Miguel Nicolelis es médico y neurocientífico brasileño de reconocido prestigio internacional, pionero en el estudio de las redes neuronales biológicas y en el desarrollo de las interfaces cerebro-máquina. Con más de tres décadas de investigación científica, ha trabajado en universidades y centros de excelencia de Estados Unidos y Brasil, y sus aportes han sido clave para comprender cómo funciona el cerebro humano en conjunto, más allá de neuronas aisladas. Sus investigaciones han permitido avances concretos en la rehabilitación de pacientes con lesiones medulares y enfermedades neurológicas, y lo han convertido en una de las voces más autorizadas y críticas en el debate global sobre inteligencia artificial, neurotecnología y el futuro cognitivo de la humanidad.
El avance acelerado de las tecnologías digitales y de los sistemas denominados de “inteligencia artificial” ha abierto un debate global sobre sus efectos en la cognición humana, la ciencia, el trabajo y la democracia. Una de las voces más críticas y fundamentadas en este debate es la del médico y neurocientífico brasileño Miguel Nicolelis, quien desde 1989 investiga el funcionamiento del cerebro humano y es pionero en el estudio de redes neuronales biológicas e interfaces cerebro-máquina.
En una extensa entrevista concedida al podcast de noticias de la ONU, Nicolelis advierte que el principal riesgo actual no es que las máquinas desarrollen una superinteligencia, sino que los seres humanos comiencen a pensar como máquinas, adaptando su mente a una lógica digital empobrecida. Según el científico, el cerebro humano es extremadamente plástico y tiende a ajustarse al entorno en el que vive. Si ese entorno se vuelve completamente digital, regido por automatismos y simplificaciones, la capacidad cognitiva humana puede reducirse progresivamente hasta asemejarse a la de los sistemas computacionales. En ese contexto, Nicolelis afirma con contundencia que nos estamos moviendo hacia la creación de “millones de zombis digitales”.
El neurocientífico rechaza el propio concepto de “inteligencia artificial”, al considerar que la inteligencia es una propiedad emergente de los organismos biológicos, resultado de millones de años de evolución y selección natural. A su juicio, los sistemas actuales no son ni inteligentes ni verdaderamente artificiales, ya que dependen del trabajo de millones de personas y de datos extraídos masivamente de la experiencia humana. Además, subraya que el cerebro humano no funciona como una máquina digital, sino como un sistema híbrido, analógico y digital, cuya complejidad no puede ser reproducida por los modelos de aprendizaje profundo.
Uno de los puntos más alarmantes señalados por Nicolelis es el impacto del uso abusivo de pantallas y agentes de IA sobre las propiedades cognitivas del ser humano. Diversos estudios recientes, incluidos trabajos del MIT, muestran signos de desconexión cerebral y alteraciones en la forma de procesar la información cuando estas tecnologías se utilizan de manera continua e indiscriminada. Para el científico, la inteligencia humana, mucho más creativa, diversa y flexible que la digital, corre el riesgo de empobrecerse por adaptación al entorno tecnológico que ella misma ha creado.
A esta preocupación se suma la proliferación de desinformación y falsificación del conocimiento, un fenómeno que afecta incluso al ámbito científico. Nicolelis denuncia una explosión de artículos científicos falsos, descubrimientos inexistentes y referencias inventadas, impulsados por la presión por publicar y facilitados por herramientas de IA entrenadas con datos poco fiables. Como revisor de revistas científicas, advierte que cada vez resulta más difícil distinguir qué investigaciones son reales y cuáles no, lo que pone en riesgo la credibilidad de la ciencia y el progreso del conocimiento.
En el plano social y económico, el neurocientífico señala dos áreas que requieren una regulación internacional urgente. La primera es el uso indebido de la propiedad intelectual, ya que obras de artistas y científicos están siendo utilizadas para entrenar grandes modelos de lenguaje sin autorización ni compensación. Nicolelis relata haber descubierto que libros fruto de cuarenta años de trabajo fueron empleados para entrenar algoritmos sin su conocimiento. La segunda área crítica es el trabajo precario que sustenta la minería de datos: millones de personas, en regiones empobrecidas de África, Sudamérica y otros lugares, trabajan por céntimos la hora clasificando contenidos, muchas veces expuestas a imágenes extremadamente perturbadoras. El científico compara esta situación con los inicios de la Revolución Industrial, cuando incluso niños eran explotados laboralmente.
A pesar de su mirada crítica sobre la inteligencia artificial, Nicolelis no es un opositor de la tecnología en sí. Por el contrario, su trayectoria demuestra el enorme potencial de la neurotecnología cuando se orienta al bienestar humano. Sus investigaciones en interfaces cerebro-máquina han permitido que personas con lesiones medulares vuelvan a caminar y abren nuevas vías terapéuticas para enfermedades como el Parkinson, la epilepsia, el Alzheimer y la depresión. Las 37 principales enfermedades neurológicas afectan hoy a unos 3.400 millones de personas, el 43 % de la humanidad.
Actualmente, Nicolelis impulsa el proyecto “Treat One Billion”, cuyo objetivo es llevar terapias no invasivas, seguras, económicas y escalables a cerca de mil millones de personas que hoy no tienen alternativas eficaces. Su propuesta incluye la creación de una red global de institutos y hospitales, e incluso un hospital cerebral virtual que permita tratamientos remotos en el entorno doméstico del paciente.
Como mensaje final, el neurocientífico insiste en una idea central: la capacidad intelectual colectiva e individual de la especie humana es muy superior a cualquier programa informático. Ninguna máquina puede reemplazar la creatividad, la cooperación y la complejidad que definen la condición humana. La verdadera amenaza, concluye, no proviene de las máquinas, sino de olvidar quiénes somos y de renunciar, por comodidad o dependencia tecnológica, a desarrollar plenamente nuestra inteligencia humana.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: UN News






