[Alexander Ortiz] Resultados del aprendizaje en tiempos de crisis

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En esta reflexión nos convocan tres preguntas: ¿Qué es el aprendizaje?, ¿Qué es un resultado? y ¿Cómo se comprueban los resultados del aprendizaje?
¿Qué es el aprendizaje?
El término aprendizaje proviene del latín aprehenderé, que significa agarrar o percibir. Un estudiante aprende cuando ha agarrado o percibido algún contenido curricular, es decir cuando ha configurado un contenido en una asignatura determinada.

El contenido curricular entrelaza un sistema de conceptos, un sistema de destrezas y un sistema de actitudes. ¿Qué significa configurar un contenido? Significa actuar en correspondencia con los conceptos, destrezas y actitudes aprendidos.

Es imposible que el profesor pueda transmitir un contenido al estudiante. Cuando el profesor transmite un contenido al estudiante, éste lo percibe como una experiencia, y para que haya aprendizaje el estudiante debe reorganizar sus conocimientos, habilidades y valores previos. Aparentemente el profesor transmitió un contenido, pero en realidad lo que hizo fue crear las condiciones para que el estudiante configure su pensamiento.

Los estudiantes aprenden pensando por ellos mismos. El aprendizaje sólo es posible a partir de las vivencias y experiencias. No es posible aprender a partir de palabras leídas o escuchadas, sin embargo, éstas pueden contribuir a generar experiencias y vivencias valiosas de aprendizaje auténtico. El estudiante no aprende escuchando al profesor, sino interactuando con el profesor y con sus compañeros.

El aprendizaje no es una representación del objeto externo, no es una fotografía de la realidad. Aprender no es captar, ni repetir, ni reproducir. Cualquiera que sea el estilo de aprendizaje del estudiante, siempre aprende por medio de signos y no por la captación, representación, adquisición, asimilación o apropiación de los contenidos de un curso determinado.

Defino el aprender como un proceso de configuración sígnica que emerge mediante el lenguaje, a través del entrelazamiento entre las emociones y el conversar. Aprender es comprender y atribuirle sentido y significado a lo que se descubre. Todo aprendizaje es significativo, por descubrimiento y basado en la comprensión; de lo contrario no es aprendizaje. Si el estudiante no comprende lo que observa, lee o escucha, no habrá aprendido.

Aprender y saber no son lo mismo. Un estudiante puede saber algo y sin embargo no haberlo aprendido. Puede saber que 2×3=6, pero si no comprende porqué 2×3=6, entonces no lo ha aprendido. Si 2×3=6 no tiene ningún sentido o significado para él, entonces no lo ha aprendido.

Es importante reconocer que aprender y aprendizaje no son sinónimos, aunque en nuestra praxis pedagógica los utilizamos indistintamente, diluyendo la distinción que hay entre las dimensiones a las que corresponde cada uno.

El aprender es un acto indeterminado, inacabado, un proceso que siempre se está ejecutando. El estudiante siempre está aprendiendo. No existe el aprendizaje cero o nulo. Aprender es configurar experiencias por medio de signos, a través del emocionar y el conversar. El aprender es acontecimiento, devenir y afluencia.

En cambio el aprendizaje se analiza en el plano de la organización, de la configuración, como un resultado que puede ser juzgado y valorado, es el final esperado del proceso formativo. El aprendizaje es la capacidad que se configura en el aprender. Aprender es el proceso, y el aprendizaje es el resultado. En todo aprendizaje hay una capacidad, una competencia, que entrelaza conocimientos, habilidades y valores, conceptos, destrezas y actitudes.

¿Qué es un resultado?

Asumo el resultado como la consecuencia del desarrollo de un proceso determinado. Es el efecto de ejecutar determinado proceso. El resultado es la secuela del proceso, no es parte del proceso. El resultado se deriva del proceso pero no forma parte de éste. Un resultado nunca es parte del proceso que le dio origen.

Si me oriento al resultado del aprendizaje nunca veo el proceso formativo. Debemos concentrarnos en el proceso de aprendizaje, y el resultado es una consecuencia de ese proceso. El resultado se deriva del proceso pero no forma parte de él. Ahora bien, debemos reconocer que los resultados de cualquier proceso evaluativo no dependen del estudiante que está siendo evaluado, sino del profesor y del instrumento evaluativo.

¿Cómo se comprueban los resultados del aprendizaje?

El estudiante cambia y se transforma conversando con el profesor y sus compañeros. Solo el estudiante puede dar cuenta a profundidad de ese cambio y de ese aprendizaje. Es imposible que el profesor pueda dar cuenta del aprendizaje real del estudiante. El profesor lo que hace es aproximarse al resultado de aprendizaje del estudiante mediante sus propias percepciones y configuraciones.

Es imposible determinar con exactitud numérica cuánto conocimiento, habilidad, destreza, capacidad o competencia ha aprendido un estudiante en comparación con otro, porque no podemos definir una unidad de medida del conocimiento o de la habilidad, destreza, capacidad o competencia. El aprendizaje no se puede medir en los mismos términos en que medimos el espacio físico en centímetros, metros o kilómetros.

El conocimiento, la habilidad, destreza, capacidad o competencia son fenómenos de naturaleza neuropsíquica, relativos a la configuración cognitivo-expresiva de la personalidad, y como todo fenómeno neuropsíquico, en sí mismos son inconmensurables. Sin embargo, a la hora de evaluar al estudiante le otorgamos calificaciones, siguiendo criterios incompatibles con la naturaleza de las cualidades y atributos del aprendizaje.

Cuando realizamos evaluaciones en torno a la calidad de una determinada actividad o conocimiento logrado por el estudiante, debemos valorar la funcionalidad, pertinencia o aplicabilidad de ese conocimiento, así como la posibilidad que tiene el estudiante de generalizar una habilidad/destreza a diferentes conocimientos de distinto grado de complejidad. El profesor debe comparar la actividad desarrollada por el estudiante con el perfil construido previamente.

Debemos valorar el aprendizaje del estudiante, su desempeño. ¿Qué despliega el estudiante en su desempeño?: conocimientos, habilidades y valores. ¿Qué aprende el estudiante?: conceptos, destrezas, actitudes; es decir, desarrolla una capacidad, una competencia. Más que valorar el aprendizaje, lo que debemos valorar es el desarrollo del estudiante, el desarrollo de una capacidad o competencia, observable en su desempeño.

No hay desarrollo de capacidades y competencias sin solución de problemas. El problema se resuelve en la actividad-comunicación; haciendo algo y diciendo algo. Tengo que observar al estudiante haciendo algo (leer lo que hizo, lo que escribió) y escucharlo hablando.

Puedo valorar el dominio de un concepto-destreza-actitud del estudiante, y este proceso es hermenéutico, cualitativo, no cuantitativo, es por ello que no puedo medirlos mediante una escala.

Por otro lado, el aprendizaje o el desarrollo humano no es lineal, es configurativo, se va dando en forma de espiral: hay momentos de avance, retroceso, estancamiento, de nuevo avanza. El aprendizaje o el desarrollo es oscilántico, como el vuelo de las mariposas: va hacia delante, hacia atrás, a la izquierda, a la derecha, arriba, abajo, diagonal. Así se va dando el aprendizaje y el desarrollo.

En realidad, lo que evaluamos no es lo que el estudiante aprendió, no evaluamos el resultado del aprendizaje del estudiante, en términos de capacidades y competencias. Esto es imposible. Lo que evaluamos es la percepción que tenemos sobre la actividad desarrollada por el estudiante. Percepción configurada a partir de observar y escuchar lo que el estudiante hace y dice, pero no hay forma de saber lo que otra persona sabe. Sólo el estudiante sabe lo que ha aprendido y cómo lo ha aprendido, y lo más que puede hacer el profesor es evaluar su propia apreciación sobre el resultado de aprendizaje del estudiante. Es por ello que la evaluación y la calificación siempre son subjetivas, y es imposible que sean objetivas.

Es importante que el estudiante sepa esto, que sepa que su resultado en una evaluación no es objetivo y no depende de él, sino de la percepción que tenga el profesor. Por eso decimos que los resultados evaluativos de una persona que está siendo evaluada no dependen del sujeto evaluado sino del evaluador.

En fin, los resultados del aprendizaje no son ontológicos sino epistemológicos. Es decir, los resultados del aprendizaje no existen de manera independiente al evaluador, como una “cosa” exacta y estándar para todos los observadores (ontológico). Es el profesor observador quien determina los resultados de aprendizaje de sus estudiantes (epistemológico), y la única forma de objetivizar la evaluación es mediante la intersubjetividad, es decir a través de la heteroevaluación, la autoevaluación y la interevaluación o co-evaluación. Y aun así, la valoración realizada sobre el resultado del aprendizaje, no será exacta sino aproximativa, no será objetiva sino subjetiva. La intersubjetividad lo que hace es contribuir a disminuir, atenuar o mitigar el exceso de subjetividad (cuando es el profesor el único que valora los resultados del aprendizaje de los estudiantes), pero la subjetividad nunca se elimina totalmente.



Autor:
Alexander Ortiz Ocaña, ciudadano cubano-colombiano.
Universidad del Magdalena Santa Marta, Colombia
Doctor en Ciencias Pedagógicas, Universidad Pedagógica de Holguín, Cuba. Doctor Honoris Causa en Iberoamérica, Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE), Lima. Perú. Magíster en Gestión Educativa en Iberoamérica, CIHCE, Lima, Perú. Magíster en Pedagogía Profesional, Universidad Pedagógica y Tecnológica de la Habana. Licenciado en Educación.
Correo electrónico: [email protected] / [email protected]

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