Pedro Sáenz-López Buñuel: La motivación del docente es más importante que la del alumno

La motivación del docente es el motor invisible del aprendizaje: condiciona el clima del aula, despierta emociones y hace posible que los alumnos quieran aprender.

Pedro Sáenz-López Buñuel, catedrático del Área de Didáctica de la Expresión Corporal en la Universidad de Huelva y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, plantea una afirmación tan directa como incómoda para el sistema educativo: la motivación del docente es más importante que la del alumno. Esta idea, lejos de ser una provocación retórica, se apoya en fundamentos pedagógicos, emocionales y neurocientíficos que hoy resultan imposibles de ignorar.

Durante los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía, celebrados en La Rábida, Sáenz-López insistió en que el docente no es un mero transmisor de contenidos, sino un generador de emociones y dinámicas. En ese sentido, la actitud del profesor actúa como un factor contagioso dentro del aula. La neurociencia respalda esta visión a través del funcionamiento de las llamadas neuronas espejo, responsables de que las emociones, gestos y actitudes de una persona influyan directamente en quienes la rodean. Un docente motivado, apasionado y coherente tiene muchas más probabilidades de despertar interés, curiosidad y compromiso en sus estudiantes que uno desmotivado o indiferente.

Formación docente y desarrollo emocional: una deuda pendiente

Uno de los puntos más críticos señalados por Sáenz-López es la escasa presencia del desarrollo emocional en la formación inicial y continua del profesorado. Según su análisis, el sistema educativo ha puesto tradicionalmente el foco en los contenidos, las metodologías y la evaluación, relegando a un segundo plano las competencias emocionales del docente. Sin embargo, enseñar implica necesariamente gestionar emociones propias y ajenas.

El catedrático advierte sobre una tendencia muy extendida en el profesorado: atribuir la desmotivación del aula a factores externos como el salario, la legislación educativa, los equipos directivos o el contexto social. Sin negar que estos elementos influyen y pueden generar desgaste profesional, Sáenz-López es contundente al señalar que la responsabilidad última del clima motivacional del aula recae en el docente. Permanecer en el victimismo, sostiene, solo profundiza la desmotivación y dificulta cualquier cambio real.

Automotivación y responsabilidad profesional

Desde esta perspectiva, la automotivación se convierte en una competencia clave. No como un eslogan vacío, sino como una toma de conciencia profunda sobre el impacto social de la docencia. Sáenz-López insiste en que pocas profesiones tienen una capacidad transformadora tan directa como la enseñanza: el trabajo del profesor no solo influye en su propia calidad de vida, sino también en la de las personas que educa.

Esta reflexión interpela tanto a docentes noveles como a profesionales con décadas de experiencia. En ambos casos, el reto es similar: reconocer que cerrar la puerta del aula implica asumir un liderazgo emocional y pedagógico. No se trata de esperar reformas perfectas, ministros ideales o directores ejemplares, sino de generar, desde el espacio concreto del aula, un entorno que favorezca el aprendizaje y el crecimiento personal.

Emoción, curiosidad y neuroeducación

En cuanto a la motivación del alumnado, Sáenz-López afirma que, paradójicamente, resulta más sencillo motivar a un estudiante que a un docente. La neuroeducación aporta aquí una clave fundamental: no hay aprendizaje sin emoción. La curiosidad, el interés y el deseo de aprender no surgen de la acumulación de información, sino de la conexión emocional con el contenido y con quien lo enseña.

Ser docente, en este marco, no consiste en demostrar cuánto se sabe, sino en lograr que los alumnos quieran aprender. Esto exige conocer cómo aprende cada estudiante, reconocer sus intereses y adaptar la enseñanza a esas realidades. Sin emoción no hay atención, y sin atención no hay aprendizaje significativo.

Una revolución silenciosa desde las aulas

El mensaje final de Pedro Sáenz-López Buñuel es claro y exigente: la transformación educativa no comienza en las leyes, sino en las aulas. Cada docente, desde su práctica cotidiana, tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de crear un espacio motivador que prepare a los alumnos no solo para aprobar, sino para ser mejores personas frente al futuro. Esa revolución silenciosa empieza por la motivación del propio profesor, entendida no como un estado pasajero, sino como una decisión profesional y ética.

Redacción | Web del Maestro CMF


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