También analizamos el futuro de SíseVe, el sistema de denuncias de violencia escolar que Vexler cuestiona y propone replantear.
El debate sobre la disciplina escolar en Perú ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que involucra tanto a estudiantes como a profesores: el cumplimiento de las normas de presentación personal dentro de los colegios. Durante una entrevista sobre los cambios propuestos al reglamento de disciplina escolar, el educador y exministro de Educación Idel Vexler defendió la necesidad de recuperar la autoridad docente y establecer límites claros para toda la comunidad educativa. Su posición fue contundente: las reglas sobre vestimenta, cabello y apariencia personal no deben exigirse únicamente a los alumnos, sino también a los profesores. La disciplina, sostuvo, debe enseñarse mediante el ejemplo.
La discusión surgió cuando el entrevistador cuestionó si las restricciones relacionadas con el corte de cabello, las uñas pintadas y la vestimenta realmente contribuyen a mejorar el comportamiento estudiantil. El planteamiento partía de una realidad evidente: un adolescente puede cumplir todas las exigencias de presentación personal y, aun así, protagonizar situaciones de acoso o violencia escolar. Frente a ese argumento, Vexler explicó que la presentación personal no debe entenderse como una solución automática a los problemas de conducta, sino como parte de una formación más amplia en convivencia ciudadana. Para el especialista, aprender a respetar determinadas reglas constituye una responsabilidad compartida entre las familias y las instituciones educativas.

Los profesores también deben respetar las normas de presentación personal
Uno de los momentos más controvertidos de la entrevista ocurrió cuando Vexler abordó directamente la apariencia de los docentes. El educador sostuvo que, si un colegio establece restricciones sobre el cabello teñido o las uñas pintadas de los estudiantes, los profesores también deben someterse a criterios de presentación personal coherentes con esas disposiciones. Al referirse específicamente a las docentes, afirmó: “Y las profesoras pueden ir con las uñas pintadas, pero discretamente también, ¿no?”. Inmediatamente añadió: “Entonces, también las profesoras no pueden ir vestidas con minifalda”. Sus declaraciones trasladaron el debate desde las obligaciones estudiantiles hacia la conducta y apariencia de quienes ejercen la enseñanza.
El planteamiento del exministro parte de una idea central: la autoridad educativa pierde coherencia cuando exige comportamientos que sus propios representantes no están dispuestos a respetar. Desde esa perspectiva, las normas institucionales deben establecer responsabilidades para todos los integrantes de la comunidad escolar, aunque las exigencias específicas puedan variar según sus funciones. Vexler también mencionó la puntualidad y la vestimenta adecuada como aspectos que los docentes deben cuidar. Su argumento no se limitó a las restricciones estéticas, sino que vinculó la presentación personal con el ejemplo profesional y la formación de hábitos de convivencia dentro del colegio.
Sin embargo, la discusión sobre el cabello teñido, las uñas pintadas o las minifaldas plantea una cuestión adicional: hasta dónde puede llegar un reglamento escolar al establecer restricciones sobre la apariencia de estudiantes y docentes. Aunque Vexler defendió la existencia de normas de presentación personal, sus declaraciones no demuestran que una determinada forma de vestir provoque indisciplina o que una apariencia distinta implique falta de profesionalismo. El asunto exige distinguir entre las obligaciones propias del ejercicio docente, las reglas razonables de convivencia y las decisiones personales que no afectan necesariamente el aprendizaje. Esa distinción resulta importante para evitar que la disciplina se reduzca exclusivamente a cuestiones de imagen.
La disciplina comienza en casa y se fortalece en la escuela
Durante la entrevista, Vexler insistió en que los niños y adolescentes necesitan aprender desde pequeños que la convivencia social implica responsabilidades, límites y respeto hacia los demás. A su juicio, la familia constituye el primer espacio donde deben establecerse normas de comportamiento, mientras que la escuela tiene la responsabilidad de reforzarlas mediante experiencias cotidianas de convivencia. El especialista advirtió que, cuando estos aprendizajes no se desarrollan durante la infancia y la adolescencia, pueden aparecer dificultades posteriores para aceptar reglas y reconocer la autoridad. Su reflexión también cuestionó la idea de que los derechos estudiantiles puedan ejercerse sin responsabilidades correspondientes.
En ese contexto, el exministro defendió prácticas tradicionales de respeto dentro del aula, como ponerse de pie cuando ingresa el profesor, siempre vinculadas a una relación de consideración mutua. También recordó que los docentes tienen obligaciones concretas, entre ellas llegar puntualmente, mantener una presentación apropiada y actuar de manera consecuente con las normas que enseñan. Para Vexler, la escuela no existe únicamente para transmitir conocimientos académicos, sino también para desarrollar actitudes ciudadanas. La convivencia, desde su perspectiva, se aprende mediante comportamientos cotidianos que permiten reconocer derechos, cumplir deberes y desenvolverse responsablemente en distintos espacios sociales.
Separar a los estudiantes violentos sin negarles el derecho a estudiar
La entrevista también abordó uno de los aspectos más sensibles de la propuesta de reforma disciplinaria: la posibilidad de separar definitivamente de un colegio a estudiantes involucrados en faltas extremadamente graves. Vexler manifestó su respaldo a esta medida únicamente en circunstancias excepcionales, después de agotar mecanismos de acompañamiento, orientación psicológica y sanciones previas. Su propuesta distingue entre retirar a un estudiante de una institución y excluirlo del sistema educativo, pues considera indispensable preservar alternativas para continuar sus estudios. El especialista sostuvo que la protección de los compañeros y docentes debe ocupar un lugar prioritario cuando existen conductas reiteradas de agresión que comprometen la seguridad escolar.
Para explicar su posición, el educador mencionó situaciones de violencia escolar y amenazas contra profesores, incluido el caso de estudiantes de La Victoria señalados por presuntas amenazas de muerte contra un director. También hizo referencia a denuncias graves en otras instituciones educativas peruanas. En estos casos, defendió la necesidad de investigar, identificar responsabilidades y aplicar medidas proporcionales a la gravedad de los hechos. La protección de las posibles víctimas y el respeto al debido proceso deben formar parte de cualquier decisión disciplinaria. Vexler precisó que la separación definitiva debe entenderse como una medida excepcional y no como una respuesta automática ante cualquier incumplimiento del reglamento.
Recuperar la autoridad docente sin abandonar la formación educativa
Otro punto central de la entrevista fue el debilitamiento de la autoridad de profesores y directores, situación que Vexler relacionó con cambios normativos y mecanismos de denuncia que, según su interpretación, dificultaron la aplicación de medidas disciplinarias. El exministro planteó fortalecer la tutoría, el acompañamiento socioemocional y la capacidad de cada institución para establecer reglas acordes con su realidad. Asimismo, cuestionó la posibilidad de calificar numéricamente la conducta estudiantil mediante una escala de cero a veinte. Para el especialista, la disciplina debe evaluarse desde una perspectiva formativa, considerando el desarrollo de actitudes, responsabilidades y capacidades de convivencia.
Las declaraciones de Vexler dejan abierto un debate que supera ampliamente la discusión sobre el cabello teñido, las uñas pintadas o la vestimenta de las profesoras. El verdadero desafío consiste en construir instituciones donde las normas sean claras, justificadas y aplicadas con coherencia, sin confundir la disciplina con la simple obediencia ni la autoridad con la imposición arbitraria. La participación de las familias, el ejemplo de los docentes y la responsabilidad de los estudiantes aparecen como elementos fundamentales de ese proceso. En definitiva, recuperar el respeto dentro de las escuelas exige algo más que reglamentos estrictos: requiere una comunidad educativa capaz de enseñar, practicar y sostener los principios de convivencia que reclama.
Redacción: Web del Maestro CMF