Ya lo dijo José Saramago: «La educación está en la familia, no en las escuelas»

José Saramago nació en la aldea portuguesa Azinhaga el 16 de noviembre de 1922. Era hijo de campesinos pobres. Pasó su infancia en el pueblo de Azinhaga, la familia se trasladó un tiempo a Argentina, y después se afincaron en Lisboa.
Publicó su primera novela, Tierra de pecado, en 1947. Aunque con esta obra recibió muy buenas críticas Saramago decidió permanecer sin publicar más de veinte años. Periodista y miembro del Partido Comunista Portugués sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar. Se sumó a la llamada Revolución de los Claveles que llevó la democracia a Portugal, en el año 1974.

Escéptico e intelectual mantuvo una postura ética y estética por encima de partidismos políticos, y comprometido con el género humano. Una controvertida visión de la historia y de la cultura son el punto crucial de sus obras.

Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1998, siendo el primer escritor portugués en conseguirlo. Ha sido distinguido por su labor con numerosos galardones y doctorados honoris causa (por las Universidades de Turín, Sevilla, Manchester, Castilla-La Mancha y Brasilia). Ha recibido el Premio Camoes, equivalente al Premio Cervantes en los países de lengua portuguesa.

Su obra está considerada por los críticos de todo el mundo como una de las más importantes de la literatura contemporánea.

Pasó sus últimos años en su casa de la isla española de Lanzarote (Canarias), al lado de su compañera, Pilar del Río.

Alzado del suelo (1980) fue la novela que le reveló como el gran novelista maduro y renovador portugués. Se trata de una novela histórica, situada en el Alentejo entre 1910 y 1979, con un lenguaje campesino, una estructura sólida y documentada y un estilo humorístico y sarcástico que llamó enormemente la atención en su momento.

Siguieron obras de gran interés como Memorial del convento (1982), El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), La balsa de piedra (1986), Historia del cerco de Lisboa (1989), El evangelio según Jesucristo (1991) y Ensayo sobre la ceguera (1995), obra en la que el autor desde planteamientos éticos advierte sobre “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”. Murió el 18 de junio del 2010.

José Saramago: «La educación está en la familia, no en las escuelas»

El recordado Premio Nobel de Literatura José Saramago sostuvo en Barcelona que la educación no es competencia de la escuela sino sobre todo de la familia. El escritor indicó: «Pensar que es la escuela la que tiene que formar cívicamente a los estudiantes es precisamente una de las grandes equivocaciones de nuestra sociedad y causa de la crisis en que se halla la familia». Saramago, que participó en unas jornadas sobre educación superior en la Universidad Politécnica de Cataluña, matizó que «la escuela debe ocuparse de instruir pero no de educar», ya que para esto último «carece del tiempo, medios y preparación necesarios» para llevarlo a cabo. El escritor consideró que «la familia debe educar porque forma parte de la sociedad, mientras que la escuela es un paraíso lejano a la vida real».

Esperamos que este corto párrafo, pero profundo en reflexión, sea el pequeó impulso que necesitan muchas familias para entender que la educación empieza por casa. Siempre debemos cuestionarnos: ¿Qué es la educación? ¿Quiénes educan a los niños? ¿Comprenden los padres lo fundamental de su rol en la educación de sus hijos? ¿Cómo pueden colaborar los padres en las trayectorias escolares?

¿Qué es la educación?

Toda definición de educación a la que podamos acceder describe a la educación como un proceso de aprendizaje, resaltando además la importancia de la adquisición de valores, habilidades, creencias y hábitos como parte del proceso. Siguiendo esta definición es que podemos aseverar que los principales involucrados en la educación de los niños desde los primeros días son papá y mamá.

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¿Quiénes educan a los niños?

Alejandro De Barbieri, en su libro Educar sin culpa, hace especial énfasis en los padres como primeros educadores. Los padres son los que deben educar. El hogar debería ser la primera escuela, la primera instancia de aprendizaje; los padres son los primeros maestros, la familia la primera instancia socializadora.

Entonces, siendo los padres los primeros educadores, los docentes están ante un gran desafío. Muchos papás parecieran no tener el tiempo suficiente para educar a sus hijos. Sus trabajos y actividades de adultos les insumen prácticamente todo el día y esto repercute en sus niños, ya que invierten cada vez menos tiempo en la educación de sus hijos y delegan esta responsabilidad en su ¨socio¨ inmediato: la escuela.



Y citando a Alejandro De Barbieri, aquí está el problema: considerando la crisis familiar que se observa, el hogar no está funcionando como primera escuela, delegándose en los docentes la responsabilidad de dar al niño su primera educación.

Entendiendo erróneamente, que los desafíos que se les presenten a estos niños deben ser trabajados principalmente en la escuela, donde el padre ha depositado su confianza y a sus más preciados tesoros: sus hijos. Sin embargo, esta responsabilidad tercerizada trae consigo consecuencias y está pasando factura con altos costos sociales, morales, afectivos y emocionales.

Son estos pequeños “huérfanos” con familias quienes carecen de límites claros, quienes pocas veces han recibido un “no” por respuesta, quienes tienen más juguetes que palabras de aliento y pasan más horas frente a dispositivos electrónicos que compartiendo comidas con sus padres.



Este es un gran desafío para el docente de hoy que intenta por todos los medios educar a sus alumnos en el amor, pero con límites claros, entendiendo que su rol termina cuando el niño vuelve a su hogar. Si bien los docentes no son quienes educan a nuestros niños en primera instancia, este rol se les viene delegando hace tiempo.

¿Comprenden los padres lo fundamental de su rol en la educación de sus hijos?

El rol de los padres es crítico en la educación de sus hijos. Si bien los niños pasan una gran cantidad de tiempo en el establecimiento escolar, la influencia que ejercen los padres sobre sus hijos es fundamental para su crecimiento. La importancia que cada familia le dé al tiempo compartido, a inculcar valores y a las charlas compartidas, repercutirá tanto en el desempeño escolar del niño como en su futuro.

Cuando nuestros hijos viven en armonía dentro de sus casas, buscarán lo mismo fuera de ella. Si cada noche, cuando la familia se reúne en torno a la mesa, los papás pueden compartir los buenos momentos vividos durante la jornada, los aspectos positivos de su día y por qué no un nuevo aprendizaje del día, el niño se sentirá motivado a compartir sus experiencias también.

El solo hecho de escucharlos con atención y comentar sobre sus experiencias, hará notar al niño que sus papás se interesan por su educación, que les gusta saber qué nuevos conocimientos han adquirido y los motivarán a continuar, a volver a la escuela al día siguiente en busca de nuevos conceptos, habilidades y valores. Nuevas experiencias para compartir en familia.

El interés que los padres demuestren en el aprendizaje diario de los chicos es directamente proporcional al entusiasmo que ellos generen para continuar con su proceso de aprendizaje.



¿Cómo pueden colaborar los padres en las trayectorias escolares?

Tanto padres como docentes educamos porque amamos a nuestros niños. Nuestro objetivo es que cada niño pueda crecer en valores y habilidades, ya sea que esté en su hogar o en el ámbito escolar.

Teniendo los objetivos claros, es más sencillo que las trayectorias escolares sean exitosas cuando los padres confían en el establecimiento, cuando hay una alianza implícita entre padres y docentes, cuando los niños escuchan en su casa la importancia que les dan a los docentes y al establecimiento educativo sin dudar en la toma de decisiones de estos actores de la educación. Entonces la visión del niño hacia la escuela es de respeto y confianza.

Actualmente, padres y docentes somos educadores desafiados a restaurar la confianza y escucha mutua.



Los padres ponemos manos a la obra de diferentes formas:
  • Reconociendo que el niño debe ingresar educado al aula.
  • Reconociendo al docente como autoridad del aula y colaborando con él.
  • Participando activamente en las propuestas escolares y por qué no llevando propuestas que enriquezcan la participación mutua.
  • Involucrándonos en el día a día de nuestros hijos en la escuela.
  • Y amándolos por sobre todas las cosas.

Quienes educan a nuestros niños lo hacen con mucho amor. Educar es amar, es ayudar a desplegar todas las potencialidades de cada persona para que llegue a convertirse un ser humano con valores y principios éticos.

Educar es promover la tolerancia y el entendimiento entre seres humanos para construir entre todos un mundo mejor. Educar es una tarea trascendental. ¿Podremos, como padres, ser los verdaderos protagonistas a la hora de educar a nuestros niños?

Este contenido ha sido publicado originalmente por Pearson en la siguiente dirección: blog.pearsonlatam.com



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