Nigeria vive una de sus semanas más violentas del año tras una serie de secuestros masivos que han golpeado escuelas e instituciones religiosas en el norte y centro del país. El episodio más grave ocurrió la madrugada del 21 de noviembre, cuando entre 60 milicianos armados irrumpieron en la escuela católica St. Mary, situada en la comunidad de Papiri, en el estado de Níger, y secuestraron a estudiantes y docentes mientras dormían.
Según la Asociación Cristiana de Nigeria (ACN), el ataque dejó 303 estudiantes y 12 profesores secuestrados, aunque otras estimaciones difundidas por la propia organización, tras una visita al lugar del presidente regional de la ACN, Bulus Dauwa Yohanna, hablan de 215 alumnos y estudiantes y 12 maestros raptados, lo que refleja la confusión inicial típica en este tipo de ataques. El centro escolar detalló que los atacantes actuaron entre la 1:00 y las 3:00 de la madrugada y que un guardia de seguridad fue asesinado.
Las autoridades locales confirmaron que unidades policiales especializadas y soldados fueron desplegados de inmediato para buscar a los secuestrados. Fuentes de la ONU indicaron que muchos de los estudiantes podrían haber sido trasladados hacia el bosque de Birnin Gwari, en el vecino estado de Kaduna, una zona utilizada habitualmente por grupos armados para ocultarse.
Reacción del gobierno y cierre de escuelas
Abubakar Usman, secretario del gobierno del estado de Níger, reconoció que el secuestro ocurrió pese a informes de inteligencia previos que alertaban de un aumento de amenazas en la región. Como medida preventiva, el gobierno federal ordenó el cierre de numerosas escuelas en los estados de Níger, Katsina y Plateau ante el temor de nuevos ataques.
El presidente Bola Tinubu, en respuesta a la emergencia, canceló su participación en la cumbre del G20 en Johannesburgo para supervisar la situación. Hasta ahora, ningún grupo ha reivindicado el ataque, pero el norte del país lleva casi dos décadas bajo el impacto de insurgencias yihadistas que, según la ONU, han causado 40.000 muertes y más de dos millones de desplazados.
Una semana marcada por secuestros y ataques en varias regiones
El secuestro en St. Mary no fue un hecho aislado. La semana ya estaba marcada por otros ataques:
- 17 de noviembre (Kebbi): 25 estudiantes fueron secuestradas de una escuela secundaria de mayoría musulmana. Una de ellas logró escapar.
- Ese mismo día (Zamfara): 64 personas fueron secuestradas de sus hogares, entre ellas mujeres y niñas.
- 18 de noviembre (Kwara): una iglesia de la localidad de Eruku fue atacada durante una misa, dejando dos muertos y 38 secuestrados.
- Ataque adicional reportado por DW: hombres armados mataron a dos personas en una iglesia del oeste del país y se cree que varias decenas de feligreses fueron raptados.
Esta cadena de secuestros se produce además en un contexto de tensiones diplomáticas entre Nigeria y Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump advirtiera sobre una posible intervención militar debido a supuestos ataques sistemáticos contra cristianos —una narrativa que el gobierno nigeriano rechaza.
Un patrón que se repite desde hace más de una década
Los recientes secuestros evocan episodios como el de Chibok en 2014, cuando casi 300 alumnas fueron raptadas por Boko Haram, convirtiendo los secuestros escolares en un símbolo del deterioro de la seguridad en el país. Grupos armados y organizaciones yihadistas continúan operando en el norte y centro de Nigeria, aprovechando la débil presencia estatal y la geografía forestal para ejecutar secuestros masivos destinados al cobro de rescates.
Nigeria, entre el miedo y la incertidumbre
Mientras continúan los operativos militares para localizar a los estudiantes y docentes de St. Mary, miles de familias en el país viven con angustia ante el avance de grupos armados que, semana tras semana, demuestran su capacidad para atacar escuelas, iglesias y comunidades enteras.
La situación ha encendido nuevamente el debate sobre la seguridad escolar, la protección de minorías religiosas y la urgente necesidad de fortalecer la respuesta del Estado frente a una violencia que sigue desgarrando al país más poblado de África.
Redacción | Web del Maestro CMF






