La psiquiatra infantojuvenil María Velasco se ha convertido en una de las voces más escuchadas sobre crianza, adolescencia y salud mental. En una profunda conversación dentro del espacio educativo y reflexivo Aprendemos Juntos, la especialista analizó los desafíos emocionales que viven actualmente niños y adolescentes, así como los errores que muchos adultos están cometiendo en nombre de una crianza moderna y aparentemente más “respetuosa”.
Velasco, médica especializada en psiquiatría infantil y adolescente, psicoterapeuta y autora del libro Criar con salud mental, sostiene que la sociedad actual está criando niños cada vez más frágiles emocionalmente, con baja tolerancia a la frustración y enormes dificultades para manejar límites, normas y responsabilidades. Para ella, el problema no empieza en la escuela, sino mucho antes: en hogares donde los adultos han confundido amor con ausencia de autoridad.
La infancia invadida por el mundo adulto
Uno de los conceptos más potentes desarrollados por María Velasco es el de la “infancia invadida”. Según explica, los niños están siendo expuestos demasiado pronto a problemas, contenidos y dinámicas propias de los adultos. Redes sociales, pantallas, exigencias académicas, hiperestimulación y estilos de vida acelerados están robando espacios fundamentales para el juego, el aburrimiento y la convivencia real.
“En los últimos años, hemos invadido la infancia con el mundo adulto, con los problemas adultos y con la filosofía adulta”.
Para la especialista, muchos padres viven agotados, sobreexigidos y obsesionados con hacerlo todo perfecto. Esa presión termina afectando directamente a los hijos, quienes crecen creyendo que deben destacar en todo, ser felices todo el tiempo y evitar cualquier incomodidad o frustración.
La consecuencia, advierte, es preocupante: adolescentes con ansiedad, vacío emocional, baja tolerancia al fracaso y una profunda incapacidad para enfrentar las dificultades normales de la vida.
Por qué los niños deben aprender a frustrarse
Uno de los mensajes más contundentes de María Velasco es que frustrar a un niño no significa maltratarlo. Al contrario, sostiene que aprender a tolerar el “no”, esperar turnos, aceptar límites y manejar decepciones es indispensable para desarrollar empatía, autocontrol y madurez emocional.
La psiquiatra cuestiona una idea muy extendida actualmente: creer que cualquier incomodidad emocional traumatiza a los niños. Según explica, muchos adultos están evitando poner límites por miedo a ser vistos como autoritarios o por temor a perder el cariño de sus hijos.
“Los niños deben aprender a frustrarse”.
Velasco señala que un niño que nunca escucha un “no” tendrá enormes dificultades en la escuela, en las relaciones sociales y posteriormente en la vida adulta. No sabrá esperar, respetar normas, tolerar desacuerdos ni gestionar emociones intensas sin reaccionar impulsivamente.
Además, insiste en que la frustración enseña habilidades fundamentales: paciencia, empatía, adaptación y capacidad de resolver conflictos sin violencia.
El error de querer ser amigos de los hijos
Uno de los momentos más comentados de la entrevista ocurrió cuando María Velasco habló sobre la relación entre padres e hijos adolescentes. Allí lanzó una frase que ha generado amplio debate en redes y espacios educativos:
“Yo aconsejo a los padres de adolescentes que no intenten ser los colegas de sus hijos, porque ellos ya tienen muchos amigos, pero una madre y un padre solamente tienen uno. Necesitan un faro, unos límites, una atención, una escucha, una mirada adulta”.
La especialista explica que muchos padres, intentando mantener una relación cercana con sus hijos, terminan renunciando a ejercer su papel de adultos. Evitan corregir, poner normas o sostener consecuencias por miedo al rechazo, buscando convertirse en “compañeros” o “confidentes” permanentes.
Sin embargo, Velasco sostiene que eso genera inseguridad emocional en los adolescentes. Aunque protesten o desafíen normas, los jóvenes necesitan figuras adultas estables que les den dirección, contención y seguridad.
Para ella, la adolescencia es una etapa caótica emocionalmente, donde los jóvenes viven cambios intensos, dudas sobre su identidad y una necesidad natural de separarse de los padres para construirse como individuos. Precisamente por eso necesitan adultos capaces de sostener límites sin abandonar el afecto.
La psiquiatra advierte que cuando los padres se comportan como amigos, muchas veces desaparece la jerarquía familiar. Y sin jerarquía, afirma, no hay estructura ni seguridad emocional.
La autoridad no es violencia
Otro aspecto importante de la conversación fue la defensa de la autoridad adulta. María Velasco considera que actualmente existe una gran confusión entre autoridad y autoritarismo.
Para ella, la autoridad sana implica acompañar, corregir, proteger y enseñar, no imponer desde el miedo o la agresión. Sin embargo, observa que muchos adultos han dejado de ejercerla por agotamiento, culpa o presión social.
La especialista asegura que esto también afecta gravemente a los docentes. Según explica, muchos profesores trabajan hoy en aulas donde los límites son constantemente cuestionados y donde los padres desautorizan las normas escolares frente a sus hijos.
Velasco advierte que un niño que no aprende límites en casa difícilmente respetará normas en la escuela. Y sin respeto, convivencia ni capacidad de escucha, el aprendizaje se vuelve cada vez más difícil.
Internet como el tercer educador
Otro punto central de la entrevista fue el impacto de las pantallas y las redes sociales. María Velasco afirma que actualmente existe un “tercer elemento” educando a los hijos: Internet.
Según señala, muchos niños pasan más tiempo conectados a contenidos digitales que conversando con adultos significativos. Esto está modificando la manera de relacionarse, pensar y gestionar emociones.
La psiquiatra alerta sobre problemas crecientes como hiperestimulación, pérdida de la capacidad de aburrirse, dificultades de atención, problemas de sueño y aumento del aislamiento emocional. También advierte que las redes sociales han intensificado la comparación constante y la necesidad de aprobación inmediata.
Para Velasco, el problema no es solo tecnológico, sino profundamente humano: cada vez hay menos tiempo de conversación real, escucha genuina y presencia emocional dentro de las familias.
Una crianza basada en amor y límites
A lo largo de toda la conversación, María Velasco insiste en una idea central: los niños y adolescentes necesitan amor, pero también necesitan límites. Ninguno de los dos elementos puede faltar.
La especialista critica tanto la crianza autoritaria como la sobreprotección extrema. Explica que una educación equilibrada debe combinar afecto, escucha, protección y acompañamiento, junto con normas claras, responsabilidad y capacidad de tolerar frustraciones.
Según afirma, criar no consiste en evitar que los hijos sufran, sino en ayudarlos a desarrollar las herramientas emocionales necesarias para enfrentar la vida con fortaleza, sentido y humanidad.
La reflexión final de María Velasco deja un mensaje directo para padres, docentes y familias: los adolescentes no necesitan adultos perfectos ni amigos complacientes. Necesitan adultos presentes, coherentes y capaces de guiarlos en medio de una etapa llena de incertidumbre, emociones intensas y búsqueda de identidad.
Redacción | Web del Maestro CMF