Laura Gómez es una profesora de Matemáticas española conocida por divulgar contenido educativo en TikTok. Se ha hecho viral por combinar explicaciones académicas con un estilo cercano y dinámico, desafiando prejuicios sobre la enseñanza mediante creatividad y humor. Además, utiliza sus redes para visibilizar la realidad del profesorado: la falta de recursos, la presión burocrática, la complejidad de la inclusión educativa y la carga emocional que enfrentan los docentes en las aulas actuales.
La conversación pública sobre el trabajo docente suele reducirse a clichés sobre vacaciones extensas o jornadas livianas. Sin embargo, la realidad cotidiana de miles de profesores en España revela un escenario profundamente distinto: sobrecarga burocrática, exigencias crecientes, diversidad no acompañada de recursos y un impacto directo en su salud mental. El testimonio de la profesora de Matemáticas Laura Gómez, conocida por su labor pedagógica en redes sociales, vuelve a abrir este debate con datos y experiencias que no pueden seguir ignorándose.
La carga oculta de preparar un examen
Gómez explica en uno de sus vídeos que, mientras muchos piensan que los docentes “hacen un examen por curso”, la normativa y las necesidades reales del aula exigen algo completamente diferente. Hoy, cada evaluación debe adaptarse por ley a distintos perfiles y condiciones de los estudiantes: dislexia, disortografía, dificultades específicas, adaptación significativa o necesidades particulares de escritura.
Esto significa que, para una sola clase, un profesor puede necesitar 5, 7 o incluso 10 versiones distintas de un mismo examen. Gómez ofrece un ejemplo concreto:
- Dos grupos distintos de 3º de ESO implican dos exámenes completamente diferentes para evitar filtraciones entre estudiantes.
- A ello se suma el examen estándar, la versión para dislexia, la versión para disortografía, otra para una alumna que no puede escribir y requiere una adaptación total, y una más para quienes tienen una adaptación curricular significativa.
Y esto ocurre en cada curso y cada evaluación.
Entre la diversidad y la falta de recursos
La profesora señala que apoya la inclusión educativa, como la mayoría del profesorado. La diversidad es hoy un valor central del sistema escolar: estudiantes con necesidades distintas conviven en la misma aula y deben recibir una educación equitativa.
Pero advierte una contradicción:
“El sistema exige inclusión, pero no aporta la inversión económica ni las condiciones laborales para llevarla a cabo”.
Los docentes están asumiendo tareas que antes correspondían a equipos especializados, pero sin tiempo, sin formación suficiente y sin personal de apoyo. Esto genera desgaste, frustración y sensación de abandono institucional.
Burocracia: el trabajo que nadie ve
Los estudios recientes confirman esta percepción. El I Estudio Nacional sobre el Estado de Ánimo de los Docentes, realizado por Udima, Educar es Todo y Éxito Educativo, revela que el 38,4% de los profesores presenta síntomas compatibles con depresión. Una de las causas principales:
- la carga burocrática,
- la multiplicación de informes,
- las adaptaciones documentales,
- y la exigencia administrativa que absorbe el tiempo destinado a preparar clases, innovar o atender emocionalmente a los estudiantes.
Es un trabajo silencioso, invisible, que rara vez la sociedad reconoce.
Docentes desbordados en aulas complejas
La realidad descrita por Laura Gómez se repite en escuelas e institutos de toda España. Los profesores no solo enseñan; acompañan crisis emocionales, gestionan conflictos, atienden realidades sociales diversas y trabajan bajo la presión de cumplir con normativas que se multiplican cada año.
La salud mental de los adolescentes se ha deteriorado y, con ella, la de sus maestros. En este contexto, tener que elaborar diez exámenes diferentes no es un capricho metodológico, sino una respuesta obligada a un sistema que exige inclusión, pero que no brinda los recursos materiales ni humanos para concretarla.
Una inclusión que necesita inversión
El caso de Gómez no denuncia la inclusión; denuncia la falta de coherencia entre el discurso político y la realidad del aula. La inclusión no se sostiene solo con voluntad docente:
- requiere especialistas,
- requiere tiempo,
- requiere ratios adecuadas,
- y requiere inversión económica real.
Mientras la sociedad discute las vacaciones de los maestros, el profesorado continúa enfrentando exigencias desproporcionadas sin el apoyo necesario.
El testimonio de Laura Gómez no es una queja aislada, sino el reflejo de un problema estructural. La inclusión es un avance imprescindible, pero no puede recaer únicamente sobre los hombros de los docentes. Preparar diez exámenes por clase es solo una muestra visible del sobreesfuerzo sostenido que vive el profesorado.
Si queremos un sistema educativo inclusivo, justo y de calidad, el debate ya no debe centrarse en lo que los profesores “hacen”, sino en lo que necesitan para poder hacerlo bien. Y ese debate empieza por reconocer su carga real de trabajo y la urgencia de una inversión adecuada.
Redacción | Web del Maestro CMF






