El sacerdote dominicano Norberto Antonio Rosario Ovalle, párroco de la iglesia San Francisco de Asís, en el municipio de El Factor, provincia María Trinidad Sánchez, República Dominicana, expresó públicamente su indignación contra el Ministerio de Educación por la cantidad de oportunidades que reciben los estudiantes para aprobar sus asignaturas y pasar de año. Durante su intervención, el religioso cuestionó un sistema de evaluación que contempla hasta ocho mecanismos de seguimiento, recuperación y exámenes destinados a evitar la reprobación escolar. Su crítica surgió al mencionar que, de aproximadamente seiscientos estudiantes de un colegio, solamente siete habían reprobado, situación que utilizó para cuestionar las facilidades de aprobación académica.
El sacerdote comenzó su intervención explicando que los estudiantes atraviesan diferentes etapas de evaluación antes de llegar a una posible reprobación definitiva. Según su descripción, el proceso incluye evaluaciones durante los períodos académicos, exámenes periódicos, seguimiento continuo y recuperación permanente. Posteriormente, aparecen nuevas instancias para quienes todavía no alcanzan la calificación mínima requerida. Su principal cuestionamiento no fue únicamente la existencia de oportunidades de recuperación, sino la acumulación de mecanismos que, a su juicio, terminan debilitando la exigencia académica. El religioso sostuvo que esta situación genera una preocupación legítima sobre los conocimientos que realmente adquieren los estudiantes.
Las ocho oportunidades que cuestiona el sacerdote
En su explicación, el sacerdote enumeró ocho mecanismos que, según manifestó, forman parte del sistema utilizado para facilitar la aprobación escolar. Aunque algunos corresponden a procesos de evaluación y acompañamiento, mientras otros constituyen exámenes específicos, el religioso los presentó como parte de una misma secuencia de oportunidades. Su intervención puso especial énfasis en que los estudiantes disponen de múltiples instancias antes de ser considerados definitivamente reprobados. Esta fue la relación de mecanismos que mencionó durante su discurso, siguiendo el orden en que los describió y diferenciando las evaluaciones ordinarias de las oportunidades posteriores de recuperación académica.
- Los cuatro P: evaluaciones realizadas durante los cuatro períodos académicos.
- Exámenes periódicos: pruebas aplicadas durante el desarrollo del período escolar.
- Seguimiento continuo: acompañamiento del progreso académico de los estudiantes.
- Recuperación permanente: oportunidades para superar dificultades y mejorar los resultados.
- Examen final: evaluación al concluir el proceso académico correspondiente.
- Examen completivo: nueva oportunidad para quienes no alcanzaron la calificación requerida.
- Examen extraordinario: evaluación posterior para estudiantes que continúan sin aprobar.
- Examen especial: otra instancia de evaluación mencionada como parte del proceso.
El sacerdote explicó que, después de las evaluaciones desarrolladas durante el año escolar, los estudiantes deben alcanzar una calificación mínima de 70 puntos. Quienes no consiguen ese resultado, según su relato, pueden presentarse a un examen completivo. Si tampoco logran aprobar, todavía cuentan con una evaluación extraordinaria y, posteriormente, con una especial. Esta sucesión de oportunidades fue precisamente lo que provocó su indignación, pues considera que el sistema insiste en ofrecer nuevas posibilidades incluso después de varios resultados insuficientes. Su exposición planteó una preocupación sobre los límites que deberían existir entre la recuperación académica y la promoción escolar.
La crítica adquirió mayor intensidad cuando el sacerdote se refirió a lo que supuestamente ocurre durante las últimas evaluaciones. Según denunció, algunos docentes terminan informando anticipadamente a los estudiantes cuáles serán los contenidos que aparecerán en los exámenes extraordinarios y especiales. El religioso presentó esta práctica como una muestra de las facilidades que, en su opinión, reciben los alumnos para conseguir una calificación aprobatoria. Sin embargo, su declaración no permite establecer si se trata de una conducta generalizada ni determinar las circunstancias concretas en las que habría ocurrido. La acusación forma parte de su cuestionamiento al funcionamiento del sistema educativo.
Una crítica directa al Ministerio de Educación
El momento más contundente de la intervención llegó cuando el sacerdote responsabilizó directamente a las autoridades educativas. Visiblemente molesto, afirmó: “Porque es una vergüenza. Y esto es culpa del Ministerio de Educación. No hay otro culpable que ese”. Con estas palabras, dejó claro que su cuestionamiento no estaba dirigido exclusivamente a los estudiantes o a los profesores, sino principalmente a quienes establecen las disposiciones del sistema escolar. Para el religioso, el problema se encuentra en una estructura que permite acumular oportunidades de aprobación sin que, necesariamente, exista una garantía de que los conocimientos fundamentales hayan sido adquiridos.
Su indignación también estuvo relacionada con la cantidad de estudiantes que consiguen superar el año académico. Al mencionar el caso de un colegio con aproximadamente seiscientos alumnos, de los cuales solamente siete habían reprobado, el sacerdote utilizó esa cifra para ilustrar su preocupación. El bajo número de estudiantes reprobados fue presentado como un motivo para cuestionar la exigencia del sistema, aunque ese dato, por sí solo, no permite determinar si hubo facilidades indebidas o si los resultados respondieron a un buen desempeño académico. La intervención se concentró en cuestionar los procedimientos de aprobación, sin presentar una evaluación detallada del aprendizaje alcanzado.
El debate entre la recuperación académica y la exigencia escolar
Las declaraciones del sacerdote plantean una discusión relevante sobre la finalidad de las evaluaciones y los procesos de recuperación. En educación, ofrecer nuevas oportunidades puede permitir que los estudiantes superen dificultades, consoliden aprendizajes y eviten que un resultado insuficiente determine definitivamente su trayectoria escolar. Sin embargo, la existencia de mecanismos de recuperación también exige criterios claros para comprobar que los conocimientos y competencias realmente fueron alcanzados. El debate no consiste solamente en establecer cuántos exámenes puede rendir un alumno, sino en determinar qué debe demostrar para aprobar y cuáles son las condiciones académicas que justifican su promoción.
Otro aspecto importante es la responsabilidad que corresponde a los docentes dentro de estos procesos. El sacerdote cuestionó que, durante determinadas evaluaciones, algunos profesores supuestamente anticipen los contenidos de los exámenes. No obstante, resulta necesario distinguir entre orientar a los estudiantes sobre los temas que deben estudiar y proporcionarles indebidamente las respuestas o preguntas exactas de una prueba. La preparación académica y la transparencia de los criterios de evaluación son prácticas legítimas, mientras que cualquier procedimiento destinado a garantizar artificialmente una aprobación podría comprometer la validez de los resultados. Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente el alcance de sus acusaciones.
La intervención concluyó con una fuerte manifestación de descontento hacia el Ministerio de Educación, al que el sacerdote atribuyó la responsabilidad de mantener un sistema que considera excesivamente permisivo. Su mensaje central fue que multiplicar las oportunidades para aprobar no debería convertirse en un sustituto del aprendizaje efectivo. Aunque sus declaraciones expresan una postura crítica y no constituyen por sí mismas una demostración de irregularidades, ponen sobre la mesa una cuestión esencial para cualquier sistema educativo: cómo ofrecer apoyo a quienes presentan dificultades sin perder la exigencia académica. La discusión de fondo es garantizar que pasar de año represente conocimientos adquiridos y no solamente haber agotado sucesivas oportunidades de evaluación.
Redacción: Web del Maestro CMF