León Trahtemberg: Estudiantes son ovejas excelentes, con mentes dormidas

Educar no es criar ovejas obedientes, sino despertar mentes libres, curiosas y críticas capaces de pensar, sentir y transformar el mundo.

León Trahtemberg. Las universidades más prestigiosas del mundo —Harvard, Yale, Princeton, Stanford y Columbia— están produciendo generaciones de jóvenes brillantes, obedientes y sin rumbo. Así lo denuncia William Deresiewicz en su libro Excellent Sheep, una radiografía incómoda de cómo el sistema educativo de élite ha convertido el aprendizaje en una carrera de obstáculos para obtener prestigio, no sabiduría.

Deresiewicz fue testigo de cómo sus estudiantes, pese a ser los “mejores”, carecían de propósito y autonomía. Hacían todo “bien”: sacaban notas perfectas, acumulaban premios, ingresaban a las universidades top. Pero detrás del éxito se escondía el vacío de no saber quiénes eran ni qué querían aportar al mundo.

Los llama “ovejas excelentes”: jóvenes que han aprendido a complacer y no a pensar. El miedo al fracaso y la necesidad de aprobación sustituyen la curiosidad y la búsqueda interior. Las universidades, por su parte, se han vuelto fábricas de currículos impecables que alimentan el mercado, pero no la conciencia.

El autor propone recuperar una educación humanista, que ayude a los jóvenes a conocerse, a cultivar su autonomía, empatía y pensamiento crítico. No se trata de formar ejecutivos exitosos, sino personas capaces de mirar el mundo con preguntas propias y no prestadas.

Esta crítica no se limita a Estados Unidos. También interpela a nuestras escuelas y universidades latinoamericanas, cada vez más obsesionadas con rankings, estándares y resultados medibles, bajo la promesa de que eso augura el éxito en la vida. Quizá el mayor éxito educativo sea formar seres humanos despiertos, capaces de preguntarse no solo qué hacer con su vida, sino para qué vivirla.


Al leer lo que escribe León Trahtemberg, uno no puede evitar sentirse interpelado. Su mensaje toca una fibra muy profunda: la idea de que estamos educando para cumplir, no para pensar. Y eso duele. Duele porque, en el fondo, todos hemos visto ese tipo de educación. La que premia al alumno que memoriza, al que no se sale del guion, al que obedece sin cuestionar. La que mide el éxito con cifras, títulos y diplomas, pero olvida mirar el brillo —o el cansancio— en los ojos de quien aprende.

Trahtemberg toma las palabras de Deresiewicz y las trae a nuestro contexto. Y tiene razón: esto también está pasando aquí, en nuestras aulas. A veces creemos que formar a un “buen estudiante” es enseñarle a no fallar, cuando en realidad educar debería ser enseñar a pensar, a dudar, a perderse un poco para encontrarse. Pero el sistema empuja en otra dirección: exige resultados, informes, rúbricas, logros, metas… y, en ese apuro, la esencia humana del aprendizaje se va apagando.

Lo que más me resuena es cuando él habla del vacío que se esconde detrás del éxito. Cuántos jóvenes —y adultos también— viven persiguiendo la aprobación, acumulando certificados que no saben para qué les sirven. Son “ovejas excelentes”, como dice el título, pero con las mentes dormidas. Y es que el miedo al fracaso puede ser un gran paralizador: mata la curiosidad, anula el asombro, y nos deja atrapados en una carrera donde todos corren, pero pocos saben hacia dónde.

León Trahtemberg no solo está criticando el sistema educativo, sino invitándonos a despertar. A replantearnos si realmente queremos seguir criando generaciones que sepan obedecer o si nos atrevemos a formar personas que piensen, que cuestionen, que se sientan responsables del mundo. Quizá el éxito no esté en ser los mejores del curso, sino en ser capaces de preguntarnos con honestidad quiénes somos y qué sentido tiene lo que hacemos.

Su texto no busca culpar; busca hacernos pensar. Nos recuerda que la educación debería ser un camino hacia la libertad interior, no una competencia por el reconocimiento externo. Y ahí está lo más poderoso de su mensaje: no hay aprendizaje verdadero sin conciencia. Porque solo cuando una mente despierta, el conocimiento deja de ser información y se convierte en sabiduría.

Redacción | Web del Maestro CMF


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