Maestros al servicio de la educación

La importancia de fomentar, nutrir y desarrollar la resiliencia en la familia y en la escuela

Entendemos la resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos, y que de manera singular a los seres humanos nos permite ser enriquecida permanentemente durante toda la vida, con la experiencia de vivir y salir fortalecidos de cada situación, por más difícil que esta sea. “Pasando a limpio la definición: ser resiliente significa tener la capacidad de salir adelante de cualquier circunstancia, sobreponiéndose a cada vivencia y utilizando lo vivenciado para alcanzar el máximo potencial personal. Una persona resiliente aprende de lo vivido, no se queda anclado a las malas experiencias, sino que saca lo mejor de cada situación y aprende para crecer como ser humano.

“La persona resiliente destaca por superar un trauma sin quedarse con secuelas que la perjudiquen” con el pasar del tiempo, afirman los especialistas, y  todos aquellos que hayan cultivado y tengan la confianza en su capacidad de resiliencia, sean niños, jóvenes o adultos, asumirán las situaciones límites que se vayan presentado en su vida y sabrán sobreponerse a experiencias de dolor e impacto emocional, pues a pesar de vivir circunstancias muy adversas, acontecimientos desestabilizadores o condiciones de vida difíciles, sabrán proyectarse al futuro. Y esta capacidad ¿nos ayuda o no en la tarea educativa? ¿Todos somos capaces de ser resilientes?

Según la psicóloga clínica Lecina Fernández, todo el mundo tiene la capacidad de resistir golpes existenciales inesperados, sobreponerse y seguir adelante ante circunstancias desafiantes, traumáticas y agresivas con las herramientas de que ofrece la resiliencia, y no solo no sufrirán traumas psicológicos, sino que además saldrán reforzados, pues son capaces de mantenerse positivos frente a cualquier situación difícil e incluso aprenden a vivir con humor lo que su camino le depare. Entonces, consideramos, que podemos incluirlos en el proceso educativo; y su aprendizaje debe comenzar en el hogar, consolidarse en la escuela e ir perfeccionándose durante toda la vida. No es cuestión de un una clase o charla informativa, pues la resiliencia no tiene un punto de excelencia, ni de llegada, ni meta, ni tope, ni horario de actuación, ni tiempo, … sino que es una capacidad que necesita un aprendizaje y actualización permanente.

EL CUENTO DEL CORDERO BOUNDIN (Para enseñar la noción de resiliencia) (04´ 42”)

Por las consideraciones anteriores, la educación que enseña a desarrollar las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona, de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenece; tendría que enseñar la resiliencia en las aulas. Es en la comunidad educativa donde se planifica y capacita a cada uno de sus miembros, para desterrar el círculo vicioso para comportarse o verse como víctimas, dependientes y necesitadas de asistencia.  Cada miembro de la comunidad educativa debería aprender a tener una postura crítica de la realidad para construir soluciones constructivas desde los limitados recursos endógenos, mejorar las condiciones de vida la comunitaria y exigir a quien corresponda el cumplimiento de los derechos de todos; porque quien haya adquirido la capacidad de ser resiliente, buscará comportase con una actitud proactiva de conocimiento y reconocimiento de los deberes y derechos propios y ajenos, y aportará a construir una comunidad dialogal y con afán de superación. cf EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA EN RESILIENCIA: UNA PROPUESTA PARA REDUCIR EL RIESGO Y TRANSFORMAR LA REALIDAD

Después de la familia, es en la escuela donde se debe ayudar a manejar la proactividad para aprender a tomar las riendas de la propia vida, a reflexionar lo que está en nuestras manos cambiar y lo que no, optar y practicar la libertad con responsabilidad. En cualquier proceso educativo la resiliencia tiene -o debería tener- una especial importancia, pues más de una alteración de las relaciones de convivencia escolar son a causa de la falta de un manejo adecuado de las emociones. Nos podría ayudar, como educadores, la investigación que realizó la Universidad Autónoma de México (UNAM), y que afirma que la resiliencia puede servir como una estrategia terapéutica para combatir el acoso escolar o bullying, entendido como un fenómeno agresivo, negativo y prolongado de un individuo hacia otro, que ordinariamente “genera en la víctima un daño moral y psicológico, que resulta en una exclusión de su grupo de pares”.

La investigación de la UNAM recomendó fortalecer los valores como la empatía, la flexibilidad y el respeto en la comunidad educativa, como actitudes que nos ayudarán a prevenir y desterrar conductas negativas, violentas y disociadoras. Frente a los actos de acoso, ciberacoso o “bullying”, será muy positivo el comprometernos en construir un itinerario educativo con la enseñanza y práctica de la resiliencia. Cuantas más estrategias resilientes manejen nuestros hijos y estudiantes, mejor será su respuesta y su fortaleza ante situaciones problemáticas. “Hoy más que nunca se da la oportunidad de convertir la palabra resiliencia en una praxis general. No obstante, es preciso considerar que el proceso resiliente es complejo, ya que implica cambios actitudinales, cognitivos y emocionales, en algunos casos, un total cambio de vida”. Cf COMUNIDAD CIENTÍFICA RESILIENTE

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En esta línea, a profesora española Montse Arboix nos dice que, si deseamos que nuestros estudiantes se motiven y se sientan animados por cultivar la capacidad de ser resilientes, debemos comenzar por apoyarlos para que descubran sus fortalezas y debilidades y ¡sacar partido de ambas!; analizando solos o con ayuda de sus educadores -o especialistas-, cada experiencia difícil y evitando pasarse la vida buscando culpables o victimizándose ante los fracasos, los errores, las frustraciones y las experiencias negativas, porque las adversidades, infortunios, ataques, provocaciones, desventuras y fracasos  son inevitables en el diario caminar de cualquier ser humano. Si logramos una comunidad con miembros capaces de ser resilientes, estaremos logrando llegar a la educación integral, que tanto deseamos concretizar a través de nuestras planificaciones escolares.

También debemos tener en cuenta, según el portal PSICOGLOBAL, que existen factores que podemos propiciar para descubrir y desarrollar la resiliencia, tanto en el hogar como en la escuela. Influye mucho el vivir en un entorno con personas resilientes, para tener autocontrol emocional, tener un autoconcepto positivo, saber gestionar los conflictos de una forma adecuada, controlar los impulsos y ser personas positivas. Las personas resilientes son capaces de ubicar sus propios problemas, ser optimistas, y tener autocontrol emocional; que les facilitarán ver las situaciones adversas como oportunidades para aprender a ser personas más empáticas y saberse que son agentes de armonía y unidad. cf RESILIENCIA, QUÉ ES Y COMO DESARROLLARLA

Como educadores, -consideramos-, que nos debe interesar el prepararnos permanentemente con los avances de las Ciencias Sociales y la Piscología, para promover algunos de los factores del párrafo precedente, que nos encaminen para ayudar a nuestros hijos y estudiantes a lograr tener una mayor predisposición para valorar el lograr ser resilientes; ayudarlos a encontrar espacios de reflexión y diálogo; la aceptación de quiénes son y saber que a todos, hay algunas cosas que nos cuestan un poquito más. Como educadores necesitamos estar preparados para ayudar a nuestros niños y jóvenes a descubrir que solo desde la sinceridad ¡podremos afrontar cada situación de la mejor manera posible!, o aceptar ser tratados por especialistas. Pero eso no es todo... la verdadera importancia de la resiliencia radica en la transformación de lo vivido en algo nuevo, es decir en convertir cualquier cosa que nos pase en algo que nos ayude a crecer. Se trata de un cambio de mentalidad que nos permite aceptar que las dificultades de la vida son una oportunidad de crecimiento”. RESILIENCIA: CONSEJOS PARA CRIAR HIJOS RESILIENTES

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En más de una escuela, al retornar a la presencialidad, se están evidenciando “algunas conductas depresivas, de aislamiento, irritabilidad a flor de piel, perturbaciones del sueño, inestabilidad emocional, tendencias autodestructivas y expresiones agresivas que incluyen la poca tolerancia a las "molestias" de los compañeros de clase o inclusive reacciones violentas entre ellos” (cf León Trahtemberg, 11/06/2022), y que han elevado los casos de acoso escolar o “bullying. Nuestra tarea como padres de familia y profesores es prevenir y gestionar, con todas las herramientas que nos ofrecen las ciencias sociales y la psicología, una sana convivencia y un mejor rendimiento escolar, y la enseñanza del manejo de la resiliencia es un probado recurso.

Nuestra tarea educativa no se orienta en intentar el evitarles a nuestros niños y jóvenes situaciones difíciles, “sino de ofrecerles las herramientas para afrontar las adversidades con la actitud correcta”, y que ellos sepan escoger -luego de reflexionar y dialogar- con total libertad (según su edad) una opción que conlleva una muy personal responsabilidad. Lo decimos porque la experiencia y los estudios sobre la resiliencia, nos permiten afirmar que los niños y jóvenes fácilmente se adaptan a un proceso sano para adquirir una alta capacidad de ser resilientes, comienzan por saber que deben tomar decisiones que les permitan “desarrollar la confianza en ellos mismos” y saben ser comunicativos por medio de relaciones buenas, sólidas y sinceras con aquellos a los que pueden acudir en tiempos de crisis, y una buena educación ayuda a aprender a gestionar las emociones y tener autocontrol para mantener la calma aunque todo alrededor esté agitado. Los niños y jóvenes resilientes se sienten muy bien cuando agradecen, comparten con generosidad y logran adaptarse al cambio, desterrarán sin mucho sufrimiento o frustración el pesimismo y la negatividad ante el fracaso, que lo considerarán parte del proceso acierto – error, porque es una parte natural de su aprendizaje y lo aprovecharán como una oportunidad para ser mejores. Cf ¿CÓMO ENSEÑARLE A TUS HIJOS A AFRONTAR LAS ADVERSIDADES?

Recordemos que el ejemplo y la referencia de los educadores, en el desarrollo infantil y adolescente, es muy importante, se deseamos que superen con autonomía y responsabilidad las pruebas del mañana, en las cuales -muy probablemente- ya no estemos presentes. Ojalá que padres de familia y profesores reflexionemos y pongamos en práctica estas sugerencias y consejos, y nos tomemos la tarea de leer los enlaces. Según el educador norteamericano, miembro Distinguido de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, Dan Siegel (1957), afirma que el cultivo y desarrollo de la resiliencia en los niños y jóvenes, tiene como modelo de referencia la resiliencia de los padres y funciona como un patrón para que ellos “puedan identificar cómo enfrentar los desafíos, cómo comprender sus propias emociones”. PARA CRIAR HIJOS RESILIENTES, DEBES SER UN PADRE RESILIENTE

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“Los autores que han investigado la resiliencia defienden que la experiencia traumática puede generar tres tipos de cambio: en relación a uno mismo, en las relaciones interpersonales y en la propia espiritualidad y filosofía de vida. Y ser consciente de ello ayuda a aumentar la capacidad de sobreponerse a la adversidad. «Tendríamos que reflexionar en lo sucedido y en los cambios vividos y, desde ahí, descubrir los pensamientos y emociones que nos ayuden a crecer», [...] A veces, una persona puede descubrir sola; en otras ocasiones, necesitará la ayuda de su entorno o de un psicólogo para que dirija el camino hacia ese conocimiento personal”. RESILIENCIA, LA CAPACIDAD DE SUPERAR LAS ADVERSIDADES

Hoy que sabemos que la resiliencia es algo que se puede fomentar, mantener y desarrollar en los niños desde una edad muy temprana, para que sean capaces de enfrentarse a un mundo nuevo, inédito, sorpresivo, inimaginable, impredecible, ... que aún no tiene nombre; y que a pesar de los grandes avances tecnológicos y de información al alcance de todos, necesitan una educación que incluya la resiliencia que fortalece valores como la tolerancia, el respeto, la empatía, el afrontamiento, la flexibilidad y la actitud positiva. La enseñanza y práctica de la resiliencia, en la escuela, nos puede ayudar a prevenir y desterrar el acoso escolar, del bullying y el ciberacoso, fortalecimiento de valores, conocimientos académicos y afirmación de la autoestima. Y aún sabiendo que siempre van a aparecer factores perturbadores o los va a poner en situaciones hostiles, adversas, desafiantes, ... quien tiene esta habilidad, la encontrará cercana y siempre a mano.

El desarrollo de la resiliencia, como cualquier otra habilidad toma tiempo y ayuda, es por ello que, si deseamos brindar a los más jóvenes las herramientas adecuadas para enfrentar las adversidades, hagámoslo más temprano que tarde. Ojalá podamos programar sesiones psicológicas para toda nuestra comunidad educativa, que nos facilite el construir hábitos de inteligencia emocional, resiliencia y orientación vocacional y tener más claridad en nuestro actuar y sentir, como lo recomienda el educador Tyler Fish: “No se trata solo de ser duro, eso no es resiliencia. Se trata de hacer cosas que no estás seguro de poder hacer. Y con otras personas”, y del cual depende -en muchas oportunidades- un delicado equilibrio entre el éxito y el fracaso. Cf Cf EL SECRETO PARA CRIAR A UN NIÑO RESILIENTE. LA CAPACIDAD PARA RECUPERARSE ES MÁS IMPORTANTE AHORA QUE NUNCA; AQUÍ ESTÁ CÓMO IMPARTIRLO.

Una comunidad educativa con estudiantes, padres de familia, profesores, directivos, administrativos y personal de servicio resilientes, poseerá entre otros beneficios:

  • tener miembros que sufran menos trastornos del estado del ánimo o depresión;
  • se ayudarán unos a otros para hacer frente a todo tipo de situaciones perturbadoras;
  • gozarán todos de mejor salud física y mental;
  • vivirán más satisfechos de sus roles y responsabilidades;
  • se optimizarán los resultados académicos;
  • serán personas que no pierdan el tiempo en criticar, juzgar o culpar a los otros;
  • contagiarán una actitud positiva ante la vida y
  • estarán siempre dispuestos a descubrir y no temer nuevos itinerarios de aprendizaje. cit RESILIENCIA, QUÉ ES Y ...

Gaby Hostnik, especialista en Inteligencia Emocional, afirma que “a nuestro cerebro no le gusta la incertidumbre, porque estamos programados neurológicamente para evitar lo inesperado, y preferimos la seguridad a lo desconocido. Solemos creer que lo controlamos todo y sentimos que vivir con incertidumbre nos debilita”. Como educadores debemos ser expertos en ayudar a nuestros descubrir que la resiliencia no es “solo” una habilidad, sino una habilidad compuesta por mecanismos de defensa; y en la medida en que la hacemos parte de nuestros recursos de gestión emocional, seremos más creativos para cultivar una buena y real convivencia, primero en la familia, luego en la escuela y que nos servirá para toda la vida.

Como educadores, ¿Poseemos esta capacidad para enfrentar situaciones desequilibrantes de nuestra estabilidad emocional? ¿Enseñamos la importancia de conocer y poseer la resiliencia en la casa y en la escuela? ¿Qué tan valioso es tener la capacidad de resiliencia para los estudiantes en su proceso educativo? ¿Cuánto puede ayudar a prevenir el “bullying” o acoso escolar el manejo corporativo de capacidades de adaptarse a situaciones de agresión o burla? ¿Les parece una enseñanza fundamental y de mutuo acuerdo entre la familia y la escuela?

Ojalá que esta publicación se enriquezca con su experiencia y creatividad, a fin que los conocimientos impartidos en las sesiones académicas se vuelvan más interesantes con la enseñanza de saber regular las emociones propias, orientar el comportamiento libre, personal y responsable frente a las inevitables dificultades, errores y contrariedades que experimentamos en nuestro caminar, y ser capaces de recuperarse lo más pronto; recordando que “las personas resilientes no solo se recuperan, sino que también prosperan en los mejores momentos” (Kenneth Ginsburg); y que los padres de familia, profesores, estudiantes y personal de apoyo resilientes, aportan siempre muchos beneficios en la convivencia y en las buenas relaciones humanas.

“La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubieran permanecido dormidos.” (Horacio)

REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF



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