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Un colegio retira los móviles durante el recreo y los padres se quejan: una psicóloga cuestiona quién tiene realmente la autoridad

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Un colegio retira los móviles durante el recreo y los padres se quejan: una psicóloga cuestiona quién tiene realmente la autoridad

Un colegio retira los móviles durante el recreo y algunos padres protestan. La psicóloga Rocío Ramos-Paúl cuestiona sus quejas y recuerda quién debe asumir la responsabilidad de educar.
En el video, la psicóloga española Rocío Ramos-Paúl cuestiona las quejas de algunos padres porque un colegio retira los móviles durante el recreo y reflexiona sobre la autoridad escolar y la responsabilidad familiar.

La decisión de un colegio de retirar los teléfonos móviles a sus alumnos durante el recreo ha reabierto el debate sobre la autoridad escolar, la responsabilidad de las familias y los límites en el uso de las pantallas. La psicóloga española Rocío Ramos-Paúl, conocida por su trayectoria en orientación familiar y educación de menores, abordó esta situación para reflexionar sobre las reacciones de algunos padres ante las normas escolares. Su planteamiento pone el foco en una contradicción: mientras se exige a los centros educativos que controlen el uso de los dispositivos, determinadas familias cuestionan las medidas adoptadas para conseguirlo.

La controversia surge a partir de una medida concreta: impedir que los estudiantes utilicen sus teléfonos durante el tiempo destinado al descanso y la convivencia. Aunque no se ha identificado públicamente el colegio al que se refiere el caso, la situación refleja un conflicto presente en numerosas comunidades educativas. El recreo no es únicamente una pausa entre clases, sino también un espacio para relacionarse, jugar, conversar y desarrollar habilidades sociales. Sin embargo, la presencia constante de los dispositivos móviles ha introducido nuevas dificultades para organizar estos momentos y establecer límites que sean respetados tanto por los alumnos como por sus familias. Artículo relacionado: Padres envían una carta manifestando su molestia por la implementación del uso de teléfonos celulares durante los recreos

La reacción de los padres frente a las normas del colegio

Uno de los aspectos más relevantes de la reflexión de Ramos-Paúl es la respuesta que pueden tener algunos progenitores cuando una institución educativa establece restricciones. La especialista describe situaciones en las que determinados padres consideran que el colegio no debería decidir cuándo sus hijos pueden utilizar el teléfono móvil. El problema, según su planteamiento, no se limita a estar de acuerdo o en desacuerdo con una norma, sino a la manera en que los adultos reaccionan ante ella. Cuando una familia desacredita automáticamente una decisión escolar frente a sus hijos, puede debilitar la autoridad de los docentes y dificultar la convivencia dentro del establecimiento.

La psicóloga también cuestiona la tendencia a trasladar al colegio responsabilidades que corresponden inicialmente al entorno familiar. En su reflexión, plantea que algunos adultos esperan que los centros educativos resuelvan los problemas derivados del uso excesivo de las pantallas, pero reaccionan negativamente cuando se establecen restricciones. No resulta coherente exigir disciplina digital a los docentes y, al mismo tiempo, desautorizar las medidas destinadas a promoverla. Esta contradicción puede generar mensajes confusos para los estudiantes, quienes necesitan comprender que las normas no dependen exclusivamente de sus preferencias personales y que existen responsabilidades compartidas entre la escuela y el hogar.

Otro argumento que aparece en esta discusión es el aburrimiento de los estudiantes cuando no tienen acceso a sus teléfonos. Algunos padres interpretan esa incomodidad como una consecuencia negativa de la prohibición, mientras que la reflexión de Ramos-Paúl invita a considerar otra perspectiva. Aburrirse ocasionalmente no constituye necesariamente un problema que deba resolverse mediante una pantalla. Durante el recreo, los alumnos pueden descubrir otras formas de entretenimiento, relacionarse con sus compañeros o participar en actividades espontáneas. El desafío educativo consiste en acompañar ese proceso sin convertir el dispositivo electrónico en la única alternativa disponible para ocupar el tiempo libre.

Rocío Ramos-Paúl es licenciada en Psicología, máster en Psicología Clínica y educadora de menores. Desde 2006 conduce un programa de televisión con el objetivo de mostrar directrices educativas y en la actualidad es además directora del centro de psicología Biem.

La responsabilidad familiar en el uso de las pantallas

Ramos-Paúl, licenciada en Psicología, con formación de posgrado en Psicología Clínica y experiencia en educación de menores, ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional a orientar a las familias sobre convivencia, límites y comportamiento infantil. Desde 2006 desarrolla una labor televisiva relacionada con la educación familiar y también dirige el centro de psicología Biem. Desde esa experiencia, su intervención sobre los teléfonos móviles plantea una cuestión fundamental: la educación digital no comienza cuando el estudiante entra al colegio, sino mucho antes, mediante las decisiones y los hábitos establecidos en casa. La escuela puede reforzar esos aprendizajes, pero difícilmente sustituirlos por completo.

En este contexto, la responsabilidad de los padres comprende mucho más que decidir cuándo comprar un teléfono a sus hijos. También implica establecer horarios, supervisar contenidos, conversar sobre los riesgos de internet y enseñar comportamientos responsables. La intervención de la psicóloga permite identificar algunas prácticas que pueden contribuir a una relación más equilibrada con la tecnología:

  • Establecer límites de uso adecuados a la edad y madurez de los menores.
  • Explicar las razones de las restricciones sin recurrir únicamente a prohibiciones.
  • Promover actividades recreativas que no dependan de dispositivos electrónicos.
  • Mantener una comunicación respetuosa con los docentes ante las decisiones escolares.
  • Dar ejemplo mediante hábitos digitales coherentes dentro del hogar.

Estas responsabilidades requieren continuidad, acompañamiento y criterios compartidos entre los adultos.

La reflexión también permite distinguir entre el derecho de las familias a expresar sus desacuerdos y la necesidad de respetar las normas institucionales. Los padres pueden solicitar explicaciones, participar en reuniones y proponer modificaciones cuando consideren que una medida resulta inadecuada. Sin embargo, cuestionar una decisión no equivale necesariamente a desautorizar a quienes tienen la responsabilidad de organizar la convivencia escolar. La diferencia está en la forma de abordar el conflicto. Un diálogo constructivo puede mejorar las disposiciones del colegio, mientras que una confrontación permanente puede transmitir a los estudiantes que cualquier límite resulta negociable cuando contradice sus deseos.

La autoridad escolar necesita coherencia entre padres y docentes

El debate sobre los teléfonos móviles también plantea una cuestión más amplia relacionada con la autoridad educativa. Los colegios necesitan establecer reglas que permitan desarrollar las actividades escolares en condiciones adecuadas, pero esas disposiciones deben ser conocidas, razonables y aplicadas con criterios consistentes. La autoridad no se fortalece mediante prohibiciones arbitrarias, sino a través de normas comprensibles, justificadas y sostenidas por una comunidad educativa comprometida. En ese sentido, retirar los móviles durante el recreo puede formar parte de una estrategia de convivencia, siempre que la institución explique sus objetivos, contemple las necesidades de comunicación y establezca procedimientos claros para su aplicación.

La discusión tampoco debería reducirse a una confrontación entre quienes defienden los teléfonos y quienes consideran necesario retirarlos. El verdadero desafío consiste en enseñar a los menores a utilizar la tecnología con autonomía progresiva y responsabilidad. Para conseguirlo, familias y docentes necesitan actuar como aliados y no como adversarios. Los estudiantes pueden aprender a respetar restricciones temporales, comprender las consecuencias de sus decisiones y desarrollar alternativas de entretenimiento sin depender constantemente de una pantalla. Estas habilidades no aparecen automáticamente con la edad, sino que requieren orientación, práctica y adultos capaces de mantener acuerdos educativos incluso cuando generan incomodidad.

La intervención de Rocío Ramos-Paúl deja una reflexión que trasciende el caso del colegio y sus teléfonos móviles: no se puede exigir a la escuela que asuma toda la responsabilidad educativa mientras se cuestiona sistemáticamente su capacidad para establecer límites. Las familias tienen derecho a participar en las decisiones que afectan a sus hijos, pero también deben reconocer su papel en la formación de hábitos y comportamientos. La autoridad escolar y la responsabilidad familiar no deberían competir entre sí. Cuando ambas trabajan con criterios coherentes, los estudiantes reciben un mensaje fundamental: educar también significa establecer límites, asumir responsabilidades y aprender a convivir respetando las normas comunes.

Redacción: Web del Maestro CMF

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