Albert Sangrà: No es cierto que no se pueda aprender igual de bien de forma ‘online’ que presencialmente

La pandemia no reveló fallas del aprendizaje online, sino nuestra falta de preparación. Bien diseñada, la educación digital puede igualar y hasta superar la presencial.

La discusión sobre la calidad de la educación online volvió a ocupar un lugar central tras la pandemia, pero muchas de las conclusiones que se instalaron socialmente —y que hoy condicionan políticas públicas y prácticas escolares— parten de una lectura incompleta. El académico catalán Albert Sangrà, director de la Cátedra UNESCO en Educación y Tecnología para el Cambio Social, sostiene que la experiencia vivida entre 2020 y 2021 fue un esfuerzo improvisado, urgente y necesario, pero no representó educación digital en sentido estricto. A su juicio, la frase que ha moldeado la opinión pública —“online se aprende peor que presencial”— es falsa, y lo es porque se está comparando un sistema consolidado con un parche temporal construido en medio de una crisis mundial.

Una historia antigua con herramientas nuevas

Sangrà recuerda que la educación a distancia no nació con Zoom ni Google Classroom. Sus raíces se remontan a los intercambios epistolares de Pablo de Tarso y Séneca, quienes enseñaban a comunidades y familias ubicadas a cientos de kilómetros. La finalidad sigue siendo la misma: transmitir conocimiento más allá de las limitaciones del espacio y del tiempo. Lo que cambió fueron los mecanismos, hoy potenciados por herramientas digitales que permiten diseñar experiencias robustas, dinámicas y personalizadas.

La gran confusión de la pandemia

El experto es enfático: lo que ocurrió durante la pandemia no fue educación digital, sino educación remota de emergencia. No hubo planificación pedagógica para un entorno no presencial, no existieron materiales diseñados específicamente para ese formato, ni se desplegaron mecanismos de comunicación adecuadamente estructurados. Fue, en términos simples, “lo que se pudo hacer”, no lo que debía hacerse. Esa diferencia es fundamental para no sacar conclusiones erróneas.

La consecuencia fue un prejuicio duradero en parte del profesorado y de la opinión pública. Al terminar la crisis, volver a la presencialidad resultó más cómodo que intentar mejorar o consolidar lo aprendido. Y así, señala Sangrà, se perdió la oportunidad histórica de modernizar los sistemas educativos y ampliar el acceso a modelos más flexibles y eficaces.

La evidencia es clara: sí se puede aprender igual de bien

Contra la percepción instalada, Sangrà subraya que “no es cierto que no se pueda aprender igual de bien online que presencialmente”. Lo respalda una sólida base de estudios internacionales y la expansión sostenida de la educación digital:

  • España: 16% de universitarios estudian 100% online.
  • Estados Unidos: cerca del 31%.
  • Australia: aproximadamente 28%.

Estas cifras confirman que la educación online no solo funciona, sino que se consolida en los países donde la formación continua y la actualización profesional son esenciales para el desarrollo económico.

Un futuro híbrido y flexible

El académico proyecta que la tendencia global apuntará a modelos híbridos, sin desaparecer las modalidades totalmente online, pues la demanda por flexibilidad aumenta y la población adulta necesita compatibilizar estudio y trabajo. Además, las empresas tecnológicas seguirán impulsando soluciones digitales, lo que exige vigilancia y pensamiento crítico, pero también apertura para aprovechar sus beneficios.

IA sin miedo, pero con criterio

La misma actitud prudente debe aplicarse a la inteligencia artificial. Para Sangrà, el miedo paraliza, mientras que la prudencia permite adoptar herramientas que inevitablemente redefinirán la enseñanza. Cuando apareció ChatGPT, muchos docentes se preocuparon por la posibilidad de copia, pero él advirtió que intentar bloquear la tecnología sería inútil. La respuesta no está en prohibir, sino en modificar la evaluación, el diseño didáctico y los procesos de aprendizaje, de modo que los estudiantes no necesiten copiar, porque deberán aplicar comprensión, criterio y pensamiento crítico.

Tecnología en la infancia: prohibir no es la salida

Respecto al uso escolar de tecnología en niños, Sangrà plantea una pregunta clave: ¿es sensato formar a los estudiantes en la ausencia total de algo que existe en la sociedad y que condiciona todos los ámbitos de la vida? A su juicio, la respuesta es evidente. Prohibir no educa. La tarea consiste en desarrollar estrategias para neutralizar riesgos sin renunciar a oportunidades. Preparar a los niños para un mundo hiperconectado exige enseñarles a vivir en él, no apartarlos de su existencia.


La afirmación de Sangrà es más que una defensa de la educación digital: es un llamado a mirar hacia adelante con rigor, evidencia y responsabilidad. La pandemia mostró los límites de la improvisación, no de la educación online. El desafío ahora es aprender de esa experiencia, fortalecer los sistemas híbridos, integrar la inteligencia artificial con criterio pedagógico y abandonar el miedo como motor de decisiones educativas.

Porque, en definitiva, sí es posible aprender igual de bien —e incluso mejor— a través de modelos online cuando están correctamente diseñados. Y negarlo no solo nos aleja del futuro: también nos condena a repetir los errores del pasado.

Redacción | Web del Maestro CMF


Add a Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Manténgase informado sobre los hechos clave del mundo educativo.

Al presionar el botón Suscribirse, confirma que ha leído y acepta nuestra Política de privacidad




Se desactivó la función de seleccionar y copiar en esta página.