Durante años, muchos docentes han cargado con una culpa silenciosa: la idea de que si los estudiantes no aprenden, es porque el maestro falló. Sin embargo, el Dr. Hernán Aldana, biólogo, doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires y especialista en neurociencias aplicadas a la educación, ofrece una mirada distinta. Profesor universitario, investigador y divulgador apasionado, Aldana se ha dedicado a explicar cómo aprende el cerebro y por qué enseñar requiere poner el cuerpo, la emoción y la mente en sintonía. En una de sus conferencias más recordadas, plantea una pregunta provocadora: ¿realmente los maestros somos los responsables de que los alumnos no quieran aprender?
Un aula del siglo XVIII en el siglo XXI
Aldana inicia con una reflexión incómoda pero necesaria: seguimos enseñando en aulas del siglo XVIII, con timbres, filas de pupitres y horarios rígidos diseñados para formar obreros o soldados, no pensadores creativos. Este modelo, heredado del sistema prusiano, no responde a las necesidades de los niños de hoy. Por eso —explica— no es raro que los estudiantes lleguen a clase contando los minutos para irse. El problema no es la falta de ganas de aprender, sino un entorno que mata la curiosidad.
El cuerpo: el gran olvidado del aprendizaje
Desde la biología y la neurociencia, Aldana recuerda algo esencial: el cuerpo apareció antes que el cerebro, y este se desarrolló para mejorar la interacción con el entorno. En otras palabras, se aprende con el cuerpo, no solo con la mente.
Los estudios con resonancia magnética funcional demuestran que las áreas cerebrales que controlan el movimiento son las mismas que participan en los procesos cognitivos. “Pensar y moverse son lo mismo para el cerebro”, afirma Aldana. Por eso insiste: “No se aprende sentado y escuchando, se aprende haciendo.”
El aula debe recuperar el movimiento, la participación, el juego y la experimentación. Un alumno que levanta la mano, canta, debate o se emociona activa su cerebro de un modo que la pasividad nunca logrará.
Emoción y aprendizaje: una danza inseparable
Las emociones, lejos de ser un adorno, son el motor del aprendizaje. Cuando en el aula hay buen clima, confianza y empatía, el cerebro del estudiante se abre a nuevas experiencias. Pero cuando hay miedo, vergüenza o humillación, el cuerpo se cierra, literalmente. “La emoción negativa inhibe la cognición”, explica Aldana.
De ahí que los docentes tengamos una tarea enorme: crear aulas emocionalmente seguras, donde equivocarse no sea un castigo, sino una oportunidad para crecer.
Aprender con cuerpo y alma
Aldana propone que el docente “ponga el cuerpo” en su enseñanza, que se mueva, exprese, dramatice, contagie energía y emoción. Enseñar no es repetir conceptos, sino encarnar el conocimiento. Como dice el propio investigador: “Un buen docente tiene que meterse en el conocimiento con el cuerpo. Si quieren triunfar en el aula, tienen que ser conocimiento.”
¿Y entonces, somos culpables?
El propio Aldana cita una investigación internacional de John Hattie, quien analizó más de un millón y medio de estudiantes para determinar qué variables influyen en el aprendizaje. Los resultados son claros:
- El 50 % depende del propio alumno (motivación, entorno, intereses, alimentación, relaciones).
- El 25 % depende del docente.
- El resto, del contexto familiar, social y educativo.
Los maestros, entonces, no somos los únicos responsables, pero sí tenemos un poder enorme: el de despertar la chispa del aprendizaje. Aldana lo resume así: “Claro que hay malos docentes, pero los que están aquí, los que se forman, los que buscan mejorar, no lo son.”
La profesión más bella del mundo
El mensaje final es un homenaje a la docencia: todos los profesionales —políticos, médicos, músicos, escritores— pasaron por las manos de un maestro. Educar es dejar alma, cuerpo y corazón en los demás.
Por eso, aunque no siempre podamos cambiar las condiciones del sistema, sí podemos cambiar la manera en que habitamos el aula. Y ahí está la respuesta: no somos culpables, somos el motor silencioso de cada historia de aprendizaje.
Redacción | Web del Maestro CMF






