En una entrevista publicada por el diario EL PAÍS y realizada por la periodista Maolis Castro en Santiago de Chile, la entrevistada fue Anna Forés Miravalles, académica de la Universidad de Barcelona, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, escritora y directora de la Cátedra de Neuroeducación UB Edu1st. Durante la conversación, la especialista abordó uno de los temas más sensibles y complejos que enfrenta actualmente la educación: el incremento de la violencia escolar, el debilitamiento de los vínculos familiares y sociales, y la necesidad de recuperar una educación más humana y emocional. Su reflexión va más allá del aula y apunta a cambios profundos que atraviesan a las familias, la cultura y la manera en que la sociedad entiende la convivencia.
Una educación que necesita volver a mirar a la persona completa
Durante años, los sistemas educativos han concentrado buena parte de sus esfuerzos en contenidos académicos, evaluaciones y resultados medibles. Sin embargo, desde la neuroeducación se insiste cada vez más en una idea que parece sencilla, pero que tiene profundas implicancias: el ser humano no aprende únicamente con la razón; aprende también con las emociones, las relaciones y las experiencias que vive.
Anna Forés sostiene que el cerebro humano funciona de manera integral, multisensorial y holística, por lo que separar el aprendizaje de la experiencia emocional puede convertirse en un error educativo importante. Según explica, cuando los niños son pequeños aprenden explorando, tocando, moviéndose y sintiendo, pero conforme crecen muchas veces se les conduce hacia modelos cada vez más limitados y pasivos.
«Somos holísticos, por eso tenemos que hacer una educación más integral».
Esta mirada implica comprender que la educación no puede reducirse únicamente a transmitir conocimientos, sino que debe incluir el desarrollo emocional, social y humano de quienes aprenden.
Del “yo primero” al “nosotros”
Uno de los aspectos más profundos abordados durante la entrevista fue la preocupación por el aumento del individualismo en la sociedad actual. La especialista advierte que cuando una cultura promueve excesivamente la idea de éxito individual y de prioridad absoluta del interés propio, las relaciones humanas pueden comenzar a deteriorarse.
La reflexión de Anna Forés apunta a una sociedad donde muchas veces se valora más competir que colaborar, más destacar individualmente que construir vínculos colectivos.
«Estamos en un mundo que tiende a los individualismos, a los egocentrismos y tenemos que intentar que sea un mundo más eco».
La expresión «más eco» hace referencia a un modelo donde el individuo deja de verse como una entidad aislada y comienza a entenderse como parte de una comunidad. La empatía, el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia aparecen como elementos fundamentales para disminuir la violencia y fortalecer la convivencia.
Violencia escolar: una problemática que nace mucho antes del aula
Uno de los puntos más delicados analizados fue el crecimiento de episodios de violencia escolar observados en distintos contextos educativos. Para Forés, estos fenómenos no surgen de manera espontánea ni pueden atribuirse a una sola causa.
La especialista señala que la violencia suele ser la manifestación visible de problemas más profundos que se han ido acumulando con el tiempo. Entre ellos aparecen las consecuencias emocionales posteriores a la pandemia, los cambios familiares, la sobrecarga de los padres y las dificultades para construir relaciones sólidas.
También advierte sobre un fenómeno cada vez más frecuente: la delegación de funciones educativas esenciales. Muchas familias enfrentan jornadas laborales extensas, agotamiento o situaciones complejas que reducen el tiempo de interacción con los hijos.
Como consecuencia, algunos niños y adolescentes pueden crecer con menos límites claros, menos diálogo y menos acompañamiento emocional.
Cuando faltan referentes estables y vínculos significativos, aparecen sentimientos de soledad, frustración o ira que, en determinadas circunstancias, pueden terminar expresándose mediante conductas agresivas.
El peligro del “chupete digital”
Otro aspecto relevante fue la relación entre infancia y tecnología. Anna Forés utilizó una expresión que llamó especialmente la atención: el «chupete digital».
Con ello hace referencia a una situación cada vez más habitual: el uso de pantallas como mecanismo automático para entretener, distraer o calmar a los niños.
La preocupación no está centrada únicamente en la presencia de dispositivos tecnológicos, sino en lo que pueden reemplazar cuando se usan de forma excesiva: conversaciones, juegos compartidos, experiencias familiares y momentos de interacción real.
La tecnología puede ser una herramienta extraordinaria, pero difícilmente puede sustituir el vínculo humano.
Cuando las relaciones familiares comienzan a ser reemplazadas por pantallas, el riesgo no es únicamente una disminución de la comunicación, sino también la pérdida progresiva de espacios donde los niños aprenden a comprender emociones, resolver conflictos y desarrollar empatía.
La prevención como camino y la esperanza como necesidad
Frente a la violencia escolar, Anna Forés sostiene que las respuestas únicamente punitivas suelen resultar insuficientes. Para ella, la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezca el conflicto.
La construcción de comunidades educativas fuertes requiere participación, diálogo y acuerdos compartidos entre docentes, estudiantes y familias.
«Si vivo desde el neoliberalismo, de la individualización, de que yo soy lo importante y que los demás no me importan, eso ya está creando un caldo de cultivo para la violencia».
La especialista concluye con una idea que atraviesa toda su visión educativa: los niños y adolescentes necesitan mantener la esperanza y creer que pueden construir un futuro mejor.
En un contexto marcado por incertidumbres, cambios acelerados y múltiples tensiones sociales, la educación no solo tiene el desafío de enseñar contenidos. También tiene la responsabilidad de ayudar a formar personas capaces de convivir, comprender al otro y reconocer que nadie crece verdaderamente solo.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: El País