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José Antonio Marina: Los padres tienen la responsabilidad primaria de la educación, mientras que la escuela es subsidiaria

José Antonio Marina denuncia la fractura entre familia y escuela, cuestiona la desconfianza de los padres hacia los profesores y reclama recuperar la autoridad docente mediante una mayor colaboración educativa.

El filósofo y pedagogo español José Antonio Marina ha planteado una de las críticas más contundentes sobre la relación entre las familias y los centros educativos. En una entrevista centrada en los desafíos de la educación, el pensador nacido en Toledo en 1939 advierte que padres y profesores están perdiendo la capacidad de trabajar conjuntamente en la formación de los niños. Su preocupación no se limita al rendimiento académico, sino que alcanza la autoridad docente, la transmisión de valores y la responsabilidad familiar. Marina considera especialmente peligrosa la ruptura de confianza entre quienes deberían colaborar en una misma tarea educativa.

La reflexión del filósofo parte de una idea que desarrolla en su libro Aprender a vivir, publicado por Ariel: la educación de un niño requiere la participación de toda la comunidad. Marina recupera el conocido proverbio africano sobre la necesidad de una tribu entera para educar y lo relaciona con las transformaciones de las sociedades contemporáneas. A su juicio, los padres y los profesores experimentan una creciente soledad educativa, porque ya no cuentan con el respaldo de un entorno social que comparta criterios suficientemente claros sobre los valores, las normas y las responsabilidades que deben transmitirse a las nuevas generaciones.

José Antonio Marina Torres (Toledo, 1 de julio de 1939) es uno de los filósofos, ensayistas y pedagogos españoles más influyentes y activos de las últimas décadas. A sus 87 años, su obra destaca por aproximar el pensamiento crítico y la academia al espacio público, planteando la filosofía como un servicio para resolver las preocupaciones cotidianas de la sociedad.

La soledad educativa y la ruptura entre padres y profesores

Para explicar esta situación, Marina compara el funcionamiento de las sociedades tradicionales con el escenario actual. En el pasado, sostiene, la educación estaba respaldada por comunidades más homogéneas, organizadas alrededor de jerarquías y expectativas relativamente compartidas. La diversidad de valores y formas de vida ha transformado ese contexto, haciendo más difícil establecer acuerdos sobre lo que corresponde enseñar y exigir a los menores. El filósofo resume esta sensación de desamparo con una afirmación significativa: «Los padres y profesores tienen la impresión de que no educan en nombre de la sociedad, sino contra ella. Se sienten impotentes». Su diagnóstico apunta a una responsabilidad colectiva debilitada.

Uno de los aspectos más críticos de su análisis es el distanciamiento entre las familias y las instituciones escolares. Marina considera que existe una tendencia a trasladar las responsabilidades educativas de un ámbito a otro, mientras disminuye la disposición a colaborar. Según su planteamiento, algunos padres cuestionan las decisiones de los profesores, participan poco en la vida escolar y respaldan a sus hijos incluso cuando surgen conflictos que requieren una evaluación equilibrada. La desconfianza hacia el profesorado termina debilitando la autoridad educativa de la escuela, especialmente cuando los estudiantes perciben que los adultos responsables de su formación mantienen posiciones enfrentadas.

El filósofo expresa esta preocupación de manera particularmente contundente: «Ahora mismo hay una fractura entre la familia y la escuela peligrosísima». Su advertencia no supone que los padres deban aceptar sin cuestionamientos todas las decisiones escolares, sino que la colaboración resulta indispensable para sostener una educación coherente. Marina establece una distinción entre las responsabilidades de ambas instituciones: atribuye a los progenitores la función educativa primaria y considera que la escuela desempeña una labor complementaria. Desde esa perspectiva, ningún centro educativo puede desarrollar plenamente su trabajo si carece de la participación y el respaldo de las familias.

«Hay un círculo de excusas que hay que romper. Los padres tienen la responsabilidad primaria de la educación, mientras que la escuela es subsidiaria. Pero esta última nunca será eficaz si no cuenta con la colaboración de los padres. Ahora mismo hay una fractura entre la familia y la escuela peligrosísima. Los padres no colaboran con la escuela, no dan una imagen respetable de ella, desconfían de los profesores, no participan en el colegio, y en caso de duda, se ponen de parte del hijo.»
José Antonio Marina.

Educar también significa preparar a los hijos para afrontar dificultades

La responsabilidad familiar, según Marina, va mucho más allá de supervisar las calificaciones o garantizar la asistencia al colegio. El filósofo considera que la implicación de los padres en los estudios constituye uno de los factores importantes en la formación de los niños. También insiste en la necesidad de acompañarlos durante sus primeros años para que aprendan a desenvolverse en el entorno que los rodea. Educar implica ofrecer afecto, orientación y oportunidades para desarrollar autonomía, sin convertir la protección familiar en un mecanismo que impida afrontar experiencias incómodas, asumir responsabilidades o descubrir las propias capacidades.

En este sentido, Marina concede especial importancia al aprendizaje de la tolerancia a la frustración. Explica que algunos niños presentan temperamentos más temerosos y pueden interpretar las situaciones desconocidas como amenazas. Por ello, recomienda que los padres los ayuden progresivamente a afrontar dificultades adecuadas a su edad, evitando tanto la sobreprotección como las exigencias desproporcionadas. El objetivo es fortalecer la confianza y la capacidad para superar pequeños fracasos, mediante metas suficientemente exigentes para producir satisfacción cuando se alcanzan, pero razonables para no convertir el aprendizaje en una sucesión de experiencias de fracaso.

El pensador también aborda las inseguridades de los adultos respecto a su desempeño como padres. Reconoce que muchas madres experimentan sentimientos de culpabilidad por trabajar fuera del hogar y disponer de menos tiempo para acompañar a sus hijos. Frente a esa preocupación, plantea que lo fundamental es garantizar que los niños reciban la atención que necesitan, aunque esta pueda organizarse mediante distintas formas de apoyo y cuidado. La calidad del acompañamiento familiar no debe reducirse exclusivamente al número de horas compartidas, sino considerar la presencia afectiva, la estabilidad y la capacidad de responder a las necesidades del menor.

Las reformas educativas no bastan sin recuperar el prestigio docente

Las críticas de Marina también alcanzan a las políticas educativas y a la tendencia de los gobiernos a modificar repetidamente la legislación escolar. El filósofo cuestiona que los cambios normativos se impulsen sin acuerdos suficientemente amplios y duraderos, porque considera que la educación necesita estabilidad para desarrollar proyectos consistentes. Su planteamiento desplaza la atención desde la aprobación de nuevas leyes hacia la organización efectiva del sistema. «El problema grave de la educación no se arregla con una ley, sino con un modelo nuevo de gestión educativa», sostiene, al reclamar transformaciones que permitan mejorar el funcionamiento de los centros y la profesión docente.

Entre las prioridades que identifica figuran la organización de la carrera profesional del profesorado, el fortalecimiento de la autoridad de los centros y la recuperación del prestigio social de los maestros. Marina considera que las dificultades educativas no pueden explicarse únicamente por la disponibilidad de recursos económicos, sino también por la manera en que se distribuyen las responsabilidades y se gestionan las instituciones. Su reflexión reúne así dos exigencias fundamentales: familias comprometidas con la educación de sus hijos y escuelas respaldadas por una sociedad que valore el trabajo docente. Sin esa cooperación, advierte, las reformas difícilmente resolverán los problemas de fondo.

Redacción: Web del Maestro CMF | Fuente: El País

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