La reciente reflexión publicada por la profesora de matemáticas Laura Gómez, conocida en TikTok como @laurimathteacher, ha vuelto a poner sobre la mesa un problema que los docentes llevan años señalando: el deterioro del respeto, la disciplina y la atención dentro de las aulas. Su testimonio, lejos de ser un caso aislado, ha resonado en un colectivo que siente que enseñar se ha convertido en una tarea emocionalmente insostenible.
Un aula donde hablar es un desafío
En su vídeo, Gómez relata que tardó 20 minutos en lograr silencio suficiente para iniciar su clase. No se trata de una anécdota puntual, sino de una dinámica diaria marcada por interrupciones, ruidos constantes y un desinterés que desborda cualquier planificación pedagógica.
“Cada cinco minutos tengo que estar diciendo ‘shh, nos callamos’. Así es todo el día”, expresa, visiblemente agotada.
Más allá del rendimiento académico, lo que preocupa a la docente es la imposibilidad de sostener una explicación sin interrupciones. Los estudiantes que sí desean aprender terminan perdiéndose contenido por la indisciplina generalizada. La frase que resume su frustración es contundente: “¿Cómo lo vas a entender si no hay manera de hablar?”.
Un cansancio que ya es estructural
El malestar de Gómez coincide con datos recientes: uno de cada cinco profesores en España se plantea abandonar la docencia por agotamiento emocional. El desgaste no nace en el contenido curricular, sino en la convivencia diaria.
Los expertos apuntan a tres factores principales:
- Pérdida progresiva de la autoridad docente.
- Entornos escolares con escaso apoyo para manejar la indisciplina.
- Presión administrativa por cumplir objetivos en condiciones cada vez más adversas.
En los comentarios de su vídeo, cientos de maestros describen situaciones similares: gritos constantes, falta de límites, apatía generalizada y una sensación de impotencia que crece curso tras curso.
Una realidad que exige respuestas profundas
Lo que denuncia Laura Gómez no es simplemente “un mal día”, sino un síntoma de un problema sistémico: el debilitamiento del rol del profesor como figura de referencia y la normalización de comportamientos que dificultan la enseñanza y el aprendizaje.
Los especialistas señalan que este fenómeno no se resuelve únicamente con normas internas, sino con una revalorización social del docente, políticas de apoyo emocional y formación en convivencia para toda la comunidad educativa.
Hablar del problema también es un acto de esperanza
A pesar del cansancio, la profesora mantiene una mirada constructiva. Asegura que no busca criticar por criticar, sino impulsar una conversación que considera urgente.
“Me consuela saber que no estoy sola”, afirma, reconociendo que compartir su experiencia ha hecho visible una realidad que muchos docentes viven en silencio.
La denuncia de Gómez no solo ha generado debate: ha recordado que detrás de cada clase interrumpida hay un profesor intentando enseñar y un grupo de estudiantes queriendo aprender. Y que, sin un entorno mínimo de respeto, ninguna reforma educativa podrá dar resultado.
Redacción | Web del Maestro CMF







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