[Jorge López – Guzmán] 7 pasos para soñar en las aulas

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La principal preocupación en la actualidad en las aulas debe ser el estudio y análisis de la invisibilización de los sueños de estudiantes y docentes en los procesos de aprendizaje y prácticas pedagógicas, lo que termina impidiendo que los contenidos, exámenes, notas, prácticas, sean relevantes, ya que no permiten vislumbrar el verdadero sentido de la enseñanza en las aulas, donde la reciprocidad de conocimientos este transversalizada por los sentimientos y emociones que decantes en la curiosidad y la sorpresa en los momentos y situaciones de aprendizaje, reflexión y crítica.

Los 7 pasos para soñar en las aulas, han sido construidos a través de diferentes experiencias de trabajo etnográfico (observación, observación participante, grupos focales y entrevistas semi-estructuradas) en colegios y universidades, donde docentes y estudiantes establecen la falta de motivación en las aulas y desesperanza de la actividad pedagógica, ya sea por la imposición de los currículos, la no aplicabilidad de lo que se aprende en el ámbito cotidiano, la relación vertical entre docentes y estudiantes y/o la extirpación de la curiosidad como forma de resguardar la tradicionalidad en las aulas.

7 PASOS PARA SOÑAR

1. PARA QUÉ, EL POR QUÉ: HACIA UN ELOGIO DE LA DUDA Y LA PREGUNTA

La enseñanza más oportuna que le puede brindar un docente a un estudiante es el elogio sobre la duda y la pregunta, entendiendo la duda como el comienzo del desequilibrio ortodoxo de la academia convencional, y la pregunta como la estrategia de reconstrucción de lo establecido. La duda y la pregunta son las herramientas que permiten reflexionar sobre la infinitud de respuestas que edifican certidumbres y construyen realidades.

Elogiar la duda y la pregunta, es elogiar los procesos mediante los cuales el ser humano comprende y reflexiona sobre el mundo, la mayor virtud de un estudiante es poder dudar sobre lo que aprende, y el utensilio que le permite hacerlo, es la pregunta, donde los docentes experimentan una de las sensaciones más sublimes del acto pedagógico, que es la reivindicación de su actuar a través del crecimiento continuo de cada una de las semillas que germinan a modo de ideas en los pupitres de sus clases.

Permitir que los estudiantes duden y pregunten, se percibe como algo cotidiano en las aulas de clase, pero en la mayoría de ocasiones existe una constante amputación de las dudas y preguntas, conllevando a que los estudiantes estén colmados de información y conocimiento, pero no discutan y/o reflexionen sobre ello, y cuando afrontan las diferentes realidades, parten de recrear un sentido del imperio de lo aprendido pero no discutido, configurando un mundo de la imposición simbólica y de racismo epistémico, donde el valor de las ideas se establece en la medida que no se reflexionen.

2. ENTRE VERDADES Y MENTIRAS: MÁS ALLÁ DE DOGMAS Y SOFISMAS

Las aulas son los lugares más representativos de la opresión o liberación del espíritu humano, donde se canalizan cada una de las verdades y mentiras que representan la sensatez de la ignorancia. El rol del docente es movilizar las emociones de los estudiantes a través de la reflexión constante de las situaciones cotidianas que justifican cada una de las acciones determinantes que se labran en los pupitres de clase, y que permiten comprender el mundo desde la infinitud de respuestas que históricamente han construido la realidad y han trastocado el lenguaje.

Por lo tanto, construir un esquema de racionalidades en el cual los estudiantes afrontan desde las aulas sus contextos, va más allá de la reiteración de un currículo que no consta de innovación y asombro, por lo que es necesario concebir lo que se les enseña como un conjunto de verdades y mentiras que históricamente han reconstruido las realidades, las cuales son un abanico de concepciones válidas y legítimas que puedan escoger para forjar sus propias vidas.

En consecuencia, es necesario que cuando los docentes expliquen y/o analicen las diferentes temáticas en las clases, se estipule ante los estudiantes que no hay una sola forma de abordar una realidad específica histórica o actual, ya que de acuerdo a las ideologías, contextos políticos, historias de vida o formación académica pueden ser validados, modificados y/o refutados en el tiempo, lo que permitiría que en las aulas no se hablé más de dogmas y sofismas, sino de verdades y mentiras que históricamente y culturalmente han sido adaptadas y explicadas, pero que son susceptibles de cambiar de acuerdo a los avances de las ciencias y saberes.

3. REIVINDICAR LA CURIOSIDAD: RECUPERANDO LA IMAGINACIÓN Y LA CREATIVIDAD

La extirpación de la curiosidad es una de las afecciones más comunes en los seres humanos, desde que estamos en los primeros años de vida hasta que llegamos a los colegios y universidades. No obstante, la recuperación de herramientas como la curiosidad, la imaginación y la creatividad son el punto neurálgico para cambiar el mundo, un estudiante que concibe el mundo con curiosidad, es alguien con la potestad de crear nuevos mundos y realidades.

Incentivar la curiosidad desde las aulas permitirá que las diferentes materias sean ejemplificadas desde la experimentación, donde los docentes utilicen el juego y el tiempo libre, como la actividad y el escenario más relevante para la construcción de hábitats de saberes y fraternidades en las aulas y por fuera de ellas, donde la curiosidad sea el deseo incesante de aprender, y la ruta fundamental para la transformación de realidades y contextos hegemónicos y diversos, permitiendo configurar nuevos mundos que trastoquen la imaginación y la creatividad de los estudiantes.

4. CONSTRUYENDO CERTIDUMBRES, EDIFICANDO REALIDADES

Los estudiantes desde el acompañamiento con los docentes, deben reivindicar sus gustos e intereses, y así elegir dentro del cúmulo de información y conocimientos, lo que les permita comprender su mundo, sin desconocer que hay otros mundos, entender al otro, sin buscar que sea igual a ellos, y concebir la realidad no como única, sino como una realidad susceptible de cambios constantes y sistemáticos.

Es así como los estudiantes deben comprenderse como mundos en construcción que necesitan de elementos sólidos para edificar sus propios contextos, siendo los docentes menesteres de la manutención teórico-práctica, y así abasteciendo de herramientas que labren su camino dentro de la infinitud de posibilidades que se vislumbran al caminar el aprendizaje dentro y fuera de las aulas.

5. EL AULA COMO TERRITORIO Y EL TERRITORIO COMO AULA

Descubrir el mundo desde la experiencia es fundamental para proyectar poco a poco lo aprendido en contextos más amplios donde el estudiante desde su formación, pueda resolver y transformar problemas cotidianos. Es pertinente constituir cualquier escenario como un eslabón pedagógico, donde estudiantes y docentes puedan interactuar armónicamente, no solo desde las aulas tradicionales, sino desde la vida misma como un aula.

En consecuencia, las aulas se convierten en hábitats de saberes y fraternidades que permiten ser el primer espacio para soñar con la transformación, donde los estudiantes se convierten en pequeños guerreros de anhelos y sueños, acompañados de docentes que se imponen a su destino en pro de los demás, configurando una lucha de utopías y realidades que justifiquen el cambio constante en las cotidianidades y contextos.

6. LA OSADÍA DE TRANSFORMAR

Los estudiantes y docentes deben aventurarse a transformar sus vidas y contextos, retando los incalculables paradigmas que gobiernan las aulas, buscando germinar ideas en los campos desérticos de ortodoxia e imposición, convocando a una osada aventura en medio de las barricadas histórico-culturales que impiden la transformación.

El cambio debe empezar por las metodologías que se utilizan para enseñar y calificar, también por las estratégicas que se utilizan para incentivar a la investigación. Debe ser un cambio desde los currículos académicos (sin desconocer lo que se impone por la institucionalidad), pero innovando constantemente.

7. DONDE COMIENZA UN SUEÑO, COMIENZA UNA REVOLUCIÓN

Los anhelos y sueños de los estudiantes deben ser la principal preocupación de cualquier sistema y/o modelo educativo, no como insumos de sublevación, sino como herramientas fundamentales para el mejoramiento constante de las sociedades. Si se pone como eje trasversal de la educación la reivindicación de los sueños, se establecerán muchas revoluciones de ideas y emociones, con la capacidad de cambio constante en beneficio de todos, principalmente de los sectores más vulnerables.

En conclusión, soñar en las aulas significa instaurar una pedagogía de la emocionalidad y la transformación, donde el acto pedagógico sea un cúmulo de efervescencia y exaltación. Concibiendo las aulas como hábitats de saberes y fraternidades, contenidas de ecosistemas de anhelos y sueños.

CONCLUSIÓN

Los 7 pasos buscan establecer una pedagogía de la emocionalidad y la transformación, donde los estudiantes y docentes enarbolen los sentimientos y conocimientos, y que el transitar por las aulas sea un proceso de cambio constante para niños y adultos, donde el punto central de la escolarización sea poner de relieve las emociones por encima de un examen, la curiosidad por encima de una nota, y que se entienda que todos los niños, niñas y adolescentes tienen la capacidad de cambiar el mundo desde las aulas. Se debe confiar en los estudiantes como transformadores de su propia realidad y contexto, quién más pertinente que ellos para involucrarse en sus dinámicas socio-culturales y encontrar salidas a lo establecido, cuando se les ha dicho que no se puede cambiar.

Publicado anteriormente en Magisterio.com (04/10/2019)


Autor: Jorge A. López-Guzmán
Politólogo, Antropólogo, Especialista en Gobierno y Políticas Públicas, Maestrante en Gobierno y Políticas Públicas.
Universidad del Cauca. Popayán, Colombia.
[email protected]





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