El colmo: más padres presionan y desacreditan a los docentes por las calificaciones. “Se ha llegado a insultar a docentes”

La presión por las notas ha desatado un clima de tensión inédita en los centros educativos. Cada vez más familias cuestionan, desautorizan y hasta denuncian a los docentes sin dialogar antes con ellos. El resultado: ansiedad, desgaste profesional y un deterioro profundo de la confianza en la escuela.

La presión por obtener buenas calificaciones en los cursos finales de Bachillerato ha intensificado los conflictos entre docentes y familias en los últimos años. Así lo constata el informe presentado por el Defensor del Profesor —un servicio de apoyo creado por el sindicato ANPE hace dos décadas—, que alerta de un incremento en los casos de desautorización, tensiones y episodios de ansiedad entre el profesorado.

El informe señala que “los docentes con mayor experiencia reportan más problemas con familias”, una tendencia que revela que ni la veteranía ni los años de práctica están logrando amortiguar las dificultades del aula contemporánea.

Casos que reflejan el clima actual

Uno de los episodios recogidos en el informe ocurrió en un curso de 2º de Bachillerato. Un alumno, disconforme con la calificación obtenida en un examen, insultó al profesor y cuestionó su profesionalidad. Luego exigió que el director revisara el examen, pese a que no era especialista en la materia. La situación derivó en una mediación entre el equipo directivo, la tutora, el docente y la madre del estudiante. Finalmente, el profesor terminó con un cuadro de ansiedad y tuvo que solicitar la baja médica.
“Se siente desautorizado”, explica Teresa Hernández, coordinadora del Defensor del Profesor.

Para Hernández, estos conflictos se concentran especialmente en cursos terminales, donde las notas tienen un peso determinante en el acceso a los grados universitarios de mayor demanda. La competencia creciente en toda España ha llevado a muchas familias a monitorear las calificaciones desde 1º de Bachillerato, pues la media final depende en un 60% de las notas de Bachillerato y en un 40% de la Selectividad.

El informe: menos casos que el año anterior, pero más que antes de la pandemia

Durante el curso 2024/2025, el Defensor del Profesor realizó 2.004 intervenciones, un 4,6% menos que el curso anterior, pero un 8% más que en 2022/2023. La mayoría de quienes solicitan ayuda son docentes de Secundaria con años de experiencia:

  • 29,4% tiene más de 15 años de trayectoria.
  • 22%, entre 10 y 15 años.
  • 27,7%, entre cinco y diez años.
  • Solo un 8,4% está en su primer año.

El informe subraya que los problemas tienden a aumentar con los años de profesión, lo que indica un desgaste acumulado.

Faltas de respeto, falsas acusaciones y dificultades para dar clase

Los incidentes más habituales reportados por los docentes son:

  • Faltas de respeto (30%)
  • Falsas acusaciones por parte de alumnos o familias (28,5%)
  • Problemas a la hora de impartir clase (17%)

Las consecuencias emocionales son significativas: el 71% de los profesores que acuden al servicio presenta ansiedad; el 17% ha tenido que solicitar la baja; y un 11% sufre depresión.

También han aumentado los conflictos directamente relacionados con estudiantes (del 41,3% al 42,6%) y con familias (del 33,9% al 34,4%).

Exigencia y desconfianza en el aula

Teresa Hernández señala que se han detectado “casos generalizados” en los que varios alumnos elaboran escritos de queja contra un profesor, alegando que no los prepara adecuadamente para la Selectividad o que es demasiado exigente.

Estas situaciones activan mecanismos de supervisión de la Inspección Educativa, que revisa la práctica docente, los instrumentos de evaluación e incluso la relación entre los contenidos impartidos y los resultados de las pruebas de acceso a la universidad.

El papel de las familias: entre la preocupación y la sobreprotección

En ANPE reconocen estar “preocupados” por la tensión creciente que genera la lucha por las notas. En algunos casos, la presión proviene de los alumnos; en otros, de los padres, que llegan a presentar denuncias antes de hablar con el docente.

Para Hernández, este fenómeno está relacionado con una baja tolerancia a la frustración:
“No es normal que los adolescentes, cuando suspenden, se pongan a llorar. Algo no estamos haciendo bien. No les educamos en la frustración”, reflexiona.

Redacción | Web del Maestro CMF


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