11 técnicas que utilizan los mejores profesores para enseñar matemáticas

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La asignatura de matemáticas es una de las más complicadas de impartir, puesto que la complejidad que entrañan muchas de las formulas y los problemas a solucionar puede provocar hastío entre parte de los estudiantes. La impotencia de los alumnos al encontrar dificultades en resolver ejercicios puede lastrar el ritmo y el dinamismo de la clase, por lo que es importante que conozcas algunas técnicas para mejorar cómo profesor de matemáticas y conseguir que tus clases sean tan entretenidas como didácticas.

Saberse al dedillo todas las formulas algebraicas, ecuaciones y ser un experto en la resolución de problemas numéricos es fundamental para ser un buen profesor de matemáticas, pero también debes aplicar una serie de técnicas para acercarte más a los alumnos y transmitirles tu pasión por esta asignatura. A continuación compartimos con fines educativos – pastorales  la publicación del portal Emol (Chile) que ofrecen 10 consejos que pueden ser de utilidad.

Éstas son 10 técnicas que usan los buenos profesores para enseñar matemáticas

Matemáticas es una asignatura clave en el aprendizaje de los niños. Agiliza su mente y los ayuda a razonar. Sin embargo, la serie de mitos que la rodean dificultan su enseñanza en el aula, y hacen que tenga una carga emocional para los estudiantes. Que hay gente buena y gente mala para las matemáticas, que sólo le va bien al que es muy inteligente y que es más para los hombres que para las niñas, son algunas de las creencias con que los profesores deben lidiar.

Sin embargo, hay docentes que logran sortear esas dificultades y, utilizando creativas estrategias, consiguen que sus alumnos aprendan mejor y hasta disfruten la clase.

Muchas de estas técnicas fueron recogidas en el libro “Matemática en el Aula: Docentes en Acción”, que consistió en grabar clases reales de profesores experimentados en el área y luego rescatar los mejores momentos, con el fin de que el material pueda ser utilizado por las facultades de Pedagogía, para formar a los futuros docentes.

Según indica Salomé Martínez, autora del libro e investigadora del Centro de Modelamiento Matemático de la U. de Chile, un buen profesor de matemáticas “hace sentir a los niños cómodos en la clase y los alienta a participar”. Para eso es importante que no entregue todas las respuestas, sino que inste a los niños a razonar y discutir, planteando ejercicios atractivos y “con significado” para los alumnos.

Afirma que para lograr eso “no hay una sola receta”, sino que depende mucho de la situación, del estilo del profesor y del carácter del curso, pero sí hay algunas prácticas que se pueden recomendar.

1. Hacer preguntas que los hagan pensar

Las preguntas que realmente sirven a los niños son las que los hacen pensar y no aquéllas donde todo el mundo ya sabe la respuesta (como ¿cuánto es 2+3?). Esto no implica hacer preguntas más complejas, sino “ricas” y, por ejemplo, pueda tener más de una respuesta, se pueda resolver de varias maneras o se pueda extender y, a partir de la respuesta, se continúe con otra pregunta. “Son preguntas que gatillan procesos de pensamiento”, señala Martínez.

2. Que no respondan los que levantan la mano

Para fomentar que todos participen y no sólo los más aventajados, una buena práctica es elegir al azar quién debe responder. Por ejemplo, hay profesores que tienen papeles con los nombres de los niños y sacan uno sin mirar. “Esto obliga a mantener la atención de todos los niños, porque puede ser cualquiera”, señala la experta. Dice que si, al contrario, “les doy la palabra a los niños que siempre levantan la mano, hay grupos que van a ser dejados de lado”.

3. No esperar respuestas muy rápidas

Para que todos los niños puedan participar, el profesor no debe esperar respuestas muy rápidas, sino que debe dar más tiempo para que puedan pensar. “Si yo pregunto y espero la respuesta en cinco segundos, el único que puede participar es el niño que tiene la respuesta en la punta de la lengua, el que justo sabía, pero dar tiempo hace que la participación sea más equitativa”, señala Martínez.

4. Discutir con el compañero antes de responder

Una buena técnica es hacer una pregunta y pedir que los niños discutan con su compañero antes de responder. “Eso produce más participación, los niños se entretienen tratando de convencer al compañero, y comentar su respuesta con otro antes de hacerlo frente al curso hace que sea menos intimidante para el alumno”, afirma.

5. No sentar al que le va bien con el que le va mal

Si bien es bueno que los alumnos aprendan de sus compañeros, sentar deliberadamente al buen estudiante con el que le va mal, para que uno le enseñe al otro, podría tener un efecto negativo. “Etiquetar a los alumnos hace que el niño que se supone que no sabe tenga un rol pasivo, de sólo escuchar, copiar o preguntarle al compañero”, afirma Martínez. Sentarlos al azar produce mucha más participación.

6. No entregar siempre la respuesta correcta

No entregar siempre la respuesta correcta y hacer que los propios niños descubran sus aciertos y errores también puede ser positivo. Por ejemplo, una profesora pidió resolver un problema y escogió tres respuestas que habían dado los estudiantes –dos correctas, aunque distintas, y una con un error–, y las expuso en el pizarrón, para que los mismos alumnos las corrigieran. Esto fomentó que pensaran, discutieran y se “engancharan” con la situación.

7. Aprovechar cuando un alumno se equivoca

Es sabido que “de los errores se aprende” y esto también se debe aplicar en clases. En lugar de cuestionar al alumno, el profesor debe ser capaz de “manejar” esa equivocación y aprovecharla en el aprendizaje. “La idea jamás es criticar, sino que tratar de entender qué pasó y aprovechar eso, quizás el niño entendió de una manera distinta y algo interesante se puede rescatar”, afirma Martínez.

8. Persistir con un alumno y darle pistas

Que un alumno responda mal y el profesor pida que pase el siguiente, no es muy recomendable. Al contrario, es bueno que los profesores perseveren con un estudiante, aún cuando se haya equivocado. Para esto, lo puede ir ayudando a resolver el ejercicio o entregarle una pista. “Eso hace que no sea aceptable decir ‘no sé’, que el niño no piensa que con eso basta para no contestar”, acota la experta.

9. Dar cabida a la espontaneidad de los niños

Es importante que el profesor pueda dar espacio a las ocurrencias de los niños y a momentos de entretención, aunque sin perder el foco. “Por ejemplo, había un problema donde había que pasear mascotas, y los niños se engancharon mucho con los nombres de los perritos y estaban entretenidos con la situación en sí, y la profesora fue capaz de seguirles el hilo y darle cabida a eso. Hay reacciones de los niños que uno no se las espera y que es muy lindo que aparezcan”, dice.

10. Plantear ejercicios sin sesgo

Uno de los problemas que se atribuye a las clases de matemáticas es que tendrían un “sesgo de género” a favor de los hombres al hacerlos participar y en el tipo de ejemplos que utilizan, que son masculinos. Los profesores que participaron en el proyecto, en general, utilizan ejercicios con contextos “neutros”, aunque entretenidos, como pintar la pieza, sacar a pasear a los perros o un cumpleaños.

11. Empatía con los alumnos (Recomendación de GoConqr)

Por muy sencillo que te parezca los problemas que planteas en clase, tienes que tener en cuenta que siempre habrá una serie de alumnos que no sepan resolverlo. En estos casos, es fundamental armarse de paciencia y explicarlo las veces que sean necesarias para que ningún alumno se vaya a casa sin haber comprendido la lección. Por lo tanto, debes trabajar tu capacidad de empatía y ponerte en la piel de los alumnos que encuentran más dificultades con las matemáticas. Esta labor humana hará que tus clases sean mucho más enriquecedoras y comprensibles para los estudiantes.


Este contenido ha sido publicado originalmente por EMOL en la siguiente dirección: emol.com



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