Al regresar a la escuela luego del confinamiento ¿seremos mejores o solo distintos?

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La Psicóloga Samantha Brooks, con un equipo de psicólogos del King’s College de Londres (Inglaterra), “ha publicado un estudio en la revista The Lancet en el que se detalla todo lo que sabemos sobre las consecuencias psicológicas de las cuarentenas, basado en experiencias anteriores: desde el síndrome respiratorio agudo (SARS) de 2003 hasta el Ébola en 2016, pasando por la gripe A o la influenza equina… Uno de los objetivos de este trabajo es ofrecer pautas para ayudar a que la población se reincorpore a su vida cotidiana sin secuelas”.  Es una experiencia “que tiene efectos psicológicos negativos. Y estos se pueden detectar meses o incluso años después de haber pasado por el aislamiento”.

La inseguridad, las dudas y la tensión de los primeros días, más el disgusto y el aburrimiento que (puede) provocar el encierro, habrán necesitado ser gestionados adecuadamente para controlar de las emociones y mantenerse, lo más sanamente posible, con la ayuda de toda la familia. El tener horarios para trabajar en las tareas del hogar, descansar, conversar, jugar, asearse, comer, hacer uso de TV, tablets, computadora, smartphones, estudiar, hacer las tareas a distancia, … –según la psicóloga Susana Obediente- nos permitirá dirigir nuestra atención hacia un momento u objeto determinado, y “contribuye a disminuir la angustia”, que puede llevar al deseo de comer de forma compulsiva y desordenada. Y agreguemos tantas experiencias particulares de convivencia que no se habían hecho tan reales y evidentes hasta hoy. Esta etapa de la vida, toda la humanidad, la recordará como un curso intensivo, hecho en casa, para aprender, profundizar y practicar las destrezas y los valores que nos hacen más humanos y más familia. Compartimos, por motivos únicamente educativos y de formación permanente, la reflexión del video colgado en YouTube por Badabun.

EL MUNDO NO VOLVERÁ A SER EL MISMO (03´)

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“Están siendo días extraños; tanto que a mucha gente le invade una sensación de irrealidad. El tiempo se paraliza en un hogar cuando uno de sus miembros está gravemente enfermo. Pero en este caso todos hemos interrumpido proyectos, planes, trabajos, fiestas… Hemos abandonado nuestras rutinas cotidianas. No ha habido una experiencia colectiva tan universal como esta pandemia desde la Segunda Guerra Mundial”. Los seres humanos sentimos que el confinamiento va en contra de nuestra naturaleza. “Estamos diseñados evolutivamente para la intimidad social, física, emotiva, intelectual… Es cierto que muchas veces pecamos de egoístas, pero no hay nada más humano que compartir. Compartimos nuestras ideas, nuestros sentimientos, nuestros cuerpos. Es algo que da sentido a nuestras vidas. Y, sobre todo, nos ha garantizado la supervivencia como especie”.

Después que pase esta etapa (imprecisa) de confinamiento y de distanciamiento social, no debemos olvidar que queda un tiempo de readaptación a la vida social, de recuperar los gestos de relacionarnos con los otros, y de volver a ver el mundo con otros ojos, pero sabiendo que algo puede haber cambiado en uno mismo y en los otros. Brooks afirma que en una experiencia anterior de la pandemia del SARS (2002), «la mitad de quienes pasaron por una cuarentena no se acercaban a personas que tosen o estornudan, una cuarta parte evitaba aglomeraciones y una quinta parte se negaba a visitar espacios públicos», como consecuencias de esta etapa de nuevas reglas de comportamiento, pero la mayoría expresará recelo de volver a mezclarse con los otros, incluso fobias.

Como educadores necesitamos prepararnos, para que no nos sorprenda el posible nuevo comportamiento de nuestros estudiantes y de nuestra comunidad educativa, como consecuencia de haber vivido todos, un tiempo de confinamiento, de inmovilización social, de aislamiento, de nuevas prácticas higiénicas y sanitarias, … que por más positivos y aceptados que hayan sido, no todos regresaremos con una estabilidad emocional y psíquica. CÓMO SUPERAR LA HUELLA PSICOLÓGICA DEL CONFINAMIENTO

El aislamiento social, y las restricciones para salir de la casa. nos redujo el espacio y aumentó la frecuencia de encontrarnos como miembros de una familia, como (quizá) no había sucedido antes. La psiquiatra Diana Rísquez indica que “hay que tomar en cuenta que al estar juntos por varios días podemos tener conflictos, y si en una familia hay ciertos resentimientos o resquemores, que también son parte de la convivencia, van a salir en el confinamiento. Sabiendo esto, hay que buscar maneras de manejarlo”, tomando distancia cuando nos sentimos ofuscados, tratar de resolver el altercado sin alterarse, aprender ejercicios de meditación, tratar de relajarse por la oración o la meditación, … porque es una situación que nos pasa y pasará factura a todos, y afectará más a las personas con trastornos mentales previos.

El Psicólogo Rafael San Román opina que la evolución de las emociones durante este tiempo de confinamiento, “no sigue una pauta lineal”, por lo tanto, la estabilidad emocional y mental de nuestros estudiantes (padres de familia y colegas), no será igual a la que recordamos de la última vez que nos encontramos; ahora dependerán nuestras relaciones en la escuela, de la forma cómo vivieron su confinamiento en el hogar, y de la manera en que fueron manejadas estas experiencias de convivencia. “La preocupación y el miedo seguirán presentes, estos no pueden desaparecer de un día para otro.

En algunos países, donde la realidad social, económica y tecnológica lo permiten, han sido sorprendidos con que la clase que se recibía en el aula se trasladó a un espacio de la casa, pero sin la presencia de compañeros y menos del profesor. La relación escuela – familia se restituye temporalmente (no sin pocas dificultades), hasta que se pueda volver a la normalidad, pero mientras tanto, como todo cambio, exige ciertos ajustes en la vida familiar, tanto para los estudiantes, como para los padres. “Pero en la ecuación también entrará el optimismo, la alegría y la superación”. Habremos vencido “al que nos oprimía y nos hacía daño, motivo suficiente para sentirnos felices y con esperanza”. Las pequeñas cosas serán más importantes, y, que lamentablemente (en muchas ocasiones) “quedaban relegadas en nuestro orden de prioridades del día a día. Esto podría cambiar”. ¿CÓMO SERÁ LA VIDA DESPUÉS DE LA CUARENTENA?

“Con las luces cortas no vemos una fecha concreta para que esto acabe, pero, si ponemos las luces largas, sabemos que tiene un límite, que no va a durar seis años, y eso hay que recordarlo para tranquilizarse“, y sabemos que “no hay mal que dure cien años …”; todos esperamos que pronto todo vuelva a la normalidad (aunque algunos nos hablan de unos dos años), y tengamos que volver a la vida escolar con nuevas formas de relacionarnos y con cuidados sanitarios muy rigurosos. Como educadores, y personas responsables de la educación de niños y jóvenes, debemos sentir interés por prepararnos para volver a la escuela, quizá con una nueva mentalidad, porque este virus nos está dejando muchas lecciones, como la oportunidad de aprender a valorar (o revalorar) a tantas personas, lugares, gestos, palabras, cosas, experiencias, …; regresaremos a las aulas sabiendo que algo ha cambiado en nostros y el mundo que nos rodea.

Y regresaremos a la vida escolar sabiendo que este tiempo no ha sido un paréntesis, nos ha exigido a aceptar lo obvio: que al final de la pandemia el mundo es otro. Para el escritor argentino Martín Caparrós “es probable que haya, en el principio, una crisis social y económica brutal: millones y millones de personas sin ingresos, sin trabajos quizá, sin muchas esperanzas, [… pero] cuando llegue la calma —si llega la calma—, habrá consecuencias de más largo plazo.” Habremos aprendido (en carne propia) y entendido que, “dependemos de los demás, que el destino no es individual sino común. […] ¿cómo será el mundo cuando vuelva a ser redondo, cuando podamos tocarlo, cuando dejemos de pensar todo el tiempo en lavarnos las manos?”. Encerrados, solo hemos sabido lo que nos han dicho. Hemos dependido de las redes y los medios, y ahora volvemos a compartir nuestras experiencias”. Y esta es una riqueza, un plus que no estaba en ninguna planificación curricular. Cf EL MUNDO ES PLANO

Sabemos que en cada país y en cada escuela, nuestros estudiantes volverán a la vida escolar sin dejar de ser las mismas personas, pero (ojalá) mejoradas, cargadas de experiencias y aprendizajes, con mejores competencias para aprender. El retorno nos exigirá un proceso de reencuentro con la vida escolar, y los profesores tenemos que prepararnos. Será, probablemente, un lapso enriquecedor para descubrir cualidades humanas que antes no vimos y será de mucho valor el compartir lo aprendido a pulso, en el día a día en el hogar. Como profesores (y padres de familia) será muy bueno descubrir y verificar qué nuevas competencias y destrezas han aprendido nuestros estudiantes, cuando vuelvan a la vida escolar presencial, y qué habilidades han perfeccionado en este tiempo, porque son recursos fundamentales que nos facilitará la tarea educativa integral.

Todos los que conformamos una comunidad educativa, en algún momento nos reencontraremos, y debemos saber que ese volvernos a ver, regresar a las aulas, sobrellevará, sin duda, la disposición de darnos un tiempo para saber encontrarnos, “para saber apreciar mejor lo que antes tuvimos y para potenciar nuestros lazos y afectos con lo que todavía tenemos”. Y para eso debemos prepararnos como comunidad educativa, para restablecer la convivencia escolar desde una experiencia que merece ser dialogada y empáticamente reflexionada por todos. CUANDO VOLVAMOS SEREMOS DISTINTOS, PERO YA SOMOS MEJORES

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Preparémonos para aprovechar (disculpen la comparación) con el entusiasmo y sencillez de Forrest Gump, esta oportunidad de la vida, como un momento trascendente en nuestras vidas y en nuestra vocación docente. Ojalá podamos coincidir con la joven maestra mexicana de Sinaloa, Carmen Daniela Román, quien comparte “la preocupación de sus pequeños alumnos ante la compleja realidad de aislamiento que están viviendo y explica cómo intenta tranquilizarlos dándoles un mensaje de esperanza a través de las “clases en línea” que imparte cada día conectada a internet: “Todo pasará y volveremos a vernos en la escuela“. (Vatican News).

“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio” (Martin Luther King).


REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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