El 15 de enero de 2026, el neurocientífico cognitivo Jared Cooney Horvath, investigador, escritor y especialista en memoria, aprendizaje y desarrollo cerebral, doctor por la Universidad de Melbourne, con una maestría en Educación por la Universidad de Harvard y director de LME Global, compareció ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos, en Washington, durante una audiencia dedicada al impacto de la tecnología en niños y adolescentes. Su intervención puso sobre la mesa una preocupación educativa: el descenso de determinados indicadores de aprendizaje y rendimiento cognitivo entre las nuevas generaciones. El especialista advirtió sobre las dificultades relacionadas con la atención, la memoria, la lectura y las funciones ejecutivas, y cuestionó que la creciente incorporación de dispositivos digitales a las aulas esté produciendo necesariamente mejores resultados académicos.
La audiencia, titulada Plugged Out: Examining the Impact of Technology on America’s Youth, reunió a especialistas en desarrollo infantil, psicología y educación para examinar las consecuencias del uso de tecnologías digitales. Horvath, director de LME Global, presentó una postura crítica frente a la expansión de las pantallas en los centros educativos. Su argumento central fue que disponer de más recursos tecnológicos no equivale automáticamente a aprender mejor. Según expuso, determinadas herramientas pueden introducir distracciones y modificar las condiciones en las que los estudiantes leen, estudian y retienen información. Sus declaraciones abrieron un debate sobre el verdadero valor pedagógico de la digitalización escolar.
Las advertencias sobre el deterioro de las habilidades cognitivas
Uno de los planteamientos más contundentes de Horvath fue su afirmación de que la generación Z presenta resultados inferiores a los de generaciones anteriores en diversas mediciones cognitivas y académicas. El investigador mencionó capacidades como la atención, la memoria, la alfabetización, las matemáticas y las funciones ejecutivas, relacionadas con la planificación y el control de la conducta. Sin embargo, sus declaraciones deben distinguirse de una conclusión científica definitiva: las evaluaciones disponibles permiten identificar retrocesos en determinados indicadores, pero no demuestran que todos los jóvenes hayan perdido inteligencia ni que exista un deterioro generalizado de todas sus capacidades mentales.
Existen datos oficiales que respaldan parte de estas preocupaciones. Los resultados de la Evaluación Nacional del Progreso Educativo de Estados Unidos, conocida como NAEP, mostraron que las puntuaciones promedio de lectura de los estudiantes de cuarto y octavo grado disminuyeron cinco puntos entre 2019 y 2024. Asimismo, la evaluación internacional PISA 2022 registró, entre los países de la OCDE, una caída promedio cercana a quince puntos en matemáticas y diez en lectura respecto de 2018. Estos resultados evidencian dificultades educativas importantes, aunque también deben interpretarse considerando factores como la pandemia, las desigualdades sociales y las condiciones particulares de cada sistema escolar.
Las pantallas y su influencia en el aprendizaje
Horvath cuestionó especialmente la idea de que aumentar la presencia de computadoras, tabletas y plataformas digitales garantice una mejora educativa. Su preocupación se relaciona con los procesos cognitivos que intervienen cuando un estudiante necesita concentrarse, comprender una explicación o recordar información. Las interrupciones frecuentes, la alternancia entre actividades y la disponibilidad constante de estímulos pueden dificultar el mantenimiento de la atención. No obstante, el impacto depende del tipo de actividad, el contexto y las características del estudiante. Utilizar una pantalla para investigar, practicar una habilidad o recibir apoyo educativo no produce necesariamente los mismos efectos que emplearla para consumir entretenimiento continuamente.
Otro aspecto relevante es la relación entre la lectura y los dispositivos electrónicos. Diversas investigaciones han encontrado que, en determinadas condiciones, la lectura en papel puede favorecer una comprensión más profunda que la lectura en pantalla, especialmente cuando se trabaja con textos extensos o informativos. Esto no significa que los formatos digitales sean incapaces de promover aprendizajes significativos, sino que su eficacia depende de cómo se utilizan. Leer con atención, identificar argumentos, establecer relaciones y recordar conceptos exige una participación intelectual que no puede reemplazarse simplemente con acceder a información. La disponibilidad inmediata de contenidos tampoco garantiza que estos sean comprendidos correctamente.

La memoria constituye otro elemento importante del debate. Aprender no consiste únicamente en localizar una respuesta, sino también en procesarla, relacionarla con conocimientos previos y recuperarla cuando resulta necesaria. La investigación cognitiva ha demostrado que estrategias como la práctica de recuperación, la repetición espaciada y la elaboración de explicaciones favorecen la retención de conocimientos. Cuando una herramienta digital sustituye sistemáticamente estas actividades, puede reducir las oportunidades de ejercitarlas. Sin embargo, esto no significa que consultar información o utilizar inteligencia artificial provoque automáticamente una pérdida de memoria. La diferencia está entre emplear la tecnología como apoyo del aprendizaje o delegar en ella todo el proceso intelectual.
La responsabilidad de las familias y las escuelas ante la tecnología
Las advertencias del especialista también plantean responsabilidades para las instituciones educativas y las familias. Durante los últimos años, las pantallas se han incorporado a numerosas actividades escolares y domésticas, muchas veces bajo la expectativa de facilitar tareas y ampliar las oportunidades de aprendizaje. No obstante, la tecnología necesita objetivos pedagógicos claros y una evaluación rigurosa de sus resultados. Su presencia no debería desplazar experiencias fundamentales como la lectura sostenida, la escritura, el diálogo, el juego y la resolución autónoma de problemas. Establecer límites razonables, acompañar el uso de dispositivos y promover actividades intelectualmente exigentes son medidas que pueden contribuir a mantener un equilibrio saludable.
Una creadora de contenido cuestiona cómo estamos educando a las nuevas generaciones
El debate también ha llegado a las redes sociales mediante la reflexión de una creadora de contenido que plantea una pregunta deliberadamente provocadora: «¿Y si te dijera que estamos criando a la generación más idiotizada de la historia?». En su video, la comunicadora relaciona las advertencias de Horvath con la responsabilidad de los adultos en la formación de hábitos digitales. Su mensaje sostiene que tener acceso a respuestas inmediatas no equivale a desarrollar pensamiento propio y cuestiona que las pantallas se utilicen constantemente para evitar el aburrimiento o resolver cualquier dificultad. Aunque su expresión inicial no constituye una afirmación científica demostrada, plantea una discusión relevante sobre crianza, autonomía y aprendizaje.
El desafío de aprender a pensar en la era de la inteligencia artificial
La aparición de herramientas de inteligencia artificial añade una nueva dimensión a esta discusión. Actualmente, los estudiantes pueden obtener explicaciones, resúmenes y soluciones en segundos, pero esa facilidad también exige aprender a evaluar la información, detectar errores y justificar respuestas. La inteligencia artificial puede ser una herramienta educativa valiosa cuando complementa el razonamiento, en lugar de reemplazarlo. El desafío para docentes y familias consiste en enseñar a utilizar estas tecnologías sin abandonar habilidades fundamentales como la comprensión lectora, la memoria, la atención y el pensamiento crítico. La advertencia de Horvath no demuestra que exista una generación menos inteligente, pero recuerda que el progreso tecnológico debe acompañarse de aprendizajes reales y verificables.
Fuentes y referencias bibliográficas
- Congreso de Estados Unidos, Senado, Comité de Comercio, Ciencia y Transporte. (2026, 15 de enero). Plugged out: Examining the impact of technology on America’s youth (S. Hrg. 119-472). U.S. Government Publishing Office. govinfo.gov
- National Center for Education Statistics. (2025). 2024 NAEP reading assessment: Results at grades 4 and 8 for the nation, states, and districts (NCES 2024218). U.S. Department of Education. nces.ed.gov
- 3. Organisation for Economic Co-operation and Development. (2023). PISA 2022 results (Volume I): The state of learning and equity in education. OECD Publishing. doi.org
- 4. Barnum, M. (2026, 17 de marzo). A viral case against screens in schools is winning converts. Does the evidence hold up? Chalkbeat. chalkbeat.org
Redacción: Web del Maestro CMF