñanza.

De acuerdo con observaciones realizadas por investigadores de la Universidad de Pennsylvania algunos factores tales como el ambiente físico de la ubicación de la instalación escolar (urbana, suburbana o rural) así como el nivel (básico, medio o superior) de la escuela afecta sensiblemente los síntomas depresivos del docente.

Ante esta realidad, nuestro colectivo se encuentra desamparado sin el apoyo profesional en materia psicológica que esta patología requiere. Ni las escuelas, ni las secretarias de educación (estatales y federales) ni nuestros sindicatos tienen programas continuos y adaptados a nuestras necesidades.

Eso si, cansados estamos de que se nos ofrezcan desayunos, sorteos, fiestas para el maestro… Migajas populistas y recursos despilfarrados sin control. Parte de la herencia clientelar a la que estamos acostumbrados en México.

Por eso nos preguntamos, ¿qué hacen las autoridades realmente para ayudarnos cuando realmente lo necesitamos?


Este contenido ha sido publicado originalmente por Maestros de México en la siguiente dirección: maestrosdemexico.com



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