La Heutagogía para crear mejores espacios de aprendizaje

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La Heutagogía, concepto acuñado en el año 2000 por Steward Hase y Chris Kenyon de la Southern Cross University de Australia, se refiere al aprendizaje autodeterminado. Una visión interesante de los autores que se incorpora a los conceptos de Andragogía, refiriéndose a aprender a aprender, descubriendo las mejores maneras de aprender en cada individuo: visual, auditivo, kinestésico, en la autodirección en el aprendizaje basado en la autoconfianza: Más allá de las estructuras, la Heutagogía se presenta como una mirada más profunda hacia los autodidactas frente a los cambios tecnológicos que se presentan mayores oportunidades de crear y facilitar aprendizajes. Desde el autoaprendizaje podemos construir aprendizajes, desde comunidades de aprendizaje será más fácil la construcción y deconstrucción de los aprendizajes. Los elementos de un entorno de aprendizaje diseñados para la heutagogía incluyen: exploración, creación, colaboración, conexión, intercambio y reflexión, acorde con Blaschke & Brindley.

Etimológicamente el término provendría de una formación irregular de las palabras griegas ευρετικός (heurista) cuyo significado es “descubrir”, εφευρετικός (heuretikos) que significa “inventiva”, εύρημα (heuriskein) que significa “encontrar”, y άγω (ago) “guiar”; lo que nos lleva a concluir en el guiar los descubrimientos, los hallazgos.

Esta entrada fue desarrollada por Yeira Academy, escrito por Diana González.

Hemos diseñado y puesto a prueba proyectos de formación que consolidan el proceso de enseñanza / aprendizaje, categorizando rápidamente el formato de comunicación ya sea uni o bi direccional. En cualquier caso, los elementos del modelo comunicativo se acomodan de acuerdo al carácter dialógico, a las capacidades de análisis y pensamiento y a las habilidades de respuesta de cada uno de los interlocutores.

Hoy, los modelos comunicativos se han modificado significativamente gracias a las herramientas digitales. Muchas de las actividades que llevamos a cabo de forma cotidiana se han transformado, han migrado sus rutas, y es difícil hoy imaginar un entorno de comunicación que no incorpore el componente que denominamos “digital”. 

El proceso de enseñanza-aprendizaje, es un proceso de comunicación en sí mismo, al intercambiar mensajes entre docentes y alumnos, entre los propios alumnos y entre los mismos docentes, con todas sus variantes. En la actualidad contamos con una amplia gama de formas y herramientas de comunicación, los espacios que utilizamos en muchos de los ámbitos de nuestra vida son innovadores, y hemos explorado poco, planteamientos distintos al formato tradicional de clases o materias expuestas, hay pocos cambios de fondo, y solo responden a la urgencia de continuar los semestres en todos los niveles educativos. 

Estar al tanto de lo que el mundo de hoy exige, debiera llevarnos a replantear el trabajo y planteamiento que hacemos del diseño instruccional, poniendo especial atención en las habilidades para la “ciudadanía digital”, habilidades que dicho sea de paso se requieren como obligatorias para las nuevas formas de aprendizaje, de convivencia y de desarrollo profesional; y que no tienen nada de nuevas, por ejemplo, desde el año 2002 Postigo, Y., Pozo, J.I, en su libro “Hacia una nueva alfabetización: el aprendizaje de información gráfica”; o J.I Pozo t C. Monereo: “El aprendizaje estratégico”,  exponen investigaciones y trabajos bien definidos sobre “alfabetización digital”, o el “Manifiesto del Ciudadano Digital” firmado en el año 2005.  

Las habilidades o competencias para los ciudadanos digitales, que en términos de La Comisión Europea se requieren, se categorizan en 5 áreas, clasificando 21 competencias (1). La creación de contenido digital; Seguridad; Solución de problemas; Comunicación y colaboración; y Alfabetización en análisis de los datos; corresponden a las 5 áreas propuestas. Para transformar el modelo que usamos de enseñanza-aprendizaje, hace falta mucho más que solo conocer dichas habilidades, para formar a los ciudadanos del siglo XXI, habrá que llevar a cabo una metamorfosis desde el fondo y no solo la forma de las metodologías educativas. 

Habremos de planear el ciclo de enseñanza-aprendizaje pensando en la memoria de trabajo, y no solo en memoria de corto y largo plazo, no se trata de repetir conceptos, sino de configurar nuevas formas de aplicar el conocimiento. Con frecuencia encontramos datos como, “el 50% de los estudiantes de educación media superior desempeñarán profesiones y labores que hoy no existen”, o el “70% de las profesiones y oportunidades laborales más valiosas están ligadas a las áreas STEAM” (Ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas), datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México. (2). Exactos o imprecisos estos datos, nos deberían hacer plantear la formación desde perspectivas diferentes. 

Hoy sí sabemos por ejemplo cuáles son muchos de los trabajos que se requieren, hoy  contamos con información sobre el pésimo desempeño de miles de alumnos en matemáticas y del horror con el que muchos de ellos “ven” pasar los números en sus clases, reflexionando obligatoriamente en los motivos, y la respuesta no está en responsabilizar alumnos, sin o en observar y revaluar las metodologías. La pregunta es hoy con estos datos, ¿qué estamos haciendo distinto sobre el tema? Las tendencias y estadísticas educativas y laborales son claras y simples de leer, habría que observar detalladamente cómo adaptamos nuestros recursos, nuestros programas, nuestras actividades y formatos, a las necesidades actuales, y además urgentes. 

En el año 2000, Steward Hase y Chris Kenyon de Southern Cross University de Australia, dan un paso más allá de la Pedagogía y la Andragogía, y presentan el concepto de Heutagogía, que plantea cómo los adultos, bajo iniciativa propia y voluntad, somos capaces de manejar tiempos, espacios y ritmos de trabajo, establecer metodologías, estrategias y objetivos. 

Entonces, ¿cómo perder el miedo a hacer algo realmente innovador y modificar las reglas del juego? La alternativa es formar desde la perspectiva de la Heutagogía, dejar en el centro del proceso al aprendiz, soltar el control y permitirles potenciar el proceso Heutagógico, basado en un aprendizaje autodirigido, y en el que el docente o maestro solo es guía, mediador o facilitador; con él se comparten o discuten nuevos conocimientos, conclusiones, puntos de vista o desacuerdos. Habría que cambiar toda la propuesta, inicialmente considerar evaluaciones más flexibles y negociadas.

Somos nosotros, formadores y educadores, quienes estamos obligados a desarrollar competencias y estimular las habilidades en los aprendices para guiarlos en sus propios procesos, nutrir la curiosidad, cimentar los principios transformadores, en adultos, como lo propone la perspectiva Heutagogía, pero sin olvidar que desde los estudiantes de nivel básico podemos trabajar en el desarrollo de las mismas habilidades, incorporando por supuesto los contenidos obligatorios. Esto llevado a la práctica mediante diseños menos rígidos que nos alejen de la zona de confort, que inviten a la investigación autodirigida, sean arriesgados, permitiendo el error sin que sea severamente juzgado, ya que no hay mejor forma de aprender que equivocándose. 

Conclusiones:

Hemos visto y vivido transformaciones profundas en muchos ámbitos a lo largo del tiempo; evolucionar no solo es avanzar, sino transformar significativamente nuestros contextos, definir cuál es el punto de inflexión que lleve definitivamente a desarrollar nuevas capacidades y competencias, reconociendo también las propias fortalezas, herramientas y conocimientos. Construyendo, a partir de ello, nuevas propuestas, nuevas arquitecturas, nuevos escenarios, más acordes a las necesidades actuales, considerando todas las herramientas que hoy tenemos a la mano, pero sobre todo sin perder de vista los objetivos, para brindar así y respuestas a las inquietudes de los distintos perfiles con los que interactuamos. 

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