La violencia escolar en Chile vuelve a quedar al descubierto a través de un caso que estremeció a la comunidad educativa. Miguel Niño Ríos, profesor de matemáticas de origen colombiano, continúa lidiando con las secuelas físicas y psicológicas de una brutal agresión sufrida a manos de un alumno de 17 años en octubre de 2023. Un año después, aunque la justicia declaró culpable al estudiante, el docente reconoce que aún teme volver a ser atacado.
Una reunión que terminó en tragedia
La mañana del 30 de octubre de 2023, en el Liceo Centro Educacional Municipal San Ramón, en la zona sur de Santiago, Niño participaba en una reunión con el alumno, su madre, la psicóloga, la trabajadora social y el jefe de la UTP. El joven enfrentaba cuatro asignaturas reprobadas, reiteradas inasistencias y un historial de mal comportamiento. Como profesor jefe, Niño explicaba la alta probabilidad de que el adolescente repitiera el curso.
A partir de ahí, sus recuerdos son fragmentados. Lo demás lo supo después: el estudiante lo golpeó por la espalda, lo derribó y lo pateó violentamente en el rostro. El impacto le provocó fracturas abiertas en la cara, un sangrado abundante y un dolor que el docente describe como “recibir un balonazo de metal”.
Secuelas físicas y una recuperación compleja
Tras el ataque, Niño fue trasladado de urgencia a una clínica. El pronóstico fue grave: fracturas en el tercio medio del rostro, mandíbula y nariz. El 8 de noviembre fue sometido a una cirugía reconstructiva en la que los médicos utilizaron más de 20 tornillos y seis placas metálicas. Estuvo hospitalizado hasta el 17 de noviembre. El estudiante fue expulsado del liceo.
Un hito judicial sin precedentes en Chile
Este caso marcó un precedente en la justicia chilena. Según informó BioBioChile, es la primera vez en el país que un estudiante es condenado por patear en el rostro a un profesor. El juicio comenzó el 4 de octubre y se centró en la agresión ocurrida el 30 de octubre de 2023.
De acuerdo con lo expuesto en audiencia, el ataque se desencadenó cuando Niño informó al alumno y a su madre que no aprobaría el curso y que no podía rendir evaluaciones adicionales para revertir la situación. Fue entonces cuando el adolescente lo agredió, propinándole la patada que le fracturó la mandíbula y la nariz.
El Sexto Tribunal Oral de Santiago declaró culpable al joven —hoy de 18 años— por lesiones graves. La Fiscalía solicitó dos años de internación en régimen semicerrado para el acusado, identificado por sus iniciales B.A.R.B. La sentencia definitiva será comunicada este viernes.
“Siento que algo murió en mí”
El impacto emocional ha sido tan profundo como las heridas físicas. “En la clínica empecé a sentir tristeza, impotencia y rabia. Lloraba muchísimo porque esas fracturas no fueron producto de un accidente, sino de una intención”, relata Niño.
Aunque volvió a trabajar en marzo de 2024, en otro colegio, confiesa que la angustia persiste: “Aún tengo miedo de que me vuelvan a pegar. El hecho de darle la espalda a mis alumnos me aterra”.
Su pareja, Elizabeth Soto —también profesora—, fue quien decidió llevar el caso a la justicia al ver la falta de apoyo de la directiva del colegio. “Este hecho nos cambió la vida totalmente”, afirma.
Violencia escolar en aumento
El caso de Miguel Niño no es un hecho aislado. La Superintendencia de Educación registró 441 denuncias por maltrato a adultos en 2023, casi el triple que en 2014. Además, las denuncias por problemas de convivencia escolar alcanzaron su máximo histórico: 12.369 casos, un aumento del 58% en diez años.
Fundaciones como Acción Educar advierten que la violencia que afecta a estudiantes, docentes y funcionarios refleja un deterioro sostenido del clima escolar.
Un docente por vocación enfrentado a un sistema hostil
Niño llegó a Chile en 2012. Tras estudiar enfermería y administración en Colombia, descubrió su vocación pedagógica en la universidad. Se tituló en 2019 como profesor de matemáticas y desde entonces vivió episodios constantes de agresión verbal, descontrol conductual y falta de respeto.
En más de una ocasión vio su mobiliario destruido, recibió insultos y hasta fue escupido. Para él, parte del problema tiene raíces sociales profundas: entornos violentos, influencia de pandillas, presencia del narcotráfico y familias desintegradas.
Aun así, se pregunta por qué aprender dejó de ser un valor apreciado para muchos estudiantes.
Un futuro que sigue en la educación
A pesar del trauma, Niño asegura que no abandonará su vocación. Se plantea continuar en educación, quizá en el nivel superior, buscando un entorno más seguro.
“Me gusta lo que hago y ahora me toca integrar todo lo que viví en mi proyecto de vida. No puede ser que mis ilusiones se destruyan por esto”, afirma.
El caso de Miguel Niño revela un problema urgente: la necesidad de proteger a los docentes y garantizar espacios educativos seguros. La violencia escolar dejó de ser un hecho aislado y se ha convertido en un desafío estructural que exige respuestas firmes, políticas claras y apoyo real a quienes enseñan.
Redacción | Web del Maestro CMF






