Francisco Mora: «Si los niños no aprenden a leer, ¿es responsabilidad del maestro?»

La maduración cerebral para leer varía en cada niño; no siempre es culpa del maestro si el aprendizaje se retrasa.

En pleno siglo XXI, la neurociencia está revolucionando nuestra comprensión del aprendizaje. Francisco Mora Teruel, médico y doctor en neurociencia por la Universidad de Oxford, es uno de los referentes más importantes en el campo de la neuroeducación, disciplina que busca aplicar el conocimiento del funcionamiento cerebral a la enseñanza. En una reciente conversación, abordó un tema sensible y recurrente: si los niños no aprenden a leer, ¿es responsabilidad del maestro?

La maduración cerebral y el aprendizaje de la lectura

Según Mora, el problema no puede reducirse a un juicio simple sobre la calidad docente. La lectura depende de áreas específicas del cerebro —como las regiones de Broca, Wernicke, el giro angular y la circunvolución supramarginal, ubicadas principalmente en el hemisferio izquierdo— que no maduran en todos los niños a la misma edad.

Algunos niños presentan esta maduración antes de los 4 años, mientras que en otros ocurre entre los 6 y 7 años. En países como Finlandia o Suecia, la enseñanza formal de la lectura comienza alrededor de esa edad para respetar este proceso. Por ello, no es correcto culpar automáticamente al maestro si un niño de cinco años no lee mientras otro, de tres, ya lo hace. El factor determinante no siempre es la metodología, sino el ritmo de maduración neurológica, que es único en cada individuo.

Esta idea es crucial para la práctica educativa: enseñar a leer antes de que las estructuras cerebrales estén listas puede generar frustración, baja autoestima y rechazo hacia la lectura. Comprenderlo exige formación docente en neuroeducación y un cambio en las políticas educativas, que muchas veces fijan metas basadas en edades cronológicas y no en edades biológicas.

Curiosidad y emoción: motores del aprendizaje

Mora subraya que solo se aprende aquello que se ama. La curiosidad es innata y constituye el motor de la atención y la memoria. Un buen docente no se limita a exigir atención, sino que la despierta, transformando los contenidos en experiencias significativas que generen emoción. Esto no es un recurso accesorio, sino un requisito neurológico: la emoción activa el sistema límbico, “estampa” el aprendizaje con un sello afectivo y facilita su almacenamiento en la memoria.

En un contexto en el que los estudiantes acceden a información instantánea en internet, la memoria sigue siendo esencial. No basta con encontrar datos: es necesario integrarlos, comprenderlos y recordarlos para construir pensamiento crítico y creativo.

Rompiendo neuromitos en la educación

Un obstáculo para avanzar hacia una educación basada en evidencias son los neuromitos: creencias erróneas sobre el cerebro que siguen circulando en escuelas y medios. Entre los más difundidos está el falso argumento de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro. Mora advierte que utilizamos todo el cerebro, aunque distintas redes neuronales se activen en función de la tarea.

Combatir estos mitos es fundamental para que las estrategias de enseñanza se basen en conocimientos verificados y no en ideas atractivas pero falsas.

El reto educativo del siglo XXI

Para Mora, el gran desafío actual es respetar la individualidad en un sistema que tiende a uniformar. Educar bien implica adaptarse a las diferencias neurológicas, emocionales y cognitivas de cada estudiante. En el futuro, prevé un papel creciente de tutores personalizados y, posiblemente, de robots humanoides con inteligencia artificial “débil” para complementar la enseñanza, siempre evitando la deshumanización del proceso educativo.

Conclusión: La pregunta “Si los niños no aprenden a leer, ¿es culpa del maestro?” no tiene una respuesta única. La neurociencia demuestra que la maduración cerebral marca tiempos distintos para cada niño. La responsabilidad docente radica en identificar esas diferencias, adaptar las estrategias y cultivar la curiosidad y la emoción como aliados del aprendizaje. Pero la sociedad y las autoridades educativas deben también asumir su papel, ajustando expectativas y políticas a lo que la ciencia revela sobre cómo realmente aprende el cerebro.

Redacción | Web del Maestro CMF


8 comments
  1. Es una corresponsabilidad: el maestro debe sugerir o recomendar estrategias para que los padres acompañen el aprendizaje en casa si un niño presenta dificultades; los padres DEBEN participar activamente en la enseñanza y en caso de que no puedan, derivar a un especialista de ser necesario.

  2. Sí es responsabilidad del maestro, pero no todos los niños han de aprender a leer al mismo tiempo. Es un de los procesos de enseñanza-aprendizaje básicos, aunque el niño lo aprenda también fuera de la escuela, en casa, con la familia, de forma natural, estimulado por lecturas y relatos de los padres o abuelos.

  3. Esa interrogante tiene muchas aristas. Con el respeto al Dr. Mora creo que la pregunta tiene más variables a considera en ese proceso.

  4. No. De la institución y del sistema que le permiten pasar de año. Y de las familias que les dan un celular en lugar de un libro.

  5. Silvana Lorenzo Exacto, por eso es clave evaluar y detectar a tiempo posibles dificultades, para adaptar la enseñanza a cada niño.

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